La comida (opcion 2)

Publico la segunda opción del relato que puse el otro día http://relatos.com.es/relato-erotico/la-comida-opcion-1/ Pongo también la parte común para no tener que ir al otro relato.  -> COYOTE

BY JUAREN

Irene llevaba una vida tranquila, tenía a su novio Carlos, que se portaba muy bien con ella, la cuidaba lo mejor posible y era un chico muy tranquilo y dulce.
En el trabajo  no la iba mal para como estaban las cosas. Era secretaria en un bufette de abogados y aunque la cosa había bajado el trabajo seguía en pie, no habían tenido que despedir a nadie  y eso era algo que todos  celebraban. Habían aguantado un mal año, pero parecía que las cosas se iban mejorando. Habían conseguido unos buenos contactos, e Irente habia echo bien su trabajo. EL jefe la felicitaba por que si no hubiera sido por ella, se hubiera perdido mucha información que tenían guardada. LLevaba todo al día y no la importaba trabajar horas extras. Carlos tenia turno de tarde y eso dejaba poco tiempo para verse. Así que ella como tenía jornada continua, a veces no la importaba echar mas horas.
Cuando llegaba a casa comía y se echaba la siesta. Después se ponía hacer la casa, lo que no había hecho Carlos, que aunque trabajaba de tarde, le gustaba hacer lo que pudiera en casa. No le gustaba dejarle todo a Irene. La verdad que era un cielo. Pero a veces le gustaría que pudieran coincidir más, porque cuando él llegaba a casa, o venía muy cansado o ella ya estaba durmiendo. Pero aún así él siempre tenía detalles con ella: se levantaba temprano para darse una ducha juntos, aunque él luego se volviera a la cama; otras veces la dejaba preparado el desayuno…
Carlos había sido muy atractivo cuando era más joven, siempre muy deportista y cuidado. Pero ahora tenía poco tiempo libre y aunque intentaba sacar tiempo para cuidarse un poco, había cogido unos kilos extra.  A Irene tampoco es que la importara mucho su aspecto físico, pues lo que mas la importaba es como era el realmente en el interior y en eso era lo mas bello que había visto. Cada vez se acostumbraba más  a su cojín rellenito, donde apoyaba la cabeza para echarse las siestas. Aún recordaba sin embargo cuando tenía esa tableta que, aunque no fuera muy marcada, siempre le habia gustado.
Irene tenía ahora 33 años. Era alta para ser  mujer: 1.76 y aunque había estado mas delgada en otros tiempos, aún se conservaba dentro de unos márgenes. Tenía bonitas curvas, las piernas ya no tan torneadas todavía mantenían su encanto y como siempre llevaba tacones pues la estilizaban mucho más. En su trabajo el aspecto es importante, aunque la gente no lo diga, nadie se fija en una secretaria fea y mucho menos, aunque lo niegen, le dan trabajo si hay una guapa que casi haga lo mismo.
Ella se había ganado su puesto a base de esfuerzo y habían llegado dos chicas nuevas. Una era regordita, pero muy salada y la otra era un bellezón. Ella mantuvo su puesto, pues en su trabajo todo el mundo la adoraba tanto por el trato que daba, como por el buen trabajo que realizaba. De las dos nuevas eran muy similiares, la gordita para ella era algo más trabajadora, y no perdía mucho el tiempo en mirar páginas externas por internet, siempre tenía una sonrisa que te hacia sentir mejor y tenií una voz muy dulce. Por lo contrario “la modelo” como la llamaban por la oficina, era eficiente pero siempre estaba distraída y se le perdían cosas, pero los tíos de la oficina la adoraban, siempre pasaban por delante de ella, aunque su cubículo estuviera en la otra esquina. Además vestía muy provocativa. La gustaba mirar pícaramente al resto y calentarlos pero aunque muchos lo intentaron, nadie se la llevaba. Era muy lista.
Al final del período de pruebas echaron a la pobre gordita, la dijeron que les había gustado y que ojalá pudieran tener a las dos pero que ahora mismo no había bla bla bla. A los jefes siempre les ha gustado poder traer clientes y que se queden embobados mirando las maravillosas piernas de la secretaria. Irene tenía suerte, sabía que no era tan guapa como la otra, pero tampoco se quedaba atrás. Además tenía ropa muy linda que ponerse, que aunque fuera menos provocativa, sabía que más de una vez sus compañeros la habían deseado. Más de uno había intentado ligar con ella, pero a ella ese tipo de hombres no le gustaban: eran feos por dentro. Los oía pegando gritos e intentando aprovecharse de la pobre gente.
Pero llegó Pedro. Se habían ido por su propia voluntad dos abogados para intentar establecerse por libre, pensando que así podrían sacar más tajada de los clientes propios que tenían. Y la empresa intentó pescar algún abogado joven que no costara mucho dinero pero que fuera emprededor.
Hubo tres candidatos para un solo puesto. Los tres chicos tenían buenas referencias y parecían aplicados. Durante el periodo de pruebas los tres consiguieron buenos números. Pero Pedro era  especial. No solo conseguía buenos clientes sino que los clientes quedaban muy contentos con él. Lo que sorprendía a Irene es que casi todos sus clientes eran mujeres. Muchas de ellas viudas o divorciadas, que sacaban mucho dinero a sus maridos. Irene no quería ser mal pensada, pero… Pedro, que era un chico de unos 26 años, alto, y con muy buena percha. Tenía el pelo largo recogido y una cara cuadrada. Se podía ver que tenía unos fuertes brazos y las camisas ceñidas que llevaba escondían un perfecto cuerpo. Irene se le quedaba mirando a veces al pasar, Pedro siempre la sonreía con más que cortesía y creyó pillarle mirándola desde  lejos.

La verdad que Irene era feliz, pero no podía dejar de pensar a veces en Pedro. Irene se sentía culpable; sabía que la falta de sexo que tenía ocasionalmente, no era por falta de voluntad de Carlos, ya que él siempre intentaba tenerla satisfecha, pero a veces no era suficiente. Ella tampoco es que quisiera siempre, ni quisiera estar todo el tiempo, pero habia días que se sentía un poco abandonada. Irene, al contrario que piensen muchas mujeres, no era de masturbarse a diario, sólo lo hacía como medida de precaución y cuando no podia aguantar. Para eso era humana. Normalmente Carlos hacía los deberes… ¡y cómo los hacía! Era muy dulce, muy intenso y muy generoso. Pero ahora Carlos estaba pasando una mala racha en la empresa, que al contrario que la suya, habían tenido que despedir a varios compañeros y corrían muchos rumores.
Carlos estaba bastante estresado, aunque llevaba muchos años en la empresa y él era uno de los responsables, su puesto no corría peligro pero él tenia bajo su cargo a varios trabajadores, que si llegase el momento, él mismo tendría que despedir. Amigos suyos. Y eso podía con él, más que si fuese él el que fuese a ser despedido. Irene no le presionaba y más o menos siempre conseguía lo que se proponía con Carlos, pero últimamente necesitaba más y el pobre Carlos no siempre estaba disponible.

La semana siguiente de que hicieran fijo a Pedro, éste se encontraba en una nube, había cerrado otro cliente al que habian sacado buena tajada, la clienta, como no podía ser de otra forma, parecía estar muy satisfecha. Eran dos hermanas que habían conseguido gracias a un juicio, conseguir la casi totalidad de una herencia donde había de por medio otros miembros de la familia. Pedro había echo un buen trabajo según había entendido.
Irene fue al baño, no le gustaba mucho tener que ir al de la oficina, pero cuando hay una urgencia: hay una urgencia. Al sentarse oyó entrar a un par de mujeres hablando, ella no podía concentrarse cuando había gente y menos si ésta no paraba de hacer ruido. Las mujeres se pusieron a hablar y a reír. Su conversación parecía subida de tono porque no paraban de reírse como dos colegialas. Por lo que pudo entender al comienzo, estaban muy contentas por lo que habían conseguido de la herencia. Así que estas dos eran las hermanas. Pero entonces la conversación se tiñó de un tono que a Irene la pilló por sorpresa. Empezaron a hablar de Pedro, que les había echo un buen servicio, y la otra respondia que sí, que un gran servicio personalizado; y volvieron a reírse. Por lo que entendió en la conversacion que siguió, Pedro era un buen abogado, pero que como amante no tenia precio: que era un toro desbocado y que había podido pasar toda una noche con las dos mujeres, hasta que estas quedaron dormidas de agotamiento. Empezaron a hablar del gran tamaño de su virilidad y de cómo sabía lo que les gusta a las mujeres. Las dos reían: esperaban poder volver a llamarlo para cualquier cosa y poder acostarse nuevamente con él.
Estaban describiendo tan detalladamente a Pedro que Irene empezó a ponerse colorada y un poco excitada, ya había pensado en Pedro, pero estas mujeres daban mas chicha a su conversación. Irene nunca había estado así por un hombre que no fuese su marido. Intentó quitarse la imagen de la cabeza y cuando las mujeres se fueron, ella salió de su sitio.  Se mojó bien la cabeza y bebió un trago de una botella de agua y volvió a su sitio. Intentó no imaginarse a Pedro desnudo, tocándola, besando su cuerpo y ella tocando cada centímetro de su cuerpo.
Irene se culpó y estuvo a punto de llorar. Entonces apareció Pedro:<< ¿Estas bien Irene? >> Irene intentó recordar cuando había hablado con Pedro alguna otra vez y sí, ella le había dicho su nombre, toda la oficina la conocía, pero nadie la había tuteado la primera vez. << Sí,  gracias. Solamente estoy un poco estresada con algunos asuntos personales >>. Pedro se acercó a ella, se sacó un pañuelo y la limpió los ojos. Su mano rozó la mejilla de Irene y ésta se aceleró. << No te preocupes cielo, todo en esta vida se puede solucionar, sólo tienes que coger al toro por los cuernos, y saber lo que quieres >>.  Pedro sonrió de una forma casi divina. Irene empezó a temblar, ¿podría leerle los pensamientos?. << Gracias Pedro >> Éste sonrió y se alejó de la mesa.
Cuando Irene creyó que podía volver a respirar, Pedro volvió: << Perdona que te moleste de nuevo, pero he pensado… >> Se detuvo para decir lo que quería decir con las palabras exactas. << Hoy he cerrado un buen negocio y pensaba celebrarlo. Veo que necesitas alegrarte un poco, ¿te apetecería tomar un trago o comer algo al salir del trabajo? >>. Sus palabras aunque muy educadas, tenían un doble sentido que Irene no le costó nada pillar. Irene pensó antes de contestar << No lo sé, tenía pensado comer en casa, hoy iba a comer con… >> se atragantó con  sus palabras y  volvió atras y dijo simplemente << No lo sé >>. Tras decir esto se dió cuenta que había traicionado a Carlos, pero no era ella misma ahora mismo. Pedro aunque en parte disgutado por un leve gesto que hizo con la frente, volvió a la carga, estaba claro cómo Pedro conseguía a sus clientas: persuasión y continuidad. << Bueno yo estaré en el bar de abajo de 14.00 a 14.15. Si quieres pásate, me haría muchísima ilusión compartir este buen momento contigo. Necesito estar con alguien y creo que tu también. Te espero cielo >> y tras dedicarla la mejor de su sonrisas se fue.
A Irene le palpitaba el corazón, sabía cuales eran las intenciones de Pedro, pero… ¿ hasta dónde sería ella capaz de llegar? No era una mujer que estuviera mal en su matrimonio, o que su marido fuera un cabrón, pero Pedro era….. Pedro. Irene no dió pie con bola en toda la mañana, a sus compañeros les extrañó su forma de actuar: ella hacía caso omiso de los comentarios. Hoy iba a comer con Carlos, hacía tiempo que no comían juntos y él había hecho un hueco para que pudieran coincidir. Pero Irene no queria perder esta ocasión ¿Qué hacía? Se acercaban las 14.00 . ¿Qué podía hacer ella…?
OPCION 2:
Irene estaba nerviosa, no sabía qué hacer. Eran las dos. Miró su movil pensando en escribir un mensaje a Carlos, pero o no sabía que poner o no quería hacerlo. Así que prefirió no hacerlo.
Bajó a la calle aunque antes de ir a casa pasó por el bar para ver si estaba Pedro. Allí estaba él en la barra hablando con la camarera, que estaba hipnotizada. Pedro era un dios. Pero no estaba segura del todo si merecía la pena arriesgar tanto por aquel hombre que casi ni había conocido.

LLegó pronto a casa y se puso a hacer la comida. Quería preparar pasta. No sabía por qué pero le apetecía hacer una lasaña Italiana.
Entonces, todavía preparando la masa, oyó llegar a Carlos. << Cariño, estoy en la cocina >>. Ella seguía inmersa en poner a punto la pasta. Sintió llegar a Carlos, que la paso la mano por la cintura, con una suavidad que la encantaba y entonces notó su boca en su cuello. La besaba como si ella fuera la única mujer del mundo: besos largos y suaves. Las manos de Carlos la apretaron la cintura, y empezaron a recorrer toda su contorno hasta llegar a los hombros. Carlos  empezó a besarla por la nunca y por el otro lado del cuello, subiendo hasta la oreja para decirla al oído: << Eres mi diosa de carne y hueso, sueño contigo cada noche. Eres el aire que me hace respirar. En tí  nazco y en ti muero. Eres la sangre que bombea mi corazón, porque tú,  Irene, eres mi vida >>.  Irene se quedó paralizada, hasta sintió que la caían lágrimas de alegria.

Carlos movió sus brazos desde los hombros de Irene,muy poco a poco, por los brazos, hasta llegar a los dedos de ella que estaban en la masa. Él se puso a masajear la masa, con las manos de Irene. << ¡Qué tonto soy!, no me he lavado las manos a llegar a casa, ahora no tendremos nada que comer, ¿qué hacemos? >> Irene se rió suavemente. Lo que le encantaba de Carlos era lo dulce y divertido que era.

Carlos  empezó a quitarla la camisa  botón a botón. Lo hacía despacio: quería darle todo a Irene y que ella disfrutara de cada segundo que iban a pasar juntos. Cuando la camisa estuvo quitada, empezó a acariciarla la cintura y el vientre, llenándola de masa. Cosa que a Irene no la importó en absoluto. Ella giró la cabeza para poder besar a su hombre y éste la devolvió el beso. Era un beso ardiente, lleno de pasión, pero con una dulzura que sólo se consigue con la persona que amas. El beso tuvo de todo lo que se puede sentir. Era como unirse a la otra persona, ninguno de los dos sabía cuál era el comienzo y cuál era el final de su lengua. Irene le acarició el pelo y apretó fuerte contra ella su cabeza. Carlos se puso a subir las manos por el vientre de ella, para empezar a cariciarla los pechos, con mimo, con detalle, sin apretar de más, haciendo que los pezones de ella se pusieran duros y después a acariciar los pezones, donde Irene no pudo controlar un temblor en las piernas.
Carlos la giró y la subió en la encimera. Siguió besándola en la boca, pero sus manos la deseaban, y así lo notaba ella: la tocaba cada centímetro de su piel, haciéndola estremecer. Su boca bajó desde la boca, por la barbilla, cuello hasta llegar a los pechos y empezó a besarlos con dulzura. Irene se sentía deseada, pero sobre todo querida. Y eso era algo que apreciaba mucho.
SIguió bajando hasta encontrar su sexo. Y se puso a mimarla, a besar con esmero y dedicación. Eran muchos años y ya sabia como le gustaba: ni muy suave ni muy bruto y con un poco de dientes. Irene agarraba la cabeza de Carlos entre sus muslos y la apretaba leventemente contra ella, separaba bien las piernas para dejarle espacio para que pudiera respirar. Mientras, los dedos de Carlos la acariciaban todos su sexo y buscaban activar todos sus nervios. Él notó cómo la respiración y los tics de Irene se aceleraban: ella iba a tener ya su primer orgasmo. Carlos la apretó el clítorix para alargarlo más. Era algo que sabía hacer muy bien y que ella le agradecía.
Ella le pidió que la dejara terminar, que no la hiciera sufrir más y que la besara. Él la complajo y se volvieron a besar, compartiendo el sabor de sexo de Irene entre los dos. Él se desabrochó los pantalones y dejó ver su largo sexo. Se acercó a la encimera, que le pillaba a una buena altura, y tras rozarse preliminarmente contra el sexo de ella, empezó a penenetrarla muy suavmente.  Irene notababa cada centímetro que iba entroduciéndose en ella y pegó pequeños gemiditos de placer. Cuando ya estaba dentro él comenzó a darle más y máss ritmo: al compás de la respiracion de Irene. Ella le apretó con sus piernas y con sus brazos: quería sentirle junto a ella. Le apretaba tan fuerte que parecía que su cuerpo iba a absorver el de Carlos.
Éste se separó de ella, la bajó con mucho cariño de la encimera y la tumbó en la mesa. Vlvió a echarse encima de ella, pero esta vez la levantó las piernas y se las colgó encima de los hombros. Irene disfrutaba con cada penetración, pero en su cara se veía cómo añoraba poder notar todo el pecho de Carlos junto a ella. Carlos se inclinó más, e Irene notó cómo la tocaba en una zona que la excitó muchísimo: cada roce en esa zona provocaba un mini orgasmo, que la estaba dejando todalmente rendida. No sabía cuantos llevaba ya, pero tenía casi los ojos en blanco del placer que aquel, su hombre, la estaba dando.
Él la levantó de la mesa y volvió a dedicarla unos besos en la boca, mientras el sexo de él la tocaba en el vientre. A ella la encantó sentir aquel duro miembro contra su vientre y ella empezó a tocarlo con la mano. La hubiera encantado metérsela en la boca y saborear su sexo, a la vez que aquel maravilloso sabor de él, pero cada beso que la daba en la boca, era oxígeno puro que la nublaba el cerebro. Era el placer mas puro: besarle. Él la separó, sonrió con dulcura y la dijo: << Si no te hubiera conocido te hubiera inventado, por que si no fuera para mirarte ya no tendría cinco sentidos. Eres la mujer de mi vida, y te amo, Irene >>. Volvieron a fundirse en un ardiente beso hasta que Carlos la dió la vuelta y ella sintió su pene en sus nalgas.
Despacio, ella se fue inclinando hacia la mesa y el pene fue recorriendo el camino entre sus núcleos, paseándose por el agujerito del culo, hasta posarse en su sitio. Las manos de Carlos seguían acariciando la espalda de Irene, e introdujo nuavamente su pene dentro de ella. Ahora los moviemientos eran más rápidos. Irene se giró para poder mirar a los ojos de Carlos, que no la perdían de vista. Los dos veían como disfrutaba el otro. Los dos jadeaban incansables. Los dos funcionaban al mismo ritmo cardíaco, como si la sangre brotara de un único corazón y en un éxtasis, los dos llegaron al orgamo a la vez. Él terminó dentro de ella.
Se inclinó encima de ella buscando el tacto de su espalda y de su boca. Se besaron dulcemente, hasta que ella le cogió del cuello se lo llevó a la cama dónde se quedó dormidita encima de él mientras él la envolvía con su brazo como si fuera un alita de pájaro y la apretaba contra su corazón.

FIN

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One Response to “La comida (opcion 2)”

  • fiel dice:

    mejor este final (L)(L)(L) seré una romántica. pero… me gusta más que vaya con su hombre. ¡¡ Bien por ella!!

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