Una noche más
Como acostumbrábamos quedamos de nuevo en su casa para cenar y relajarnos de cara al fin de semana. Mientras el horno se calentaba, nos tumbamos en el sofá y comenzamos a besarnos. Cada vez nuestras caricias se iban tornando más atrevidas, pronto sus manos estaban dentro de mi camiseta, desabrochándome el sujetador y liberando mis pechos, que sin tardar un instante comenzó a estrujar con sus dedos. Mis manos se peleaban con su pantalón, luchando con su cinturón para desabrocharlo y liberar a la bestia que cubrían; por fin lo conseguí y mis dedos pudieron rodear el falo de carne que tanto placer me había dado en incontables ocasiones.
Antes de que pudiéramos proseguir con nuestros avances, el horno sonó, avisándonos de que la cena ya estaba lista y con una mirada de pesar, decidimos dejar nuestros juegos para el postre. Cenamos lo más rápido que pudimos, sin parar a vestirnos, yo con los pechos al descubierto y él con la polla asomando por el pantalón abierto. Cuando acabamos, de nuevo nos tumbamos en el sofá, no aguantando más la pasión que nos consumía. Esta vez su boca se hizo dueña de uno de mis pezones, mientras sus manos bajaban mis ajustados pantalones a la vez que el minúsculo tanga que llevaba. Colocó un cojín bajo mi trasero y separando mis piernas con sus manos, su boca dejó mis pezones para internarse en mi ya húmedo coño. Comenzó acariciándolo entero con su lengua, paseándola por cada uno de mis pliegues, hasta que encontró el centro de mi placer y aprisionó mi clítoris con sus labios. A la vez comenzó a penetrarme con unos de sus dedos, haciendo que se me escaparan gemidos de placer que iban aumentado de volumen con cada penetración. Entre la acción de su saliva y los jugos que se escapaban de mi interior, mi trasero empezaba a estar muy lubricado y apenas presentó resistencia cuando cambio sus dedos de agujero. Comenzó presionando poco a poco con uno de ellos, hasta que se abrió paso por mi entrada posterior, pronto le siguió un segundo dedo y empezó un mete-saca tan rápido que hizo que llegara al orgasmo en unos segundos. Sus labios seguían succionando mi clítoris, haciendo que me recorrieran oleadas de placer por todo el cuerpo. Siguió chupándome y follándome con sus dedos hasta que le regalé un nuevo orgasmo.
Entonces se separó de mi y se sentó en el sofá, indicándome que me sentara sobre él. Encantada yo así lo hice, sin poder evitar estremecerme de placer cuando su polla me llenó por completo. Me agarró de las nalgas y, separándolas y apretándolas, empezó a marcar el ritmo de la penetración, elevando mi cuerpo hasta que su polla salía completamente de mi coño, para luego bajar y que entrara totalmente de nuevo. Nuestros movimientos cada vez eran más rápidos, nuestros gemidos se mezclaban, solo quedando amortiguados cuando entrelazábamos nuestras lenguas o cuando le mordía en el cuello o él atrapaba uno de mis pezones con la boca.
Cansados ya de esa postura, me puse de cara a la pared, apoyando mi pecho en el respaldo del sofá, ofreciéndole mi trasero al separar totalmente las piernas. Sin dudarlo, se colocó detrás de mi y penetró de nuevo mi coño, agarrándome de las caderas para hacer más profunda la penetración. Llevó sus dedos a mi boca y metiéndolos hizo que los ensalivara bien para después meterlos por mi culito. Cuando mi recto ya no presentaba resistencia a la introducción de sus dedos, cambió su polla de agujero, colocando la cabeza en mi culo y empujando. Sin apenas resistencia, pronto me tuvo totalmente empalada y comenzó un movimiento tan rápido que no pude evitar tener un nuevo orgasmo. Siguió sodomizándome hasta que él mismo estuvo a punto de correrse, pero queriendo retrasar ese momento lo más posible, cambiamos de postura, acostándome boca arriba en el sofá. Colocó de nuevo un cojín bajo mis nalgas y tumbándose sobre mi, lleno mi coño con su polla. Durante unos minutos estuvo así, follándome sin parar mientras mis uñas se clavaban en su espalda. Sin previo aviso, volvió a cambiar de agujero, y esta vez si, de un solo golpe entró en mi culito que ya comenzaba a cerrarse de nuevo. Segundos más tarde se corrió, inundando mi trasero con su semen.
Las pruebas de Amina – 1 – Primera Prueba (II)
Continuación de http://comienzosdetierravacia.wordpress.com/2011/10/03/las-pruebas-de-amina-1-primera-prueba/
Cuando el hombre que le había robado la virginidad se separó a Amina, esta suspiró con alivio, pensando que su captor ya estaría satisfecho y la dejaría ir, pero por desgracia estaba equivocada.
Aún con el semen deslizándose de su interior, el hombre comenzó a acariciar de nuevo los pechos de la chica, regodeándose en sus cada vez más endurecidos pezones. Cuando estos ya estaban en toda su plenitud, empezó a pellizcarlos, cogiéndolos entre dos dedos y retorciéndolos, haciendo que Amina sollozara de dolor. No contento con eso, colocó en sus ya maltrechos pechos sendas pinzas unidas con una cadena que ató a su vez a un gancho por encima de sus manos. En esa postura poco podía moverse sin provocar que la cadena se tensara aún más, provocando nuevas oleadas de dolor. En esa nueva situación el hombre dejo los pechos de Amina para concentrarse en su hasta hace poco virginal vagina. Con un gesto separó las piernas que Amina había cerrado tan pronto como le había sido posible y comenzó a penetrarla de nuevo. Poco tardó en inundar sus entrañas con su simiente, dejando a la chica semiinconsciente debido al dolor producido por las pinzas que aún la aprisionaban y que no había podido evitar que se clavaran aún más en su piel durante el vaivén de la penetración. Aprovechando el actual estado de indefensión de la chica, él desató sus brazos y soltó las pinzas que aprisionaban sus pezones. La tapó con una fina colcha y depositó sobre esta, una nota que contenía sus siguientes instrucciones.
Cuando Amina despertó, se destapó, se quitó el antifaz que nublaba su vista y procedió a examinar el estado en el que había quedado su cuerpo después de pagar su primer tributo. Sus pechos estaban enrojecidos y sus pezones arañados e hinchados debido a las pinzas, el más leve roce sobre ellos hacía que se estremeciera de dolor. El panorama que vislumbró al examinar su entrepierna era igual de desolador: estaba hinchada y enrojecida, y bajo ella se había formado un charco formado por sus fluidos, su sangre y el semen del hombre que la había penetrado. Con cuidado, se sentó en el colchón en el que la habían depositado, posando sus pies desnudos sobre el frío suelo de la estancia. En ese momento aprovechó para observar la sala en la que se encontraba. No había puertas ni ventanas a la vista; en un extremo de la habitación había un ornamentado reclinatorio frente a una cruz clavada en la pared; en el otro una bañera llena de agua que emanaba vapor, prueba de que estaba caliente y frente a la cama un gran baúl de madera que portaba un gran candado.
Se levantó con paso vacilante y comenzó a recorrer la sala, poniendo especial cuidado al observar las paredes que la rodeaban, esperando encontrar una puerta oculta que la permitiera escapar de su prisión. No tuvo éxito en su tarea, por lo que desanimada decidió que lo mejor sería aprovechar el agua de la bañera que aún permanecía caliente para quitarse los restos que había dejado su captor en ella. Se sumergió en el líquido elemento y por unos instantes se relajó, olvidando los dolorosos recuerdos de la penetración a la que había sido sometida. Sin pensar si quiera en ello, sus manos comenzaron a recorrer su cuerpo, deslizándose por él tal y como había hecho las manos de sus captores. Masajeó sus pechos suavemente, con cuidado de no rozar sus heridos pezones y después continuó sus caricias por su vientre bajando hasta su vagina; recordando los breves momentos de placer que sintió cuando su captor hizo lo mismo, buscó su clítoris y presionándolo gradualmente se dejó llevar por el placer que recorría su cuerpo. Por primera vez sintió un orgasmo, asustada y maravillada a la vez sonrió a la vacía habitación, felicitándose por haber encontrado esa fuente de placer en su propio cuerpo.
El agua comenzaba a enfriarse por lo que procedió a salir de la bañera, pero se encontró con que no tenía toallas con las que secarse, así que rápidamente fue hasta el colchón decidida a secarse con la colcha con la que la habían tapado anteriormente. Al levantarla y envolverse en ella cual túnica romana, una hoja de papel se deslizó hasta el suelo, quedando a sus pies. Amina se agachó presurosa a cogerla, intrigada por su contenido.
Ya has pagado tu tributo,
es hora de que demuestres tu valía.
Tu primera prueba consiste en
que salgas de esta habitación.
Para ello, te daremos una sola pista:
Abre el baúl, gracias a él
encontrarás la salida.
En el baño
La noche antes de que saliera nuestro avión quedamos en su casa para ir juntos al aeropuerto. Cuando llegué, él todavía no había preparado su maleta, así que nos pusimos a ello.
También se tenía que duchar, así que mientras lo hacía yo me salí a fumar un cigarro a la terraza. Cuando acabé fui a su habitación para esperarle allí pero cuando me oyó caminar por el pasillo me llamó para que entrara en el baño. Entré y me pidió que le enjabonara la espalda y así lo hice, él mirando hacía la pared y yo detrás suya con gel en las manos. Empecé a enjabonarle los hombros y poco a poco fui bajando hasta sus caderas, momento que él aprovechó para agarrarme las manos y llevarlas hasta su polla que ya empezaba a endurecerse. Se dio la vuelta y comenzó a besarme mientras yo seguía acariciando su miembro ya totalmente endurecido. Entre unas cosas y otras me estaba empapando la ropa, me separé unos momentos para poder desnudarme y unirme a él en la bañera sin preocuparme por mojar mi ropa.
Según entré en la bañera me empotró contra la pared y comenzó a tocarme entera, empezando por los pechos y bajando hasta entre las piernas, hundiendo sus dedos cada vez más en mi interior. Me tenía de cara a la pared, con mis pechos aplastados contra ella y mi vientre un poco separado para permitirle el acceso tanto a mi coño como a mi trasero. En esa postura me penetró, comenzando por delante para luego pasar a mi culito que hasta ese momento permanecía cerrado. Decidió que no se quería correr en mi interior, así que agarrandome del pelo hizo que me arrodillara delante suya y en esa postura comenzó a follarme la boca, provocandome arcadas. Cuando estaba a punto de acabar me hizo levantar y apoyar las manos en la pared de espaldas a él, mostrandole mi culo en pompa para así correrse sobre mis nalgas.