Paola

Las gafas me han funcionado bien. Me dan ese aire de intelectual que algunos hombres desean encontrar en una mujer… La otra tarde llegó un cliente que de lejos se notaba que era profesor. Casi me traga con la mirada que me dio en la pasarela… Seguramente se imaginaba a alguna de esas estudiantes escurridizas que no puede llevarse a la cama… Una vez en la alcoba, me pidió que me dejara oler el sexo. Yo accedí y él, como un perro, comenzó a olisquearme. Al cabo de un rato le dije que no iba a encontrar otro olor distinto al jabón…”Lo único que olerás será un coño bien bañado”, le insistí.

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