Conversación con Marcos – Segunda parte
- ¿Qué me dices?, ¿estás preparada para escuchar mi proposición?
- Dispara –volvà la mirada hacia él, que seguidamente sonrió.
- Este último año me he movido por unos ambientes algo singulares, Abril, digamos que… ¿poco corrientes? He tratado con personajes que ni te puedes llegar a imaginar; muchos de ellos conocidos polÃticos, célebres de la televisión, algún  que otro intelectual… la mayorÃa con la vida organizada, familia… pero todos ellos con un interés en común: el sexo en todo su esplendor.
- ¿Me estás hablando de las famosas partouzes?
-Â En cierto modo sÃ, pero no exactamente.
- ¿Prostitución de lujo?, ¿sado clandestino?
- ¿Te acuerdas de Brigitte?, ¿aquella novia de Montpellier?
- ¿La escultora?
- La misma. Pues bien, hemos vuelto a tener contacto, a través de ella he entrado en esta asociación.
- ¿Asociación? Me estás acojonando, Marcos.
- No hacemos nada más que exponer nuestras fantasÃas sexuales llevándolas a cabo si éstas son posibles. Nos reunimos una vez al mes, generalmente en España, y ponemos sobre la mesa las de cada socio del club. Normalmente estamos de acuerdo, siempre hay el tÃpico pasado de rosca que solicita cosas ilegales, ya sabes… pero lo llevamos bastante bien.
- ¿Y en dichas reuniones acude gente famosa? No me lo creo.
- Ésos no vienen en persona a las convocatorias, acuden sus representantes, o nos ponemos en contacto vÃa mail.
- ¿Y has practicado alguno de esos juegos con algún conocido?
- Sólo lo intuyo, pero jamás podré saberlo del cierto.
- ¿Con quién? Dime alguno.
- Niña… no seas tan cotilla.
- Joder, Marcos… sólo uno, o una. Vengaaa.
-Â No, no puedo decir nada.
- Me estás vacilando entonces, no te creo.
-Â He firmado un documento de privacidad en el que me comprometo a guardar silencio. No puedo decir ni mu.
 - Bueno, de éstos los firmo yo todos los dÃas en las reuniones ejecutivas, y la mayorÃa son cuatro párrafos mal escritos que no tienen nada de validez legal. Ya me los conozco.
- También es moral, Abril. Es moral.
- Huy, que te han comido el coco. ¿No estarás metido en una secta bajo un apetecible maquillaje a lo Eyes Wide Shut?
-Â A veces resultas verdaderamente odiosa.
- Lo sé.
-Â Y cotilla.
- No, eso sabes que no, pero como comprenderás, si me quieres hacer partÃcipe de un jueguecito de este género, lo más lógico es que sepa dónde y con quién voy a jugar, ¿no crees?
- Te lo estaba tratando de explicar, pero parece que lo único que te interesa es saber quién está metido en esto.
- Sólo era curiosidad, Marcos, dejémoslo.
- Nos enmascaramos. Eso es todo. Escondemos nuestros rostros al practicar sexo. Sólo nos conocemos en persona un grupo muy reducido, que somos los que acudimos a las reuniones, y aún asÃ, cada vez utilizamos más los sistemas tecnológicos para evitar hacerlo en persona; le quita gran parte del componente morboso.
-Â Bendito Kubrick.
- SÃ, bendito Kubrick, ya veo que hoy sólo te apetece burlarte del asunto.
- Un momento… ¿hablas en serio?
- ¿En serio qué?
- ¿Vais todos completamente enmascarados?
-Â SÃ, son las normas.
-Â SÃ quiero.
- ¿Casarte conmigo?
- Quiero participar en una de éstas.
Marcos cogió aire, emitió un profundo suspiro, y alzó la mirada buscando un camarero.
- Disculpe, ¿nos podrÃa traer otros dos cafés?
-Â Ahora mismo, caballero.
- Abril, no se trata de orgÃas convencionales en las que básicamente follan unos con otros, solemos poner en práctica fantasÃas que van más allá de las mÃticas partouzes que ya conoces.
-Â SÃ quiero.
- En la siguiente que estamos organizando es primordial la práctica de relaciones homosexuales entre las mujeres que participen, nada de bisexuales soft y sucedáneos cutres. Contigo sé que no hay problema, hasta ahà todo bien. Pero también es imprescindible que conozcas el importante grado de sumisión al que te vas a tener que someter –esta última frase me excitó bruscamente.
- ¿Sumisión? –pregunté.
- SÃ, los hombres participantes serán los conductores del juego hasta que éste llegue a su fin, siendo ellos los que, en todo momento, den las órdenes a las féminas de la sala –me imaginé en la escena, rodeada de hombres sin rostro deseando follarme por todos lados.
- ¿De cuántas personas estamos hablando? –dije.
- En los juegos en que dominamos nosotros, suelen ser dos mujeres por cada hombre, si cuentas que cómo máximo hay diez hombres… pues haz números. -Marcos encendió un cigarrillo.
- ¿Treinta personas?
- Fornicando como bestias, ajá.
Mi mente empezó a proyectar pequeñas imágenes entrelazadas, imágenes que se engrandecÃan a medida que agudizaba más la imaginación. Eran de tonos ocres, olores especiados y de sabor indefinible.
- Estoy convencido de que estás completamente húmeda –Marcos inclinó su cuerpo hacia el mÃo hasta que el borde de la mesa le impidió acercarse más.
- Dame un cigarro, anda –dije acalorada.
- Me encantarÃa meterte la mano dentro las bragas y masturbarte ahora mismo por debajo de la mesa –me encendió un cigarro y lo colocó en mis labios.
- Hazlo si tienes valor –dije.
-Â No me provoques.
- Estamos un lugar público, tú mismo.
- Pero… todo deseo estancado es un veneno -nos reÃmos.
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La magnÃfica melodÃa que de repente salió de los altavoces del local, interpretada por Miles Davis, nos invitó a pedir otros dos cafés.
Y, como dos niños, ilusionados y a punto de hacer una travesura, continuamos conversando hasta que cerraron la cafeterÃa.
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Continuará, por supuesto que continuará…
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