Huesos benditos
André Reinoso y Claudio Wietstruck
Poso mis pulgares en los traviesos hoyuelos de su pelvis: cual interruptor, encienden su pasión, hacen hervir su sangre.
Hambrientas ondean sus caderas, frenéticos gravitan sus senos; lucho por controlar mi simiente.
En el espejo cómplice, contemplo sus ojos miel dilatarse…
Atónito, alucinado, someto sus caderas hasta vaciarme en cuerpo y alma.
Hemos leido este relato en: http://solo50.wordpress.com/2010/05/24/huesos-benditos/
