De Madrid al cielo…

Me acaba de llegar un correo electrónico de una amiga madrileña que veo siempre que asomo por la capital española.

Ruth es una maravillosa persona que conozco hace apenas dos años, pero desde el principio surgió una relación muy buena, no nos parecemos en prácticamente nada, pero quizá esto hace que nos complementemos tan bien.

El mail es una invitación a una fiesta de aniversario que se celebra dentro de tres fines de semana en su chalet. Miedo me da, qué digo miedo… ¡pánico! Sé cómo son las fiestas que organiza esta mujer, y en la última fue una auténtica maratón de vicio. No quiero pensarlo, que me entran temblores en las piernas.

 

Hola Abril,

¿Qué tal todo, mi morena favorita? Por aquí muy bien, trabajo a tope, poco tiempo para mí… pero todo O.K,  y a punto de organizar otra como la del año pasado en Tres Cantos, ¿te acuerdas? Jajajaja, ¡vaya tela! Eso sí, este año no vendrá tanta gente como el pasado, he elegido muy bien a los invitados, y prefiero que seamos pocos, que en la última éramos demasiados. No me enrollo más que salgo pitando de la oficina.                                                                                   

Te enviaré otro mail en breve para confirmarte día y hora, ¿O.K?

Un abrazo, tesoro.

P.D.: Me he comprado un vestido para la ocasión que es ¡la leche!

Ruth ;)

 

Claro que me acuerdo de aquel día de mediados de junio. Madrid estaba precioso con su característico cielo espléndidamente azul, ese azul Velázquez capaz de encadenar a cualquier erudito de la belleza, de una tonalidad que sólo he visto en el techo de esta ciudad.

Aprovechando el hermoso día, dediqué la mañana a descanso total en el Retiro, tumbada en el césped y acompañada de un buen libro. Por la tarde hice alguna compra de última hora, y fui al piso a arreglarme.

A las nueve y cuarto sonó el timbre de abajo. Bajé, y en la calle me esperaba Ruth, apoyada en el coche, fumando un cigarrillo y mirando a su alrededor. Cuando me vio salir de la puerta corrió para abrazarme. Nos dimos un buen achuchón.

- A ver, déjame que te vea bien… ¡Pero qué tremendísima estás, cabrona! ¿Has adelgazado un montón, no? –me repasó de arriba abajo con su pose chulesca-. ¡Qué culo sigues teniendo, joder!

- Tú si que estás bien, menudo escote que me llevas, perla –dije lanzando una lasciva mirada hacia sus pechos.

-¿Te gusta o qué? –se sujetó las tetas desde abajo y, al mismo tiempo que se las miraba, las levantó, de modo que quedaron prácticamente fuera del vestido.

- ¿Si me gusta el vestido, o tus tetas?, y deja de magrearte así o vas a escandalizar a todo el vecindario –dije riéndome.

- Venga, sube al coche que tengo mucho que contarte, y ten cuidado con esos taconazos que llevas.

- Oye, ¿y ese coche?, es nuevo, ¿verdad?

- ¿Te gusta, eeeeeh? –Ruth levantó tan solo una ceja mientras se ponía las Ray Ban rojas.

-Bueno, es algo macarra, la verdad es que no me apasiona.

- Qué catalana eres, joder. Venga, súbete y ya me dirás si te gusta o no cuando empiece a correr –pisó el acelerador con el freno aún puesto.

- Eres incorregible.

- Y tú asquerosamente perfecta.

Y en menos de cinco minutos ya estábamos en la M30, a una velocidad deliciosa…

 

continuara…

 

abril

 

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