Posts Tagged ‘así’
El Americano contraataca…
Ya os hablé una vez de él. El Americano volvió a aparecer en mi camino. ¿Recuerdas que te hablé de él? Seguro que no… Más o menos te conté que un americano, marine por supuesto, me entró una vez. Le gusté al muchacho, qué culpa tengo de estar tan bueno. Yo le rechacé, entre otras cosas porque mi prototipo de hombre es el mediterráneo (¿Hay algo mejor que un moreno, con el pelo y los ojos como el azabache tumbado en una playa tomando el sol y luciendo palmito? Para mí no…). La cosa es que aquella noche de nuestro primer encuentro yo estaba demasiado borracho como para pensar en el sexo. A veces me ocurre…
En este segundo encuentro yo estaba borracho de nuevo, para no perder la costumbre. Bailaba sintiéndome como la reina de la pista y de los maricones allí aglomerados. Aunque te confieso que bailo fatal, pero me importa un comino (por no decir un carajo…). No me lo esperaba, pero fue en un giro de cabeza. Ahí estaba él, mirándome. ¿Cómo se podía acordar de mí casi un año después? Le debí de gustar de veras, porque otra cosa…
Entonces se acercó a mi lado. Bailando, sus manos se aproximaron. Yo predije que volvería al ataque, y así ocurrió… Sus manos pasaban por mi cuello, mis hombros. Yo hice por distanciarme, pero tanto maricón de por medio me lo impedía seriamente. Sus manos bajaron a mi cintura. Un sudor frío recorrió mi espalda, hasta el mismísimo culo. Me volvía a dar igual lo bueno que estuviera, lo muy marine de los USA que fuera. Soy terco como un mulo y así moriré, cuando no quiero es que no y punto. Se lo hice ver dándole un manotazo a una de sus manazas. Pero se ve que al muchacho le va el sado y eso de los golpes porque el efecto producido fue todo lo contrario a lo deseado por mí. Arrimó sus labios a mis oídos y me dijo:
-¿No muerdo, eh?
-¿Ah, no? –Respondí con un falso gesto de decepción.
-No te voy a morder…-Me volvió a trincar por la cintura.
-Ni lo intentes…
-¿Te acuerdas de mí?
-¿La verdad? Pues no… -Una mentira en toda regla.
-Yo de ti sí…
-Eso es normal…
-Quiero follarte…
-¿Otra vez con esas? –Me di cuenta de que había destapado mi mentira, cosas del alcohol… Él se limitó a sonreír y con gesto cansado dije- Ois, qué pesado eres…
-Follemos…
-Mira, te voy a decir una cosa. Follamos y te olvidas de mí. ¿Ok?
-Mmmm
-¿Esa qué clase de respuesta es? Sí o no…
-Un sí, hijo…
-Así me gusta, con claridad… Pero antes espera un segundo, que voy al baño. No te muevas… -Le besé, gustándome, deleitándome y perdiéndome en el interior de su boca profidén.
Me separé de él y me dirigí al baño. Meé. ¿Sabes qué hice luego? Irme de la discoteca… ¡Me volví a escapar de las garras (léase polla) del americano… Espero no volver a verlo… ¡Por Dios! Sino al final tendré que follar con él y entre huevo y huevo tengo metido que no me apetece hacerlo…
Gléz-Serna
Las aventuras de Nena Palote y su cipote ( 26ª Parte)
Hola de nuevo a todos ustedes, tortilleras, tortilleros y demás gente que amamos diferente. Acabo de regresar de un periplo. Por eso de olvidar males de amores varios y algunos maromos, con sus pollas y todo, vuelvo de unas vacaciones necesarias. Hasta una mujer taaaaaaan fuerte y guapa (y más que nada buenorra) como yo necesita descansar.
En primer lugar fui a Grecia, por eso de comprobar de primera mano los orígenes del griego, en todos sus sentidos. Lesbos me defraudó, no follé todo lo que esperaba allí. Tan sólo forniqué con cinco o seis sementales en los dos días que estuve. Una decepción. ¿No crees?
Luego fui a donde más me gusta ir, Matalascañas. Playa de la costa de Huelva donde desde que era niño (sí, todas algún día fuimos un niño de rizos dorados) he acudido cada verano. Fui con la intención de no follar demasiado, taaaaan solo lo imprescindible, un polvo cada dos o tres días. Me apetecía releer esas obras que taaaaanto me gustan mientras tomo el sol. Pues eso hacía yo, leer Garras de astracán, Mujercísimas y Chulas y famosas, es decir, la trilogía más ácida de Terenci Moix. Maricón, casi ni podía leer por culpa de esos cuerpos taaaaaaaan perfectos que se pasean luciendo palmito por la orilla, entre los gritos de las madres llamando a los niños: “Niiiiiiño, la tortilla…´´ “Niiiiño, no nades para lo hondo…´´ “Niiiiiño, te vas a quemas con el sol…´´. Pues en esas andaba yo, que no sabía a dónde mirar, si al maromo de la toalla de al lado (con tabletita de chocolat y todo…mmmm) o al que juega al futbol con sus amigos igualmente buenorros o al que anda por la orilla entre los gritos de las madres a sus hijos. Mi vista estaba dividida, taaaanto como la de un gato en una matanza…
Nena Palote no es de piedra. Ustedes sabéis que mi cipote es rápido en actuar. Ese es mi mayor problema porque tengo que ponerme a disimular una erección taaaaan descomunal. Es algo cortante, los que tengáis polla lo sabréis. Y lo peor es que yo iba a la playa por eso de desintoxicarme de aquello del sexo, que una estaba ya más vista que el tebeo. Es cierto, creo que mi polla es de las más vistas por los maricones de Despeñaperros para abajo (es decir de toooooda Andalucía) por no decir que será del top ten del resto de la península. La razón es sencilla, porque como digo siempre la que vale, vale… y la que no vale que se joda, hablando en plata…
¿Has follado en la orilla alguna vez? Si no es así, hazlo, y si quieres conmigo, así de considerada soy… Eché un polvazo con un maromo que me creía hembra (y cuando se dio cuenta de que tengo tiburón y de chocho ni la raja se encogió de hombros, no le importó…). La luna lunera era la única iluminación, porque nos habíamos alejado de la zona de movida, así de la mano, plan romántico. La única compañía eran algunas parejas fornicando de manera previsible, es decir tíos versus tías. Así que llegó Nena Palote para darle algo de sal al asunto. Nos tumbamos mi macho y yo, en la arena, para que me llegara la tierra hasta la próstata. El agua me daba en los pies, así fresquito. Mi macho me bajó la falda con sus fuertes manos y me la metió de una manera…mmmm. Con mis piernas abiertas sólo me faltaba decir “¡Por fin mujer!´´ en homenaje a mi amadísimo Terenci Moix. Me la metió toda, todita. Mis gritos de sirena afónica inundaron la playa… ¡Qué polvazo, maricón! Eso sí, cuando llegué a casa tuve que pasarme una hora sentada en el bidé, porque la arena me llegaba hasta el apéndice (y mira que no tengo porque me operaron…)
Nena Palote
Fragancias y sexo
El día había sido caluroso; las 6 horas que mi piel se había dejado acariciar por el sol y la brisa marina empezaban a pasar factura reclamando urgentemente una ducha fresca y apaciguar la temperatura corporal encharcandome entre una buena dosis de after sun. La sensación del chorro de agua sobre mi rostro, el cabello mojado pegándose a la espalda, el contraste de frío que me proporcionaba el hidratante hacía que, poco a poco me fuera sumiendo en un solo deseo, el de abandonarme desnuda sobre la cama. Abrí la ventana, dejando que entrara por las rendijas de la persiana, el aire necesario para mantener fresca la estancia.
Cerré los ojos, consciente de que una parte de mi, no quería dormirse, aún así, no consigo precisar el momento justo en que note aquellas presencias; solo recuerdo, que oí algo a los pies de la cama. Con los ojos entrecerrados, busque qué podía ser, no vi nada y opte por cerrarlos de nuevo; fue cosa de segundos lo que tarde en volver a notar que no estaba sola, así que esta vez, fije la mirada justo a mis pies. La penumbra de la habitación no me facilitaba distinguir con claridad unas pequeñas siluetas que se agazapaban y desplazaban a mi alrededor; permanecí inmóvil pero sin miedo, si de algo estaba segura era de que, fuera lo que fuera, me eran familiares.