Hazme un favor

Después de más de seis años viviendo juntas, llegaba la hora de separarse. Natalia por fin hacia su sueño realidad, se casaba con un simpático holandés que había conocido dos años antes y se irían a vivir a su pais. estaba emocionada por el cambio y todo lo que se avecinaba, pero a la vez le entristecia separarse de Eva, su amiga y confidente durante todos estos años. Por su parte, Eva, estudiante de cine y soltera, se rompía por dentro cada vez que la miraba y descubría que iba a ser la última vez en mucho tiempo, quizás para siempre. Su querida amiga iba a cumplir su sueño, casarse con un extranjero y largarse de allí, y el de ella, que era tenerla, veía como se le escapaba de las manos sin poder hacer nada. Llevaba seis años enamorada en secreto de Natalia, de la que al principio era compañera de piso por su cercania a la facultad, y que lego se fue convirtiendo poco a poco en su obsesión. Y allí estaba, a punto de irse, dispuesta a marcharse, feliz y ajena a su sufrimiento.

Mientras ella hablaba de su nueva casa, Eva pensaba en todas las cosas que iba a echar de menos cuando no estuviera: adoraba cuando le tocaba hacer la colada compartida y podía tocar y oler su ropa interior; si ella no estaba en casa, se ponía uno de sus tangas usados y se masturbaba con él puesto; le gustaba lamer sus bragas después de haber ido al gimnasio, reconocería su olor y su sabor en cualquier parte. Echaría de menos el oirla masturbarse por las noches con el vibrador que ella misma le regaló, soñando que alguna vez lo utilizaran juntas; y en el fondo, también echaría en falta el oirla gemir a través de la pared cuando traía alguna de sus conquistas a casa, aunque la rabia y la envidia a veces la hicieran llorar. Echaria de menos sus borracheras juntas, en las que tantas veces pensó en dar un primer paso; asi también, los abrazos de consuelo rozando sus pechos cuando alguno de sus novios la dejaba; iba a echar de menos tantas cosas, que no podía dejar que todas se escaparan.

En apenas tres horas, Natalia empezaría su nueva vida, y Eva, se quedaría estancada en la suya. Bebieron para celebrarlo, un chupito, dos, diez, recordando todos los momentos vividos, riendo sin parar, aunque con alguna lágrima de por medio. Disfrutaron, mucho.

-Quiero quedarme un recuerdo tuyo, Natalia.

Cogió la cámara de video, esa que tanta veces habia usado para grabar tanto los proyectos de la universidad como algunas escapadas de fin de semana; pero por primera vez, la iba a usar para rodar las imágenes que nunca quisiera que se borraran de su mente.

Envalentonada por el alcohol, empezó a hablar:

-Natalia, estoy enamorada de tí. Tranquila, no voy a montar ningún numerito ni me voy a abalanzar a besarte aunque me muera de ganas de hacerlo. En todos estos años hemos compartido un millón de cosas, desde un helado hasta una ducha, y siempre nos ha ido bien, y quiero que así siga, aunque sea en el recuerdo de ambas. Te he visto recién levantada, de resaca, de fiesta, borracha, llorando, depilándote, desnuda, e incluso follando con tu novio en este mismo sofá un dia que pensabais que os encontrabais solos en casa; sólo me queda pedirte una cosa antes de que te vayas, lo único que no te he visto hacer : mastúrbate para mi, pensando en mi. Déjame disfrutar de la visión de tu cuerpo desnudo, abierta, húmeda; déjame quedarme con el recuerdo de que tú último orgasmo en esta casa fue sólo para mí; quiero oirte susurrar mi nombre mientras te acaricias y gritarlo cuando te corras.

Hazme ese favor.

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