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¿Tú tienes coño ni ná?

-El coño me hace aguas de lo buenorro que está ese…-Me comentó Nena Palote señalando a un tipo.

-¿Tú tienes coño ni ná?

-Ains, pero que pesada  te pones a veces, maricón…Algún día lo tendré.

-Ya te he dicho mil veces que no debes cometer ese acto. Calzas un pollón de los buenos. ¿Qué sería de Nena Palote sin su cipote?

-¡Bueno, bueno! No me entretengas más y mira a ese, maricón.

-¿Cuál de ellos? Veo a más de un semental…

-¡Qué zorra eres! Me refiero al alto, de ojos claros…Está para chuparse los dedos…y chuparle a él otra cosa…

-Ah, ese es americano…

-¿Americano de los USA?

-Sí, de los USA. Además es marine…

-¿Lo conoces?

-De una vez.

-Te lo follarías, entonces…

-No. Fue algo curioso. Yo estaba muy borracho esa noche…

-Normal en ti.

-Más borracho de lo normal, puta. Él también estaba harto de cubatas. La cosa es que me entró. Lo rechacé. Insistió. Mira, me metió la mano por la camisa…Me agarró la polla con fuerza…

-Vamos, que te metió mano.

-Sí, tú lo has dicho, cariño. Pero yo seguía negándome. El gilipollas me dijo que si no follaba con él nunca sabría lo que es follar de verdad…

-Me troncho…¡Si tú te has cepillado hasta a el apuntador!

-No, a un apuntador nunca, no he tenido ese placer…Pero fuera de coñas, me lo dijo con ojos de loco. Si yo fuera un monumento, lo entendería, pero que ese se fijara en mí,  una loca borracha y que sólo decía tonterías…Me sonó raro…¿Entiendes? Bueno, sigo la historia. Se perdió por la discoteca. Al amanecer, abandoné el sitio. Él salió a la vez. Volvió a acercarse. Me repitió aquello de lo de follar y tal. Esta vez añadió que había rechazado a un negro para follar conmigo…

-¿En serio? ¿No le contestaste con una de las tuyas?

-Le dije que haberle puesto su culito al negro, que seguro que tenía mejor polla que yo…

-Me espero eso de ti…Jajaja.

-Lo peor fue como se puso. Me llevó a la fuerza tras unos coches. Intentó desnudarme. Me dijo que le follara  o que él me follaba, pero que folláramos por favor…

-¿Y?

-Volví a negarme…No me apetecía follar, joder. No tiene uno el coño para bulerías todos los días…Me levantó la mano, ahí temí por mi integridad física. Como su enfado no bajaba le di un puñetazo en los huevos, el mejor calmante…

-Entonces mejor fijarme en otro…¡Pero mira ese moreno, por favor! A ese le comía los huevos, la polla, y a su padre si hace falta, también…

-No lo dudo…Yo también lo haría…

Gléz-Serna

Sexo experimental

AVISO: El siguiente relato es experimental. Trata de dar rienda suelta a la imaginación. No sé como saldrá el experimento, espero que bien…

Este relato es abierto. Sólo tu imaginación lo formará. Yo sólo seré tu guía. Lo ideal es que seas mujer hetero  o hombre gay o bisex, ya que tratará sobre un hombre.

Primero hay que imaginar al hombre de tus sueños. Pon en tu mente un cuerpo desnudo. Dótalo del pelo que más te ponga, de los ojos que más te gusten. Elige su físico, más delgado, más rellenito. Da rienda a tu imaginación. Añádele el pelo corporal que creas conveniente. ¿Lo tienes?. Si no es el caso, piensa en algún deportista, actor o famoso que te ponga a tope, y moldéalo a tu perfección. ¿Ya?. Pues continuemos. Ahora piensa en su polla. Tienes que moldear el tamaño y grosor que prefieras. Ponle la polla que más te gustaría que tuviera. Puede ser grande, normal, pequeña…Ya tenemos al maromo.

Segundo, hay que buscar un lugar. Lleva tu mente al sitio que más te guste para follar. Un coche. Una cama. Un servicio público. Un parque. Un bosque. Un escampado. La calle. Piensa en el morbo, donde te daría más morbo follar con tu maromo ideal. A mí me viene bien cualquier sitio. ¿Has pensado ya en el lugar?.

Tercero. Imagínate junto a él. Hazlo acariciarte donde más te gusta.  Ahora, folla en tu mente con tu maromo. Imagina tu coito perfecto con él. Puedes añadir juguetes sexuales, si te gustan, una venda en los ojos, unas esposas, no sé, lo que te encante hacer en la cama. Incluso puedes hacer lo que nunca harías en la realidad. Goza en tu mente. Mientras haces esto, puedes masturbarte, si así te apetece…

Cuarto. Haz esto cada vez que te apetezca, si te ha gustado, claro está…A mi me encanta…Soy de la opinión de que para el sexo en soledad es mejor la imaginación que una foto o una porno…

Gléz-Serna

Sexo anónimo ( 2ª Parte)

No sé por qué razón follé con Juanjo, veintisiete años mayor que yo. Él cuarenta y siete. Yo veinte. Quizá sólo fue por su forma de ir al “grano´´. Quizá por mis ganas de experimentar.

Me encontraba en el centro de Sevilla. Miraba libros en una famosa librería. Iba vestido divina de la muerte. Calzaba unos botines rojos simulando el color de falda escocesa. Me encantaban. Llevaba vaqueros negros, camiseta de mangas cortas morada y una camisa de cuadros morados y crema, abierta. Me sentía ideal. Aquel día lo miraba todo de color rosa, muy rosa. La pluma se me desprendía con mis movimientos, mis andares. Plumas rosas señalaban mi posición.

No sé si Juanjo se acercó a mi porque yo ojeaba libros muy gays o por mi plumón. Te recuerdo que aquel día yo estaba tremendamente gay. Dejaba la mano a medio caer, mostrando la palma.  El libro que miraba, queer, confirmaba mis gustos. Juanjo no era nada del otro mundo. Le miré con superioridad. Me sonrió.

-¿Cómo te llamas?- Me preguntó.

-Dani…¿Y tú?

-Juanjo. ¿Qué buscas?

-Algún libro, no te jode…

-¿Quieres follar conmigo?- Ese arranque de sinceridad fue lo que hizo que acabáramos follando. Me pareció original.

-Ya veremos…¿Me invitas a un café?- Soy un cara dura, lo confieso.

Me llevó a una cafetería cercana. Yo tomaba café solo y fumaba un Lucky Strike. Juanjo bebía leche manchada y fumaba un nobel.

-Juanjo, me pareces muy varonil como para tomar leche manchada y fumar nobel…Mira yo, café solo y Lucky, como los vaqueros…

-Perdona, los vaqueros fumaban tabaco negro…

-Ya, pero yo soy un vaquero mariquita…

-¿Qué edad tienes?

-Veinte añitos, corazón. ¿Tú?

-Cuarenta y siete…¿No te parezco muy mayor para ti?

-He comido algún coño octogenario, mi amor…-Me miró con cara de susto- Es cierto lo que te digo. Eso sí, nunca una polla de tu edad. Para  tíos mi franja está en los quince años más que yo…Pero me encanta probar…

-Me pareces tierno y abrazable.

-No eres el primero que me lo dice…

-Pero te veo espabilado…

-Soy un cabrón con máscara de niño bueno…

-¿Eres un niñato?

-No, yo tengo clase. Mira mi ropa, mi estilo. ¿Un niñato iría así?.

-¿Eres pasivo? Yo soy activo.

-Yo soy de todo, maricón. Versátil.

-Busco un culito como el tuyo. Un culo joven, prieto, con ganas de tragar polla. Me mide veinte centímetros, como tu edad…Y quiero que me la mames…Yo ya estoy viejo para recibir…

-Ya te la ha metido hasta el Tato. ¿No?. ¿Y si se me antoja petar tu culo?

-Te jodes. Si no quieres ser mi putita esta tarde me busco a otra…

-No vas a encontrar una puta como yo, cerdo cabrón. ¿Quieres follarme o no?

-Lo deseo.

-Pues atento a que si se me antoja follar tu culo lo voy a hacer. Yo no mando sobre mi polla, ella manda sobre mí. Por una más que te metan no  va a pasar nada.

-Son cosas de la edad…

-Ni edad ni pollas en vinagre. Te he dicho que he comido coños de octogenarias. Ellas temblaban de placer con mi lengua. Así que lo tuyo no es excusa…Llévame a tu casa. ¡Ya!

Me hizo caso. Me llevó a su cama. Quería un pasivo y fui pasivo. Estaba obsesionado con sus veinte centímetros de polla. No me gustó que se pensara que la suya era la mejor del mundo, era muy nabocéntrico, y su polla no era el centro del universo, más bien era basta y fea. No buscó mi placer en absoluto. No me acarició. Sólo hubo lo preciso para meterme la polla. Fue un polvo muy egoísta por su parte. Me dejé dominar. Le dejé creerse el rey del mundo. Muchos opinarían sobre Juanjo diciendo que era un maduro muy atractivo. Yo opino que tenía un polvo, sí, pero sólo uno y no más. A los cuatro minutos de empezar a metérmela se corrió en mi culo. Me agarró con fuerza en ese momento. Tenía los veinte centímetros de polla dentro, al máximo.

Me levanté de la cama. Me puse a fumar junto a la ventana. Vi como un coche aparcaba junto a la puerta. Una mujer bajó. Era guapa. Se acercó a la cancela de la casa de Juanjo. Abrió. Era su mujer. Yo había sido la otra. Pensé en darle una lección a Juanjo, por prepotente. Me vestí, con el cigarro en la boca. Cogí mis cosas.

-Juanjo, me voy…

-¿Tan pronto?

-Sí…

Me acerqué a la puerta del dormitorio. Me volví antes de salir.

-Por cierto, tu mujer acaba de llegar a casa, maricón.

-¿Cómo?

Juanjo se levantó y comenzó a recoger el dormitorio. Los pasos de su esposa se oían desde la escalera del primer piso. Se acercaba. Comencé a bajar. Me encontré con ella de frente. Estaba muy buena, todo hay que decirlo

-¡Joder! ¡Quién coño eres!

-Ah, lo siento señora. Juanjo está arriba, le espera…

Continué escaleras abajo. La mujer me miraba extrañada por la escena.

-Por cierto, los veinte centímetros de polla de su marido no valen un duro. Dígaselo, por favor…

Me fui de la casa. Cuando salía del jardín me llegaron gritos desde el interior. ¿Le costó aquello a Juanjo el divorcio?

Gléz-Serna