Sexo y Sado… ( II Parte)

He meditado mucho sobre lo del dependiente. Me encuentro nervioso, inquieto. Una sensación extraña recorre mi cuerpo cuando pienso en el polvo que echamos o en lo que hablamos después. Parece que al dependiente le mola el sexo duro, el sado, que le gusté como sumiso. Yo nunca me había planteado una relación de ese tipo, aunque admito que soy liberal y no me niego a valorar algún tipo de sexo alternativo. Me había citado a las diez de la mañana, aún siendo domingo me llevaría a la trastienda y dijo que volvería a follarme. No sé por qué no me he atrevido a acudir a la cita, aunque temo la razón: Mi estado de eterna soltería indeseada, no querida, me haga lanzarme a una relación sado con un dependiente, que no deja de ser un extraño para mí, que quizá sea capaz de inducirme a la relación amo-sumiso sin yo poder evitarlo, que consiga convertirme en un ser totalmente dependiente a él e incapaz de decidir por mí mismo. Me conozco y sé qué consecuencias tendría para mí esa introducción sado. La curiosidad literaria me empuja a probar qué me puede pasar, a ver hasta dónde soy capaz de llegar pero mi corazón se niega,  porque sabe que las pocas posibilidades de encontrar un amor se perderían al someterme ante el dependiente. Quizá aún pueda retroceder sobre mis pasos y entregarme al dependiente, aún estoy a tiempo, pero estoy perdido, desorientado, no sé si me arrepentiré de no hacerlo o al contrario, de sí hacerlo. Gléz-Serna anda sin rumbo… Y la soledad sentimental es demasiado dura para mí, porque soy un ser débil, no puedo estar sin darle todo lo mejor a alguien. Es tan triste no ver el sentido a las cosas sólo por esta cuestión, el amor… Lo peor de todo es que el tiempo pasa, tic-tac, no sé qué hacer, maricón…

Gléz-Serna

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