La chica de la mesa del rincón - Parte II
- Hola. Ya no he podido resistirme más, ¿nos conocemos de algo?
- Diría que no, pero puedes sentarte con nosotros. Yo soy Marta, y él es Luis, mi marido – se levantó de la silla sonriendo.
-Yo soy Danielle. Encantada, chicos. Ahora no sé si lo que debo hacer es sentarme.
-Espero que no lo dudes ni un segundo –Marta le ofreció una silla.
Danielle se sentó al lado de Marta, encendió otro pitillo y, tras un incomodo silencio de varios segundos, Luis inició la conversación.
-Bueno, Danielle, ¿vienes muy a menudo por aquí?
-No, estoy de paso.
-Ah, creí haber oído al camarero saludarte como si te conociera –dijo Marta.
-Sí que te fijabas en mí, sí –respondió sonriendo.
Marta empezó a flirtear con Danielle acercándose cada vez más a ella. Coqueteaban en cada palabra, en cada gesto, y en todo momento. En media hora ya parecía que se conocían de toda la vida. Mientras, Luis las contemplaba con una mezcla de excitación y fascinación.
-Me estáis poniendo cachondo, lo sepáis.
Ellas rieron tras escuchar las palabras de Luis.
-A todos los tíos les pone ver a dos mujeres tontear, mi marido siempre fantasea con ello –dijo Danielle con cara traviesa.
-¿Estás casada? –preguntó Marta.
-Bueno…Sí, se puede decir que sí.
-¿Se puede decir? –preguntó Marta- ¿A qué te refieres?
-Pues que no estamos casados legalmente, pero como si lo estuviéramos, hace años que estamos juntos y nos va bastante bien. Parecemos dos tortolitos.
-Creo que nos hemos equivocado contigo –dijo Luis.
-Eh, eh, escuchad, vamos a pasarlo bien. Me quedan unas horitas para estar en la ciudad de las cuales sólo dos puedo disfrutar con vosotros. Así que dejaros de tonterías y disfrutemos juntos.
Marta le acarició la mejilla, agarró con delicadeza su mentón, y le besó en los labios.
Ella la siguió con un beso con lengua que hizo exaltar a todas las mesas del Bach.
- ¿Qué os parece si vamos a dar un paseo? – las interrumpió Luis.
-Me parece estupendo, pero me gustaría que conocierais a Paul, y a las seis hemos quedado con unos familiares. Imagino que hasta bien tarde por la noche no podríamos coincidir los cuatro.
-¿Paul es tu marido? –preguntó Marta.
-Sí. Ya os he comentado que estamos aquí de paso. En realidad estamos aquí de escala para que él conozca a un primo que vive en la ciudad. -La cara de Luis empezó a desencajarse por momentos.
Ahora está haciendo unas compras por el barrio latino, y he venido a saludar a Sebastian, el camarero con el que habéis visto que hablaba –hizo una pausa con cara extrañada- ¿Ocurre algo?, os ha cambiado la cara.
-Es que…verás… -Marta no sabía por dónde empezar.
-Yo soy el primo de tu marido –dijo Luis – Por las descripciones que nos acabas de dar; su nombre, vuestro viaje… joder, qué casualidad. No sé qué decir. Lo siento mucho, Danielle.
-Jajajaja…. ¡Qué punto! ¡No me lo puedo creer! Jajajaja…. –Danielle empezó a reirse sin parar- Marta y Luis se miraron petrificados.
-Oye, no entiendo muy bien porque te ríes, no tiene ninguna gracia –dijo Marta.
-Tranquilízate, Marta, a nosotros también nos va el rollo, y eso de que ellos sean primos le da un morbazo que no veas, jajajaja…Perdón, perdón, ya no me río más. Sólo bromeaba un poco, me ha hecho gracia la situación, no me digáis que no es insólita. Estad tranquilos que no voy a decir nada a Paul, aunque la verdad, es una lástima que no podamos acostarnos los cuatro, se os ve con caché –Danielle nos guiñó un ojo y sacó otro cigarro de la pitillera.
Marta y Luis tardaron varios segundos en reaccionar, hasta que al fin dejaron escapar una media sonrisa con los ojos.
-¿Y cómo le explico ahora a mi primo que estaba a punto de liarme con su mujer y la mía juntas? Buff, qué situación.
-Vamos a ver, Luis, no seas dramático. No tenemos porque contarle lo sucedido a Paul, pero si fuera el caso; primero: no sois primos de sangre, es decir, no os habéis conocido hasta hace apenas dos meses, y estamos acostumbrados a tener encuentros con otras parejas, llevamos muchísimos años en el mundo swinger. En el caso que decidiéramos pegarnos un revolcón, ¿no creéis que más vale tener esa confianza? – era asombroso ver con tranquilidad que hablaba Danielle.
-Dicho así…dijo Marta.
-Sí, la verdad es que no es tan disparatado como parece –Luis parecía que se relajaba.
-Yo creo, que lo mejor es que lo hablemos como una anécdota divertida, y según nos encontremos, procedamos, ¿os parece?
-Me parece bien, Danielle, la naturalidad es lo mejor –Marta tomó otro sorbo de té.
-Exacto, actuemos sobre la marcha. Por cierto, ¿habéis oído hablar de las famosas partouzes que se organizan clandestinamente en Francia? –la cara de Danielle era como la de una niña pequeña acabando de hacer una travesura.
-¿Partouzes? ¿Qué es eso?
-¿Habéis participado alguna vez en alguna orgía?
-No –contestaron los dos a la vez-. Pero nos encantaría –dijo él seguidamente.
-Nosotros hemos asistido a varias, y es de las mejores experiencias que hemos tenido en la vida. Si os gusta el sexo, es el paraíso. En el sur de Francia se organizan muchas, al principio cuesta un poco que te acepten -ya que están muy controladas-, pero una vez has asistido en una y te conocen, ya está.
-Como la peli de Kubrick –dijo Marta.
-Sí, algo parecido. Tenemos que hablaros de La flor de Lís -Danielle lanzó un largo suspiro mientras miraba al cielo.
[Seis horas más tarde]
Las dos parejas terminaron de cenar pasadas las once. Hablaron y se rieron de lo sucedido. Luis pudo conocer a Paul, y ellas dos no dejaron de coquetear en toda la velada.
-Recordad que aún tenéis que contarnos lo de las partouzes –dijo Marta mientras jugaba con la paja del sorbete de limón.
-Es verdad, Paul, háblales de la Flor de Lís –dijo Danielle.
-Bufff!! No me hagáis acordar ahora de la Flor de Lís, que no respondo… ¿estáis seguros?
Bajo la mesa, Luis empezó a sentir como unos calientes pies subían por sus muslos…
Texto: abril