Sexo, agresión, violación y venganza…
Hoy vuelvo al blog, con el permiso de Nena Palote. El amor es una ponzoña para el corazón… Con esta frase sentencio al sentimentalismo. Llevo varios días de esos que sientes la inquietud de una atracción fatal, pero para algo más que un polvo. Es una locura de las mías. Algo muy platónico, maricón. Una vez al año (no falla) sufro un amor de los imposibles… Pero en fin, no he venido a hablar de esto, sino de un polvo que eché el otro día…
Había quedado con un señor veinte años mayor que yo. Un padre de familia reprimido y hambriento de carne joven. Un activazo, según sus palabras. El tipo había organizado un trío conmigo y con otro chaval más. Seríamos dos pasivos (yo olvidaría mi versatilidad durante el coito) y el cuarentón nos follaría. Realmente era cumplir las fantasías sexuales del tipo. Es lo que tienen los maricones reprimidos, lo que no realizan dentro del matrimonio lo buscan por fuera…
Llegué al piso. Me abrió. No me gustó en absoluto su físico, pero en mi estado actual sólo busco polvos para olvidar el mundo mientras follo. Un engaño para mi corazón. Fuimos al salón. Me ofreció una copa. Pedí un gin-tonic y un cenicero…
-No, no fumes…-Contestó.
-¿Por?
-Verás, a mí me da igual, pero el olor queda y mi mujer…
-¿Tu doña percibe los cuernos por el olor a tabaco?
-¡No quiero que fumes! –Gritó.
-Si es por eso me voy… -No me gustó esa orden (aunque quizá más por lo de fumar). Me levanté ya con el cigarro encendido.
-¡No, no te vayas!
-¡Encima que vengo a tu piso con discreción y sabiendo que soy la otra, gilipollas!- Me enfadé.
Me dirigí hacia la puerta. Se puso en medio. Forcejeamos. Grité:
-¡Pero qué haces!
-¡Quiero follarte!
-¡Pues yo no! –Me propinó un guantazo. Nos distanciamos y miramos en silencio. Por el rabillo del ojo vi un jarrón divino para devolverle el golpe. Se lo lancé a la cara.
-¡Hijo de puta!
Corrí hacia la puerta. No podía abrir. Estaba cerrada con llave. Aporreé con todas mis fuerzas, nada. No tenía escapatoria. El tipo me alcanzó y abofeteó de nuevo. Entonces acepté que me follara, ya que así no habría más daños colaterales.
Supuestamente tenía que venir el otro chaval para el trío. No apareció nadie. Me llevó a su cama conyugal y me tumbó. Cerré los ojos y me dejé hacer. Después de petarme se corrió sobre mi pecho desnudo, impregnándolo con su leche.
El tipo resultó llamarse Roberto. Te aseguro que pienso aparecer de nuevo en su vida, pero esta vez para vengarme. Sería genial que su mujer e hijos se enteraran de lo maricón que es. Un actor. Un falso. Un hipócrita. Un insensible. Un hijo de puta…
Gléz-Serna