En La Sauna.

Rondaban las nueve de la mañana y éramos pocos los que habíamos madrugado para ir al gimnasio, llevaba ya una hora y mis músculos ya no daban más de si, me pegué una ducha de agua fría y me metí al baño turco.
El calor comenzó a dilatar cada una de mis venas, el sudor invadió mi cuerpo, agradecía estar con la única vestimenta que una toalla. Me quedé completamente relajado, la puerta se abrió, un hombre de unos treinta años se sentó frente a mí, sus músculos brillaban.
Se sentó y abrió la toalla mostrando su enorme verga. Mis ojos luchaban por no mantenerse atónitos frente aquel miembro. Solté mi toalla, y deje que mi miembro asomara. Le miré a los ojos, su cuello fuerte y marcado, sus pectorales prominentes, cada una de aquellos abdominales esculpidos por el propio Miguel ángel.
Mi polla se puso dura y mojada. Me miró ofendido y se levantó. Abrió la puerta y mis palabras salieron descarriadas.

- No te vayas. Déjame follarte.

Pensé en aquellos puños y en la velocidad en que destrozaría mi cara. Pero no lo hizo. Se acercó a mi, cerró la puerta, agarró mi polla, se agachó y comenzó a mamar, se levantó me besó y dijo.

- Quiero que me folles.

Le puse a cuatro patas sobre la madera, su culo era duro y redondo, un pequeño tatuaje asomaba en su espalda, mis manos agarraban con fuerza su espalda mientras mi polla entraba lubricada en aquel maravilloso túnel. Su culo se cerraba presionando mi polla. Comencé a follarle despacio, más rápido, más rápido, mis huevos chocaban contra su culo. Gemía ansioso y mientras, me pedía que le follara más fuerte, le obedecí.
Me senté y me montó, frente a mi su polla chocaba contra mi pecho.
Me cabalgó inquieto, echó su espalda hacia atrás y siguió follandome. Mi polla permanecía rígida e inquieta.
Agarré su culo mientras mi rabo entraba y salía sin parar.
Me gritó que no parara, que se corría, que le follara más fuerte, más duro……
Su corrida salió a propulsión sobre mi pecho, y yo no paré de follarle hasta que le llené de mi jugo.

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