GHM
Glory hole (argot sexual)
Glory hole en el tabique de un retrete.
Un glory hole (o agujero glorioso) es un agujero en una pared o tabique, usualmente visto en los retretes de baños públicos o en videocabinas, que pueden ser utilizados para observar o mantener relaciones sexuales con la persona que se encuentre al otro lado del tabique. El término Glory Hole se emplea también para referirse a los agujeros existentes en una muñeca hinchable o algún juguete sexual parecido, pero el primer uso es más conocido.
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Julie
Esa noche Julie salió más tarde de la universidad de lo que acostumbraba, pues tenía que preparar un trabajo junto a unas compañeras y habían quedado después de las clases en la cafetería para mirarlo. Se encaminó con paso presto hacía el parking donde solía aparcar su destartalado coche, cuando llegó a la puerta del mismo se permitió soltar un suspiro de alivio, pues todo estaba tan oscuro a esas horas que daba miedo.
Se entretuvo unos instantes buscando las llaves en su bolso y con una sonrisa de triunfo cuando las encontró se dispuso a abrir el mismo. No le había dado tiempo a meter la llave en la cerradura, cuando un fuerte brazo la rodeó y presionando un pañuelo impregnado en alguna sustancia sobre su boca, hizo que cayera inconsciente. El desconocido la cogió entre sus brazos y se dirigió hasta un ostentoso coche negro que le esperaba cubierto por las sombras del aparcamiento. Con cuidado, la depositó sobre el asiento trasero del vehículo y se sentó en el lado del copiloto, haciendo una señal con la cabeza al conductor, indicándole que ya podían ponerse en camino. Durante largas horas estuvieron en la carretera, con Julie inconsciente debido a la fuerte sustancia que le habían suministrado. En ese tiempo, conductor y copiloto no se dirigieron palabra, estando ambos ansiosos por llegar a su destino.
Al fin llegaron a las puertas de una enorme finca, rodeada por altos muros de piedra. El conductor acercó despacio el coche hasta la garita del vigilante de seguridad, encargado de velar por que no entraran intrusos en la finca. Bajó la ventanilla y cuando el vigilante se acercó, le mostró sus credenciales lo que automáticamente les permitió la entrada. Avanzaron lentamente por un camino de grava hasta llegar a la entrada de la construcción, una antigua casa señorial totalmente restaurada. El vigilante debía haber hecho bien su trabajo, pues antes de que pudieran bajarse del coche para avisar de su llegada, dos hombres se acercaron al mismo y sacaron a Julie sin dirigirles palabra. Sin más, volvieron a arrancar el coche y retornando por el camino de grava salieron de la finca dispuestos a volver lo más pronto posible con una nueva cautiva.
Sus nuevos custodios la llevaron hasta un dormitorio ricamente adornado y la depositaron suavemente sobre la cama que había en su centro. Salieron de la habitación para dar paso a dos sirvientas, que se encargaron de desnudarla y la metieron entre las mantas.
Horas después Julie despertó totalmente desorientada, sin saber donde se encontraba y deslumbrada por los fuertes rayos de sol que se colaban entre las cortinas. Sin saber muy bien que hacer corrió hacía la puerta e intentó abrirla, pero para su consternación se encontraba cerrada; entonces su atención se dirigió hacia las ventanas, pero al descorrer las cortinas descubrió que estaban enrejadas. Sin más ideas para poder salir de allí, se sentó en la cama en espera de que alguien apareciera para darle cuenta de su destino.
Minutos después escuchó como unas llaves repiqueteaban al abrir la cerradura y apareció una de las sirvientas que anteriormente la desnudara. Con un marcado acento extranjero la comunicó que la acompañaría al baño para que se aseara. Todas las preguntas que le hizo Julie cayeron en saco roto, pues la sirvienta no volvió a pronunciar palabra. Agarrándola de una de sus manos y tirando de ella la llevó por largos pasillos hasta llegar a unas grandes puertas dobles, las cuales abrió y con un suave empujón introdujo a la chica en la sala. Antes de que esta tuviera tiempo de volverse, las puertas se cerraron desapareciendo la sirvienta tras ellas. En el baño, si es que podía llamársele así, pues constaba de una enorme piscina en su centro, la esperaba la otra sirvienta que la había desvestido antes y con una amplia sonrisa la indicó la piscina para que se sumergiera en ella. Julie comenzó a asediarla a preguntas, pero pronto se dio cuenta de que a diferencia de la anterior, esta ni siquiera entendía su idioma, así que desanimada se sumió en el silencio.
Entró en la gran piscina y siguiendo las indicaciones de la criada se sentó en uno de los bordes. La sirvienta se acercó con una cesta llena de enseres para el aseo y sin dejar de sonreír comenzó a enjabonarla utilizando sus manos para tal fin, sin percatarse de lo violenta que se sentía Julie cuando rozaba sus pechos o se internaba en su entrepierna. Una vez enjabonada y aclarada, la acompañó hasta una camilla dispuesta en una de las esquinas de la sala, donde por medio de signos la comunicó que se tumbara boca arriba. La joven así lo hizo, sabiendo de antemano que era inútil discutir, pero cuando vio con lo que se acercaba la sirvienta intentó huir. Esta, queriendo tranquilizarla, hacía gestos con las manos indicándola la camilla. Julie, sin ver escapatoria posible, volvió pesarosa a la camilla intentando no pensar en lo que vendría a continuación. La sirvienta la acarició suavemente la mejilla y sonriendo de nuevo se dispuso a hacer su trabajo. Extendió una fina capa de cera caliente por el pubis de la chica y antes de que esta pudiera reaccionar, de un tirón eliminó todo el vello de la zona. Así continuó hasta que su vagina quedó tan suave como la de un bebe, aunque en este caso también un poco enrojecida. Con un gesto la indicó que se pusiera a cuatro patas sobre la camilla, y en esa postura, eliminó de la misma manera los fino vellos que rodeaban su ano. Sin permitir que se moviera, untó sus manos con alguna clase de aceite y procedió a extenderlo por toda la zona previamente depilada, lo que calmó la irritada piel de la chica.
Una vez aseada, la condujo a una nueva sala, provista de un biombo y una camilla con estribos para las piernas como las de los ginecólogos. De nuevo, con gestos, la criada indicó a Julie que se dispusiera sobre ella. Obediente, hizo caso a la criada, tumbándose en la camilla y colocando sus piernas en los estribos, quedando totalmente expuesta a quien se situara frente a ella. La sirvienta la tapó con una fina sabana y abandonó la habitación. Instantes más tarde, apareció una nueva persona en la sala, una mujer de unos 35-40 años, ataviada con una bata blanca y un fonendoscopio en el cuello. Se presentó como la Dra. Sánchez y explicó a Julie que procedería a realizarle una revisión general para confirmar que estaba en perfecto estado de salud. Retiró la sabana que cubría la desnudez de su cuerpo y comenzó a examinarla. Sacó un pequeño palo de madera del bolsillo superior de su bata e indicando a Julie que abriera la boca, procedió a examinar su dentadura y su garganta, presionando con la madera su lengua hacia abajo para tener mejor perspectiva. Cuando terminó, apuntó unas notas en una libreta que llevaba y siguió con la siguiente parte de su exploración. Comenzó con suspechos, palpándolos con sus fríos dedos y pellizcando suavemente sus pezones en busca de la reacción que estos pudieran tener; luego bajo hasta su abdomen, donde volvió a palpar toda la extensión de su piel con los dedos. Continuó bajando hasta llegar a su recién depilado coño, con los dedos de una mano procedió a separar los labios de la muchacha, dejando a la vista su rosada entrada. Poco a poco empezó a introducir uno de sus dedos, palpando todo su interior, hasta que encontró la prueba de su virginidad, momento en el que procedió a sacar su falange. De nuevo, apuntó algo más en la libreta que llevaba. Ayudó a Julie a sacar las piernas de los estribos y la indicó que se pusiera a cuatro patas sobre la camilla. Una vez en esa posición, con una mano separó las nalgas de la muchacha, dejando su entrada posterior a la vista. Hurgó en ella un poco con uno de sus dedos y al ver la resistencia que ofrecía su esfínter a la entrada de algún intruso, lo lubricó con un poco de vaselina.Gracias a la acción de la vaselina, su dedo entró sin dificultad por el recto de la chica y durante unos minutos estuvo palpando su interior. Sacó su dedo y lo sustituyó por un termómetro, que utilizó para medir su temperatura. Mientras el termómetro cumplía con su cometido, tomó nuevas notas en la libreta. Cuando el termómetro pitó, lo sacó de su interior y anotó el resultado en sus notas. La doctora ayudó a Julie a sentarse en la camilla y procedió a comprobar sus reflejos dando pequeños golpes en sus rodillas, también la sacó sangre. Una vez completado el examen médico, la primera criada apareció en la sala para escoltarla hasta su dormitorio.
Cuando llegaron, la criada se quedó fuera mientras ella entraba en sus aposentos y sin darla tiempo a girarse si quiera, la puerta se cerró tras ella y escuchó el sonido de las llaves al girarse en la cerradura. De nuevo encerrada y sin nada que hacer, se acostó en la cama y se tapó con las mantas, dispuesta a descansar hasta saber que sería lo que la depararía el futuro. Horas más tarde el sonido de la cerradura al abrirse la despertó, entraron dos hombres en la habitación y acercándose a ella la sacaron arrastras de la cama y la condujeron a un coche que les estaba esperando frente a la puerta del edificio. El trayecto fue más corto que la vez anterior, cuando llegaron a su destino Julie pudo ver que se encontraban en un puerto frente a un lujoso yate, pero antes de que pudiera reaccionar inyectaron algo en su brazo y quedo inconsciente.