Sexo y lentejuelas
Tú y yo desnudos, de rodillas en la cama, frente a frente. Pasé mi mano sobre tu torso desnudo. Hice en la cama lo que me pediste, bajando mi mano, pecho abajo. Paré en tu ombligo y metí un dedo. Te besé los labios. Te mordí los labios. Poseí tus labios. Te comí los labios. Tú me lo ordenaste. Seguí bajando la mano, hasta donde la ingle pierde el nombre, tu sexo, tu polla. La agarré con fuerza acercándote a mí. Me abrazaste. Con eso conseguiste que continuara mi labor. Te tumbé boca arriba, mirando el infinito, el cielo y sus estrellas que parecían lentejuelas. Sexo y lentejuelas. Ahora te comencé a besar los huevos, el nabo. Mis manos entraron en acción, apretando tus cojones como si mi vida se fuera en ello. Mi vida era tu sexo, erecto y exuberante. Todo tu ser me miraba. Te mantuve la mirada cuando metí tu polla en mi boca. Mi lengua exprimió tu glande. Tú reías porque conseguías que yo sólo fuera lo que tú querías ver. Querías que te la mamara y yo lo hice. Ahora la saqué de mi boca y mi lengua la recorrió en su longitud, sólo la puntita de mi lengua. Con las palmas de mis manos te pajeé como se enciende un fuego con un palo. El fuego de la pasión prendía. Tu cuerpo ardía de sexo y el mío te sofocaba con mi frialdad. Olvidando mi propio placer me centré en el tuyo, porque tú me lo ordenaste. Tú me hacías sentir que no valía y mis lágrimas caían sobre tu polla mientras continuaba mi labor. No era capaz de liberarme de tus redes, tu conjuro. Hechizado no podía hacer otra cosa que mamar, mamártela con gula. Tu cuerpo se arqueaba de placer. Vibrabas porque yo lo conseguía. Tu piel me hipnotizaba, no podía parar de observar tu cuerpo mientras te la chupaba. Las venas hinchadas de tu polla me poseían. No pude hacer otra cosa que mamar, mamar, mamar. Dejé mis manos olvidadas sobre tus muslos. Centrado en comértela me la volví a tragar enterita, hasta la garganta. Me costaba respirar por culpa de tu polla. Aquello no era amor, era un dolor. Me tenías sometido a tu sexo. No podía evitarlo, era imposible negarse a mamar, mamar, mamar y mamar. No supe hacer otra cosa a tu lado. Tu polla roza la perfección, la más bella de las cientos que he comido y al final, la que más me encadenó. Me encadenabas cada noche, como esta que te cuento, haciéndome tragar tu líquido vital, tu leche, tu lefa, tu semen… Formabas un eslabón irrompible entre mis labios y tu polla, unidos en un mismo ser y haciéndote cosas que pocos se atreverán, pero al final, sólo al final, cuando ya no siento nada por tu sexo, me amarás…
AVISO: Relato dedicado a todos los que amamos diferente y a la canción “Todos me miran´´ de Gloria Trevi…
Gléz-Serna
Pero qué pesadísimos que sois, siempre copiando y pegando…qué panda de gandules sin ninguna aspiración propia salvo la de robar al prógimo…Sois la hostia, pero de malos que sois…
Cansinos!!!!! Escuchad la canción de la Trevi que habeis plagiado junto a mi relato y aplicaos algo a cuento…
Un beso con todo mi desamor
Gléz-Serna (¿Autor del 80% de vuestras entradas?)