Posts Tagged ‘así’

Mi primera vez

Cuando tenía 16 añitos tenía un grupito de amigas con las que nos ibamos turnando para dormir cada fin de semana en casa de una. Un fin de semana de junio coincidió que sólo nos pusimos de acuerdo dos de nosotras, quedandome yo a dormir en su casa. Sus padres estaban de vacaciones así que nos quedamos al cuidado de su hermano mayor que tenía 23 años por aquel entonces.

Nosotras por aquel entonces eramos muy inocentes, no fumabamos, no bebíamos, nuestros novios del colegio lo más que hacían era pedirnos permiso para cogernos de la mano… Así que la tarde del sábado la pasamos remojandonos en la piscina y por la noche nos pusimos a ver películas en la televisión. Su hermano salió con sus amigos, así que nos quedamos solas en casa. Terminada la película que estabamos viendo nos pusimos a hacer zapping y nos encontramos con la típica película porno del plus e inocentes como eramos nos pusimos a verla, alucinando con lo que estabamos viendo, de hecho debía ser la primera vez que veíamos a un hombre desnudo. Tan concentradas estabamos, que no nos dimos cuenta de que su hermano regresó a casa con un amigo y nos pillaron mirando la televisión con la boca abierta. Cuando nos dimos cuenta de que estaban allí nos abalanzamos las dos hacía el mando como si nos fuera la vida en ello, pero ya era tarde, se habían dado cuenta perfectamente de lo que estabamos viendo… Así que se sentaron con nosotras y poniendo de nuevo la película nos obligaron a terminar de verla. Cuando esta terminó nos empezaron a preguntar por nuestra experiencia, si teníamos novio, si nos besabamos con lengua con ellos, si dejabamos que nos tocaran… Con nuestras respuestas vieron que mucha experiencia no teníamos, por no decir ninguna, así que se ofrecieron a enseñarnos. Hay que decir que su hermano era mi amor platónico y su amigo el de mi amiga, así que mucho no nos lo pensamos antes de aceptar. Nos sentaron sobre sus rodillas y comenzaron a enseñarnos a besar, primero sin lengua para luego pasar a introducirla en nuestras bocas, poco a poco sus manos se fueron haciendo más atrevidas, pasaron de acariciarnos por encima de la ropa a introducirlas por nuestras faldas y camisetas y acariciar nuestra piel.

Después de un rato de besos y sobeteos varios nos subieron a las habitaciones, yo con su hermano a la suya, y mi amiga con el otro a la de ella. Cuando llegamos me tumbó sobre la cama y siguió besandome a la vez que empezaba a desnudarme, me quito la falda y la camiseta para luego hacer lo mismo con mi sujetador y mis braguitas. Era la primera vez que me veía un hombre desnuda, así que muerta de vergüenza trataba de cubrirme mientras él me lo impedía. Cada vez sus caricias eran más intensas, cada vez que se detenía entre mis piernas hacía que me estremeciera y poco a poco se me fue pasando la timidez. El se tumbó a mi lado y cogiendo una de mis manos la dirigió a su miembro para enseñarme a tocarle también, deslizando mi mano cubierta por la suya por toda su dureza mientras no paraba de comerme la boca, introduciendo violetamente su lengua. Empezó a besar todo mi cuerpo, bajando por mi cuello, mis pechos y mi vientre, hasta llegar a mi entrepierna, donde estuvo largo rato utilizando su lengua. Cuando se me empezaban a escapar varios gemidos se incorporó y separandome aún más las piernas comenzó a penetrarme, lentamente, introduciendo poco a poco su polla en mi interior. Al principio no sentía ningún dolor, le costaba entrar pero nada más, pero cuando se encontró con la barrera de mi himen se acostó totalmente sobre mi y tapando mi boca con la suya dió el empujón final. Eso si que me dolió pero mi grito de dolor quedó cubierto por su boca. Permaneció unos segundos sin moverse, esperando a que me acostumbrara a tenerle dentro, pero en seguida comenzó a moverse, despacio al principio para luego ir incrementando el ritmo cada vez más. Al final sus movimientos eran tan bruscos que el colchón comenzó a separarse de la pared y en ese momento se corrió, sacandola rapidamente de mi para depositar toda su semilla sobre mi vientre.

Como experiencia física no fue una de las mejores que recuerdo, de hecho no llegué al orgasmo, problablemente porque estaba demasiado nerviosa en esos momentos. Pero si fue una experiencia muy bonita de la que guardo un buen recuerdo, después de esa primera vez seguimos acostandonos durante bastante tiempo, pero esa ya es otra historia…

El baño

Después de un largo día de trabajo me moría por llegar a casa y darme un gran baño de espuma, me lo merecía. Así que según entre por la puerta fui al baño y comencé a llenar la bañera de agua mientras me desnudaba. Le eché sales y jabón para que fuera creándose la espuma, puse uno de mis discos preferidos en la cadena de música, encendí unas cuantas velas para crear ambiente y cuando ya estaba todo listo me metí en la bañera dispuesta a relajarme.

Cerré los ojos y dejé que el agua caliente fuera desentumeciendo mis doloridos músculos. Cada vez estaba más relajada así que poco a poco comencé a acariciarme los pechos con una mano, pasando suavemente por mis pezones, rodeándolos y pellizcandolos. Mi mano continuó su periplo por mi cuerpo bajando hasta mi vientre, acariciando mi ombligo para luego seguir bajando. Separé mis piernas quedando totalmente abierta para que mis dedos pudieran hacer su trabajo. Empecé a acariciarme poco a poco, localizando rápidamente mi clítoris y masajeandolo fuertemente mientras aprovechaba para introducir dos dedos en mi interior. Así seguí hasta llegar al éxtasis, momento en el que arqueé mi espalda sintiendo como las corrientes de placer recorrían todo mi cuerpo. Después de eso quedé totalmente relajada y empecé a dormitar aún cubierta por el agua tibia del baño.

No sé cuanto tiempo pasé así, pero de repente sentí algo presionando contra mi cara, impidiendome respirar, intenté debatirme sin éxito, quien quiera que lo estuviera haciendo era mucho más fuerte que yo. Después de unos segundos, que a mi me parecieron horas todo se volvió oscuro, caí en la inconsciencia. Cuando desperté ya no estaba en el baño, me encontraba tendida sobre un colchón, boca abajo, las muñecas atadas a mi espalda, mi boca amordazada, los tobillos firmemente separados y atados a las esquinas de la superficie en la que estaba y un almohadón bajo mi vientre haciendo que mi trasero quedara elevado. Intenté moverme y desatar mis muñecas, pero no lo conseguí, cuando ya me dí por vencida escuché una voz detrás preguntandome si ya estaba despierta, no podía contestar, la mordaza ahogaba mi voz. Noté sus manos recorrer mi espalda, acariciandomela entera hasta llegar a mi culo, empezó a masajear mis nalgas, separandolas, pasando sus dedos entre ellas… Ante ese contacto, intenté moverme pese a lo limitado de mis posibles movimientos, pero a parte de no conseguir parar sus caricias, conseguí que me diera un sonoro azote que hizo que me estuviera quieta y me dejara hacer. Y así siguió, pasando sus dedos por todo mi cuerpo, a veces se internaba entre mis nalgas, separandolas, acariciandome y presionando en mi entrada trasera pero sin llegar a introducir sus dedos, luego seguía hacía mi coñito, acariciandome pero sin llegar a penetrarme con los dedos. Con tanta caricia yo empezé a excitarme y no pude evitar algún gemido ahogado.

Cambió sus dedos por algo más contundente, supongo que sería algún tipo de consolador o algo parecido, primero recorrió con él mi espalda hasta llegar a mi trasero donde se detuvó largo rato tratando de introducirse en él pero sin presionar demasiado, hizo la misma operación con mi coño donde con un leve empujón se metió casí al completo. Empezó a follarme con eso, cada vez más fuerte obligandome a correrme y a quedar completamente humillada. Con el consolador bien humedo de mis fluidos lo dirigió de nuevo hacía mi culo donde poco a poco empezó a entrar, abriendome entera, metiendolo lentamente para que notara como me iba abriendo. Cuando estuvo dentro completamente lo dejo ahí metido, sin moverlo, lo fijo con una cinta atada a mi cintura para que no pudiera salirse y entonces se separó de mi. Escuché como sus pasos se alejaban y me dejó sola, con ese intruso alojado en mi interior. No sé cuanto tiempo pasé en esa situación, solo sé que mucho rato después volvió y sacó sin miramientos en objeto de mi culo, para pasar a introducirme sin dilación otro mucho mayor. Yo no podía oponer ninguna resistencia, tumbada en esa posición y con las piernas totalmente separadas, todo mi cuerpo, en especial mi coño y mi culo estaban a su total disposición. Escuché como se desabrocahaba el cinturón, pensé que se desnudaría y se colocaría detras de mi para follarme por delante mientras estaba llena por detrás, pero no, lo siguiente que escuché fue el ruido que hacía el cinturón al cortar el aire y estrellarse a continuación contra mi culo. Con cada nuevo azote yo no podía evitar hacer fuerza con las nalgas de modo que notaba aún más si cabe el enorme consolador de mi culo. Yo sollozaba, ahogando mis sollozos con la mordaza que aún llevaba puesta. Fueron muchos azotes, mi trasero debía estar en carne viva cuando por fin paró y vació mi culo… Pero no por mucho tiempo, al poco era él el que penetraba sin compasión mi maltrecho culito, agarrando mis caderas para follarme aún más fuerte; después de unas cuantas embestidas, pocas afortunadamente, se corrió dentro de mi. Se separó y volvió a meterme el consolador de nuevo, no queriendo que se me escapase ni una gotita de su semen.

En ese momento pasó una venda por mis ojos y desató mis tobillos, me hizo voltear y que quedara boca arriba para volver a atarme. Ató de nuevo mis tobillos a cada esquina del colchón y repitió la operación con mis muñecas, esta vez dejandome tanto con las piernas como con los brazos totalmente separados. Colocó un almohadón bajo mis nalgas para que mis caderas quedaran elevadas y en esa posición volvió a follarme, esta vez por delante mientras estaba llena por detras. Con cada embestida se me clavaba aún más el consolador de mi trasero, sentía que iba a estallar, pero no por eso él paraba de embestirme cada vez más salvajemente. Yo solo deseaba que se corriera y acabara con ese tormento. No tardó mucho en hacerlo, llenando mi coñito también con su leche.

Poco tiempo después presionó mi rostro con un pañuelo impregnado con algo y volví a caer inconsciente. Cuando desperté estaba en mi bañera, cubierta con el agua ya tibia. Durante unos instantes dude si todo había sido producto de un sueño, pero no, mi trasero seguía aún lleno con el consolador y mis nalgas estaban rojas como tomates…

Aprendiendo idiomas

Llegaba el verano y las vacaciones y yo no tenía ningún plan!! Después de pensarlo durante algún tiempo decidí irme esos días al extranjero a terminar de perfeccionar mi inglés. Realmente era algo que llevaba queriendo hacer mucho tiempo, y unas veces por motivos económicos, otras porque tenía pareja y otros planes nunca lo hacía. Así que esta era la ocasión, me lié la manta a la cabeza, busqué, pregunté, investigué hasta dar con el curso y el destino perfecto en Nueva York, USA. Una ciudad a la que siempre había querido ir, así mataba dos pájaros de un tiro.

Mi vuelo salía un sábado a las 06:40 de Barajas y después de cumplir con todos los tramites aduaneros allí estaba, sentadita en el avión. Salimos a la hora y con el madrugón no me iba a costar nada dormirme, esperaba pasar dormida la mayor parte del viaje. Pero nada más despegar el niño que tenía sentado inmediatamente detrás empezó a llorar y a quejarse de que quería vomitar. No sé si la madre o la azafata no llegaron a tiempo, el caso es que el niño acabo haciendo lo que avisaba que iba a hacer y acabé completamente pringada!! Menos mal que como me conozco el tema de las perdidas y retrasos de las maletas suelo llevar en el equipaje de cabina algo de ropa para cambiarme por si acaso. Así que me encaminé al baño ayudada por una solicita azafata que me proporcionó una bolsa de plástico para que pudiera guardar la ropa sucia. Después de asearme, lavándome un poco como los gatos eso si, me dirigí de nuevo hasta mi asiento con temor de que el niño de las narices volviera a liar alguna, pero antes de que llegara apareció la sobrecargo disculpándose y diciéndome que por las molestias ocasionadas me reubicarían en primera clase. Así que hasta allí me acompañó, mientras yo me frotaba las manos imaginariamente pensando en lo bien que iba a dormir sin tantas estrecheces.

Me sentaron al lado de un hombre de unos 30 o 35 años, bien parecido, vestido con traje pese a lo largo del viaje. Enseguida empezamos a entablar conversación, yo contándole mi desventurado comienzo de viaje y los motivos de este y él explicándome sus idas y venidas por motivos laborales. Al poco rato apareció una azafata ofreciéndonos almohadas y mantas para poder descansar reclinando nuestros asientos, los dos aceptamos ambas. Entre unas cosas y otras yo no conseguía coger una postura cómoda, así que él muy caballerosamente me ofreció su hombro para que me apoyara y pudiera dormir. Después de unos instantes de duda accedí a ello, como iba a dormir mejor que entre los brazos de un hombre tan atractivo… Reclinamos del todo nuestros asientos, me apoye contra su hombro, me arropó con unas de las mantas y cerré los ojos.

Notaba como pasaba una de sus manos por mi espalda, dándome un leve pero placentero masaje mientras su otra mano acariciaba uno de mis muslos. Ante mi falta de rechazo a sus caricias se mostró más valiente y empezó a introducir su mano por debajo de mi falda, subiendo hasta mis braguitas y volviendo a bajar, una y otra vez por la cara interna de mis muslos. Cada vez que subía su mano, esta se acercaba más y más a mi entrepierna, notando sin duda la humedad que se iba acumulando en ella. Cada vez se detenía más tiempo entre subida y bajada, solo separando mi coño de sus dedos la fina tela de mi ropa interior. Mi respiración comenzó a hacerse entrecortada presa de la excitación como estaba, no quería moverme para que el resto de pasajeros notaran nada, pero él notó mi turbación y colocándome mejor contra su cuello introdujo por fin sus dedos por dentro de mis braguitas. Moví levemente las caderas para incrementar el contacto con sus dedos, deseando que se introdujera por fin en mi, quería notar esos dedos abriéndose paso hacía mi interior. Cuando por fin lo hizo llegué al orgasmo en cuestión de segundos, apretando mi cara en el hueco de su cuello, intentando ahogar así mis gemidos. Mientras el seguía follándome lentamente con sus dedos yo alargué una mano hacía su bragueta, que ya estaba deformada de la presión que ejercía su polla empalmada. Le desabroché el pantalón y liberé de su prisión a su magnífico miembro, grueso, largo y duro como una piedra. Empecé a masturbarle, lentamente como lo hacía él, rodeando con mis dedos su capullo para luego bajar hasta la base y volver a subir, notando como con cada movimiento él se excitaba cada vez más. Concentrado como estaba en su propio placer dejó de mover sus dedos a lo que yo para recordarle lo que tenía que hacer decidí torturarle un poco.

Agarré su polla desde la base, ejerciendo presión con mis dedos, sin moverla, solo apretaba. Poco a poco la sangre comenzó a acumularse, marcando todas las venas, endureciéndose cada vez más. El comenzó a mover sus caderas, indicándome que siguiera con lo que había comenzado. Yo sonreí a su vez moviendo las mías, indicándole que siguiera también él. Después de unos minutos más de “masajes” mutuos sacó sus dedos y agarrándome me recostó en el asiento dándole la espalda. Subió mi falda y bajó mis braguitas y sin más me penetró de un solo golpe, tapándome la boca para que no gritara. Llevó una de sus manos a mis pechos, pellizcándome los pezones sin parar de bombear. Y así estuvo follándome durante horas que parecieron minutos, arrancándome multitud de orgasmos hasta que él también se corrió, derramándose dentro de mi. Cuando acabó, los dos estábamos tan cansados que no fuimos capaz de movernos y así nos dormimos, todavía unidos, con su semen resbalando de mis entrañas.