El amor tiene forma de semen…

-¡Mira lo buena que está esa!- Me señaló a un grupo de chavalas.

-¿Cuál de ellas?- No supe a cual se refería.

-La de rojo…

-La verdad es que te pega más la de morado que viene por allí…

-¡Esa es una vieja, joder qué asco!

-La verdad que el coño lo debe de tener más arrugado que una pasa… Dicen que a las viejas les huele el chocho a café solo…

-¿Si?

-Digo…

-Joder…

Me quedé mirando a mi interlocutor. Era tremendamente guapo. Se trataba de uno de esos que no saben que pierdo aceite. No todo el mundo lo sabe, sencillamente no voy dando explicaciones. No pierdo tiempo “alegrándome´´ la vista cuando estoy trabajando, pero cuando lo hago es igual que sean tíos o tías. Supongo que como nunca hablo de mí correrán rumores sobre mi sexualidad. Me suda los huevos. No me oculto pero me parece de imbécil llegar a un sitio a trabajar y decir como presentación: Hola, soy maricón. Los heteros no van pregonando sus gustos en voz alta…

 No pierdo más el tiempo y me ciño al guión. Mi interlocutor estaba buenísimo. Llevaba una barba de tres días del estilo de la mía. Él era alto y delgado. Ya sabes que a mí los delgados me vuelven loco, perro, salido…

Estaba hipnotizado con sus ojos. No pude evitar una erección, lo que significó llegar a un punto de inflexión. Había llegado a ese “punto´´ en el que debes de jugar y arriesgar. Si tenía un poco de suerte surgiría un polvazo si no había fortuna pues un simple rechazo. No tenía mucho que perder. Era apuesta segura. Sí, soy adicto al juego y al sexo, o mejor dicho soy adicto a jugar con el sexo. ¿Qué crees que ocurrió? Le di un pico… ¿Cómo reaccionó? Se quedó petrificado. Cuando un hombre como yo te da un beso con unos labios como los míos es muy normal que te quedes acarajotao… El semental era supuestamente hetero (no para de piropear a las mujeres desde el andamio con talento de poeta, pero el pobre se quedó en albañil). Era la hora del desayuno y nadie nos veía. Sentados en lo alto de un andamio analizábamos la posibilidad de un revolcón en la altura del andamio. Quieras que no el momento era muy romántico: Dos hombres vestidos de obreros, sentados en el andamio con las piernas colgando, balanceándolas plan niñas bien, se comen la boca con sabor al bocadillo de mortadela que están desayunando junto a un buen litro de cerveza…

El momento era taaan sexy que no pudimos (o no quisimos) volver atrás. Yo estaba necesitado de un hombre (unas semanas en dique seco hacía que me subiera por las paredes). Ahora iniciamos unos besos más pasionales. Nos bajamos las cremalleras del mono azul de trabajo. Nuestros torsos sudorosos, cansados, peludos (el mío poco, que te quede claro, pero mola más poner que eran peludos…) salieron a la luz. El sol bañaba nuestras pieles morenas. Nuestras pollas luchaban por salir y eyacular antes de la media hora que nos quedaba de descanso. ¿Hay mejor descanso que un polvo? Quizá una siesta pero nosotros elegimos echar un polvo…

El supuesto “hetero´´ no se hizo de rogar para comerme la polla. Inexperto pero eficaz. Los tíos sabemos mamarla mucho mejor y te lo demuestro cuando QUIERAS. El sudor me bañaba. Desde la altura del andamio miré a la concurrencia mientras él me comía la polla. Mi nabo se encontraba poseído por un ente deseando salir y no tardó en hacerlo en forma de semen. Mi semen cayó sobre su rostro, manchándolo, impregnándolo de todo mi “amor´´. Mi “amor´´ le había sido entregado, y no hay nada mejor que ser correspondido en el “amor´´… Arrodillado comencé a fumar como más me gusta, de rodillas. Como tantas veces te he explicado comienzo dando lametazos y a pasar mi lengua por todos los pliegues de su polla. Cuando el nabo se encuentra bien impregnado por mi saliva voy tragando carne, variando el ritmo y forma. Algunas veces juego con mi lengua de mientras chupo, en otras ocasiones le miro a los ojos entregándome a él. En fin, no hará falta que te explique cómo se come una polla (seguro que sabes hacerlo casi tan bien como yo…). Su “amor´´ en forma de semen también termino en mi cara y mi lengua recogió todo lo que pudo para tragarlo.

Desahogados nos volvimos  a sentar en el andamio. Miré el reloj. Quedaban diez minutos de descanso:

-¿Maricón, un cigarro?- Le ofrecí.

Fumando, sentados, follados, descansados, volvimos a mirar a la gente que andaba bajo nosotros. ¡Qué cuerpos pasaban bajo mis pies!

Gléz-Serna

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