Posts Tagged ‘así’
Una única noche
Ese era el plan, pasar una única noche amandonos a la luz de las estrellas, solo los dos, sin ninguna separación entre nuestros cuerpos.
Así fue como comenzó, las prisas por quitarnos la ropa el uno al otro, nuestros labios recorriendo cada centímetro de nuestra piel, nuestros dedos acariciandonos, nuestros dientes mordiéndonos, nuestras uñas arañandonos…
Y así estaba yo, desnuda sobre una toalla a la orilla del mar, a cuatro patas, con las piernas separadas ofreciéndome completamente, disfrutando de tu lengua y tus dedos que sin compasión se alternaban entre mi vagina y mi ano, haciéndome alternar gemidos y gritos cada vez mas fuertes. Deseando que me penetraras ya de una vez, no me importaba por donde, solo quería sentirte dentro, hasta lo mas profundo de mi cuerpo, unidos completamente.
Cuando lo hiciste fue cuando comencé a amarte, cuando note como te abrías paso hacia mis entrañas, poco a poco al principio hasta el empujón final que me hizo estremecerme en un orgasmo sin final. No parabas de bombear, bien dentro de mi coño, dejandome irritada, excitandome cada vez más; tus dedos pellizcando mis pezones, a veces te separabas un poco para darme un azote y dejarme los dedos fuertemente marcados en mis nalgas.
El tiempo pasaba mientras subía la marea, el agua ya nos lamía los pies, pero él seguía dentro de mi, follandome como si fuera el último día, haciéndome gemir con cada empujón. Ya cansado de esa postura, me hizó tumbar boca arriba sobre la toalla, cogió mis pies y los colocó sobre uno de sus hombros y estando así volvió a penetrarme. Yo no sabía donde agarrarme, mis manos acabaron pellizcando mis pechos, retorciendo mis pezones al compás de sus embestidas. De repente se separó de mi, manteniendo mis pies aún sobre su hombro, llevó sus dedos hasta la su boca, donde los lamió con deleite y los llevó a la entrada de mi culo, donde empezó a jugar sin dejar de mirarme a los ojos.
Primero me acarició suavemente, embadurnandome bien con su saliva, para luego empezar a meter uno de sus dedos, girándolo, dándole vueltas, como queriendo agrandar el espacio. A ese dedo le siguió otro, y después otro, todos con la misma operación, lentamente, metiendolos, girándolos… Entonces los sacó y sentí un vacío tan intenso, pero acto seguido ocupó ese vacío que había dejado con su polla, sin compasión, de un solo golpe la metió entera.
Y yo gemía y me retorcía de placer, me sentía tan llena, tan atractiva, tan plena. Y si, así fue como comencé a amarte y no pude mantener mi promesa, no sería solo una noche sino el comienzo de muchas otras.
Trabajo nuevo - 9
Desperté cuando empezaba a amanecer, Santiago estaba sentado a mi lado acariciándome la cara suavemente. Cuando abrí los ojos me dijo que quería comprobar si tenía fiebre, así que se levantó y al rato volvió con un termómetro en sus manos. Pensé que me lo pondría en la boca o bajo el brazo, pero él tenía otras ideas… me hizo recostar sobre sus rodillas, con el trasero en pompa y las piernas separadas. Separó con sus dedos mis nalgas e introdujo poco a poco el termómetro por mi recto. Pesé a que los últimos días había tenido cosas mucho más grandes introducidas por ahí, me resultó muy incomodo, estaba muy frío, lo que hacía que mi culito se contrajera e impidiera su entrada. Lo mantuvo dentro durante 5 largos minutos, en los que permaneció en silencio, solo me acariciaba suavemente las nalgas. Pasados esos minutos lo sacó de mi interior, comprobando que no tenía fiebre.
Acto seguido comenzó a azotarme, recriminándome por no haber seguido sus indicaciones y habernos extraviado en el bosque. Al contrario de otras veces que cuando me azotaba lo hacía con una fuerte connotación sexual, esta vez lo hacía con ira, descargando en mis nalgas toda la preocupación que sufrió la noche anterior. Después de un buen rato azotándome, cuando mi trasero debía estar ya completamente rojo, me indicó que me levantara y le esperara de cara a la pared, que iba a ir a por algo para asegurarse de que no enfermaría. Seguí sus indicaciones y me puse frente a la pared, sin tocarla, con los brazos detrás de mi cuello para esperar así hasta que volviera. Pasaron bastantes minutos hasta que escuché como se volvía a abrir la puerta del dormitorio, no me atreví a mirar si era él, sólo seguí así en espera de sus instrucciones. Se acercó a mi y empezó a extender un poco de crema hidratante por mis maltrechas nalgas, cuando acabó me indicó que me volviera a poner sobre sus rodillas. Obedientemente así me coloqué y acercando sus dedos a la entrada de mi culito separó mis nalgas para introducirme un supositorio bastante grueso por cierto. Estaba más frío que el termómetro que me había introducido anteriormente, así que mi trasero de nuevo se contrajo dificultando su entrada. Pero no le importó, simplemente empujó con un poco más de fuerza introduciéndolo en su totalidad seguido del dedo que lo guiaba. Hizo que permaneciera así durante largo rato, sobre sus rodillas, con el culito en pompa y penetrado por uno de sus dedos. Cuando se cansó cambió su dedo por un consolador de proporciones bastante reseñables, lo introdujo sin ningún tipo de lubricación, haciendo que me retorciera de dolor pero sin atreverme a quejarme demasiado no queriendo potenciar su enfado. Ya con él consolador dentro de mi culito, me puso un tanguita bastante ceñido que impedía que se saliera de su sitio. Y volvió a azotarme, con cada azote notaba aún más en intruso que tenía dentro de mi, haciendo que se moviera con cada golpe. Yo intentaba mantener mis nalgas relajadas, sin contraer los músculos para no sentir con tanta intensidad mi culito penetrado, pero con cada nuevo golpe era incapaz de no hacerlo, por lo que a parte del escozor que me provocaban los azotes tenía que añadirle el dolor que me provocaba el consolador.
Después de administrarme mi castigo me permitió recostarme boca abajo en la cama, aún con el consolador puesto. Me dijo que había informado de que estaba enferma debido a que me había resfriado la noche anterior y tenía que guardar cama, lo que me permitía no asistir a las actividades programadas. También me dijo que debido a mi desobediencia, durante toda nuestra estancia allí, me tomaría la temperatura varias veces al día y me administraría el tratamiento que considerara más adecuado para que no enfermara, lo que incluía los azotes, los supositorios y los consoladores. Acabé quedándome dormida y solo desperté cuando noté que él bajaba mi tanguita dejando al descubierto mi agujero penetrado y sacaba el consolador sin miramientos, de un solo tirón. Me llevó al baño donde me ayudo a ducharme, me enjabonó todo el cuerpo con sus manos, deteniéndose sobretodo en las nalgas, sobándolas y estrujándolas, tal era el dolor que sentía en ellas que no pude evitar que se me escaparan las lagrimas. Después de secarme me hizo colocarme de nuevo sobre sus rodillas y en esa postura, extendió de nuevo crema hidratante por mis nalgas consiguiendo reducir un poco el escozor que sentía en ellas.
Me permitió volver a tumbarme en la cama mientras él iba a por las bandejas de la comida. Cuando volvió con las bandejas las colocó sobre un escritorio que estaba en una de las esquinas de la habitación y así sentados uno al lado del otro dimos cuenta de ellas. Terminamos de comer y me dijo que volvería a tomarme la temperatura, se sentó sobre la cama y yo sin esperar más indicaciones me coloqué sobre sus rodillas con las piernas un poco separadas. Volvió a repetir la misma operación de esa mañana, con los dedos de una mano separaba mis nalgas mientras que con la otra introducía el termómetro lentamente para dejarlo dentro durante 5 minutos. Seguía sin tener fiebre, pero por si acaso me puso también un supositorio, introduciéndolo seguido por uno de sus dedos. Durante varios minutos permanecimos así hasta que de nuevo cambió su dedo por un consolador, que tendría metido durante toda la tarde.
En ese momento decidió que sería bueno que me diera el sol, así que vistiéndome con un vestido holgado y una chaqueta para que no me enfriara salimos a pasear por el bosque. Yo andaba muy despacio debido a la incomodidad que me producía el consolador en mi interior. Se notaba que él conocía muy bien el paraje donde nos encontrábamos, pues después de caminar durante unos 10 minutos llegamos a un cenador construido en mármol realmente bonito. En su interior tenía una serie de bancos dispuestos en círculos pero ocultos a la mirada de los demás debido a los frondosos arbustos que rodeaban la construcción. Nos dirigimos a los bancos, donde Santiago me hizo colocar a cuatro patas a lo largo de uno, levantó la falda de mi vestido, bajo mi ropa interior hasta la mitad de mis muslos y sacó el consolador para sustituirlo por su miembro. Se corrió en mi culito recordándome que llevar su semen en mi interior también era parte del tratamiento para no enfermar y acto seguido volvió a meterme el consolador y subir mi tanguita para regresar a su dormitorio.
Trabajo nuevo - 8
Descansamos un momento y ya con la maleta hecha nos dirigimos a su apartamento donde cenamos y vimos un poco la televisión antes de irnos a dormir. Ya en la cama me tumbó boca abajo y volvió a penetrar mi trasero con las bolas que había tenido puestas toda la tarde. Después de eso me hizo poner a cuatro patas y estando así me folló por delante hasta que se derramó en mi interior. Estábamos cansados de un día tan intenso, así que al poco rato os quedamos dormidos. Cuando despertamos por la mañana yo me sentía incomodísima con las bolas aún en mi interior, él caballerosamente me las sacó, para penetrarme a continuación sin miramientos por mi dolorido culito. Se corrió abundantemente en él y me puso un pequeño plug para que conservara toda su leche en mi interior. Acto seguido nos vestimos y desayunamos para dirigirnos al trabajo.
La mañana transcurrió con relativa normalidad, se notaba que la gente estaba nerviosa por el “campamento” al que íbamos a asistir, trabajar se trabajó poco, mis compañeros que ya habían asistido otras veces no paraban de contarme anécdotas que les habían sucedido estando allí. Entre unas cosas y otras ya era la hora de comer y como era habitual me dirigí al despacho de Santiago para comer con él. Según entre por la puerta se abalanzó hacía mi, quitándome toda la ropa y dejándome desnuda, me apoyó contra su escritorio dándole la espalda y dejando mi culito en pompa, sacó el plug que me había puesto esa misma mañana y empezó a lamerme con su lengua mientras sus dedos no paraban de follarme por los dos agujeros. Tuve un sonoro orgasmo con lo que los movimientos de su lengua y dedos se incrementaron hasta hacerme llegar a otro acto seguido. Después del segundo se separó de mi y se sentó en el sofá desabrochando sus pantalones, leyéndole el pensamiento ya sabía que era lo que esperaba, así que me arrodillé a su lado y empecé primero a masturbarle con mis manos, cogiendo firmemente su polla y moviéndola de arriba abajo, haciendo cada vez más rápidos los movimientos y consiguiendo que escapara algún gemido de sus labios. Mientras le masturbaba acerqué mi boca también e introduciendo solo su capullo comencé a jugar con mi lengua, dándole pequeños golpecitos, rodeándolo con mi lengua, haciendo cada vez más profunda la penetración. En un momento dado el me agarró del pelo y empujándome la cabeza para meterla mas aún en mi boca se corrió. Cuando acabó, se agacho hacía mi boca y me dio un gran beso con lengua, jugando los dos con los restos del semen que había quedado en mi boca.
Ya estando los dos saciados nos dispusimos a comer, para a continuación volver al trabajo. La tarde transcurrió igual que la mañana entre anécdotas y ganas de salir para allá. A las siete en punto estábamos ya montándonos en los autobuses que nos llevarían a nuestro destino. Después de un viaje de unas dos horas llegamos por fin, era un sitio realmente espectacular, la vivienda donde nos hospedaríamos era una construcción enorme de madera con grandes porches, con las montañas de fondo y un gran lago frente a la entrada principal. Después de dejar nuestro equipaje en nuestras respectivas habitaciones, que compartíamos de dos en dos, nos reunimos todos en el salón principal. Allí nos explicaron cual sería el planning de esos días, en primer lugar cenaríamos y el resto de la noche la tendríamos libre para pasear por los alrededores. Ya el día siguiente se sucederían los talleres y visitas guiadas a lo más emblemático del lugar. Después de cenar unas cuantas compañeras nos reunimos y decidimos pasear hasta un pueblecito cercano a no más de 3km para estirar un poco las piernas antes de dormir.
Cuando nos disponíamos a salir nos encontramos con Santiago que después de explicarle cual era nuestro plan nos recomendó que no nos alejáramos mucho del camino, pues era fácil perderse y que si estallaba alguna tormenta volviéramos rápidamente. Sin hacerle mucho caso nos pusimos a caminar, al principio siguiendo el camino, pero después de media hora andando nos pareció divisar unas esculturas de piedra un poco alejadas de la dirección a la que nos dirigíamos. Así que pensando que no nos pasaría nada fuimos hacía allí y cual fue nuestra sorpresa que nada más llegar se puso a diluviar. La lluvia era tan densa que no nos permitía ver ni a dos metros de distancia, por lo que aunque intentamos volver al camino para regresar al refugio acabamos perdidas. Después de dos horas vagando sin un rumbo fijo por fin dimos con el camino y así, empapadas como estábamos conseguimos regresar. Nada más entrar nos estaba esperando Santiago en las escaleras, muerto de preocupación, nosotras estábamos heladas y empapadas por lo que él y varios compañeros se hicieron cargo de nosotras secándonos con grandes toallas y poniéndonos cerca de la chimenea encendida para que entráramos en calor. Aún así yo seguía tiritando por lo que Santiago me llevó a su dormitorio donde preparo un baño con agua calentita y después de desnudarme me metió en la bañera. Poco a poco entré en calor, así que después de secarme me metió en la cama tapada con un par de mantas diciéndome que durmiera, que ya hablaríamos al día siguiente.