La chica de la mesa del rincón - Parte I

Aquella mañana, Luís y Marta hicieron el amor y durmieron hasta pasadas las diez. Se levantaron, y decidieron salir a desayunar.

Luís había quedado esa misma tarde con Paul, un primo lejano que nunca había conocido en persona. Se encontraron por Internet a través de una red social, y pensaron en quedar en la ciudad aprovechando que hacía escala a Francia.

Así que la pareja decidió ir directamente al centro, y quedarse por la zona hasta la tarde. Fueron al café Bach, el favorito de Marta. Era una cafetería mítica con una gran terraza en una plaza repleta de bohemios y artistas.

Luís, con el periódico bajo el brazo, y ella con su bolso de flecos tambaleando, se sentaron en la terraza del Bach y pidieron café.

-  Quiero verte seducir a una mujer.

-  Jajajaja… -Marta se reía.

-  Quiero ver cómo la conquistas.

-  Cariño, me has visto mil veces con mujeres.

-  Sí, pero te estoy hablando de seducirla, de flirtear con ella, de encandilarla, y excitarla hasta que no pueda resistirse a tus encantos – Luis echaba azucarillo en el café mientras miraba a su alrededor por debajo de las gafas de sol.

 -  ¿Delante de ti?

-  Sí, aquí. Ahora. Quiero ver como lo haces.

Marta también hizo un repaso general a la terraza donde estaban sentados.

-  Hay un montón de gente.

-  Lo sé. Por eso quiero hacerlo ahora. ¿Ves a la de la mesa del rincón?

Marta hizo ademán de girarse y él la interrumpió poniéndole la mano sobre la pierna.

-  Eh! Espera, no me seas impaciente y disimula un poco.

-  Ya la he visto, y no creo que le vaya el rollo.

-  Hazlo, yo leeré la prensa.

Luís desplegó el periódico encima la mesa y empezó a leer ignorando a Marta.

-  Pensará que soy una perversa –le dijo ella mientras daba un sorbo de té.

-  Hazlo –pasó una página del periódico.

Esa respuesta la excitó.

Marta observaba en el suelo, todas las sombras de la gente sentada en la cafetería.  Contemplaba miles de formas y dibujos inmovilizados en el asfalto, descansando de aquel caluroso día de verano. Las mesitas con niños proyectaban abstractos sombreados en movimiento, mientras otras, totalmente estáticas, reflejaban docenas de cuerpos reposando bajo el sol.

Repasando cada una de ellas, llegó a unas finas y largas piernas que se movían ligeramente con un ritmo muy bien marcado. La chica de la mesa del rincón tenía unas piernas finísimas. Marta siguió la silueta hasta encontrarse con aquella piel fuera de la penumbra, comprobando que la figura era delicada, también fuera de la sombra.

Vestía unos pantalones cortitos con flores estampadas color turquesa haciendo juego con la camiseta, y calzaba unas sandalias que le trenzaban sutilmente el empeine dejando ver unos pies preciosos. Marta se detuvo bastante tiempo analizando la perfección de aquellos pies, no pudo evitar apartar la mirada unos segundos para mirar los suyos y, hacer una pequeña comparación. Los de aquella chica, eran los pies más bonitos que había visto en mucho tiempo.

Tomó su taza de té, y dando un sorbo, volvió la mirada hacia ella.

La chica hojeaba un libreto, que a cada tiempo de leer, dejaba encima la mesa, abierto y boca abajo, repitiendo lo leído mirando al infinito, como si estuviera estudiando un guión.

Marta clavó la mirada en sus ojos esperando que se diera cuenta. Transcurrió poco tiempo, y la chica se percató del repaso intencionado que le estaban haciendo. Con el libreto en la mano, le devolvió una mirada como de interrogación, una mirada que no pudo mantener mucho tiempo al ponerse nerviosa viendo la cara de Marta.

Un camarero se acercó a la mesa y sirvió otro café a la chica de la mesa del rincón.

-  Danielle, su café, señorita- Parecía que se conocían.

Ella le contestó, hablaron durante unos minutos, y a continuación sacó monedas para pagarle. Cuando el camarero se alejó, sacó una pitillera de metal y encendió un cigarrillo.

Marta giró un poco la silla para volverse más hacia Danielle, se marcó un sugestivo cruce de piernas, y se desabrochó un botón de la blusa.

-  Me la estás poniendo dura –Luís pasaba otra página del periódico.

-  Pues ella me está poniendo como una moto.

Danielle se percató nuevamente de la situación y dejó lo que estaba leyendo para jugar a repiquetear la mesa con la pitillera. Estaba cada vez más nerviosa. Miró a Marta y le sonrió.

Luís, excitado empezó a acariciar el cuello de Marta. Danielle se levantó de la mesa y se dirigió hacia ellos, plantándose delante.

 

continuará…

Texto: abril

 

 

 

 

 

 

 

 

Fotografía: Dale Jordan

Leave a Reply