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Varada en la ruta (el final)
¡Pobrecita!
Mirá como tiemblas…
Déjame cuidarte.
Se acercó y tras rodearme nuevamente con sus brazos me sorprendió con un beso apabullante que me sucumbió de manera tal que el miedo por la tormenta quedó en el olvido.
Me gustó sentir como envolvía mi fina estampa con sus brazos compactos, fornidos…
Pero también pensé: “podría ser mi padre” pero al momento de acercar su boca a la mía me aferré a la suya y me dejé llevar por sus impulsos…
Desapareciendo por completo el fantasma de la edad.
Disfruté de sus besos como una adolescente siendo besada por primera vez.
Las palabras sobraban, la música de fondo y nuestra respiración era todo lo que se escuchaba. Ni el viento, ni los truenos pudieron arruinar “ese” momento.
Abandonó mi boca y fue bajando por mi cuello, él que estiré hacia atrás ofrendando cada centímetro de él. Deseaba sentirlo, disfrutarlo, por cada partícula de mi piel.
Mientras acariciaba mi rostro con una mano posó la otra sobre una de mis rodillas que comenzó a acariciar halagando mi piel.
- ¡Qué suavidad!
Una verdadera tentación…
Mientras me la frotaba suavemente con la palma abierta iba ascendiendo tímidamente por debajo de la pollera, llevándola hasta el comienzo de mi entrepierna.
Ahí se detuvo, y clavó su mirada enamorante sobre mis ojos color café, que a esa altura lo miraban pidiendo que siguiera…
Con la misma mano que acariciaba mi rostro bajó buscando mis pechos por dentro de la prenda. Le resultó fácil porque no llevaba corpiño, (casi nunca me pongo). Los halló expuestos a su merced; turgentes, erizándose al mínimo roce de sus dedos.
- ¡Qué placer!
Los deseo en mi boca -
Me dolían de tan duros que se me habían puesto.
Los abordó lamiendo con desenfreno y los succionó como queriendo arrancarlos de su sitio (ufff eso me enloqueció). Empecé a notar mi entrepierna humedecer, y por inercia y con cierta sutileza abrí las piernas, necesitaba que él notara mi humedad, y bajara hasta allí para saciar mi desesperación.
Me retorcía de placer cada vez que abandonaba una lola para inmediatamente ir por la otra. La secuencia del intercambio aceleró mis gemidos, componiendo la mejor música para delicia de sus oídos.
Luego insistió en mis partes bajas y deslizó el brazo levantando un poco más la pollera, sin llegar hasta arriba del todo. Pero lo suficiente como para meter su mano por debajo y con sus dedos por sobre mi tanga dibujar levemente la rajita.
-¡Cómo se te moja la bombachita!
¡Qué divina! -
Estaba como atontada, no me salía palabra alguna, lo miraba y jadeaba por sus dedos estimulando mi conchita.
No daba más, Me pajeó así por unos largos minutos, el olor a sexo que emanaba era “único”. Necesitaba que bajara con su boca, pero no sería yo quién se lo pidiese. Él solo lo haría en algún momento.
Y cuando al fin lo hizo acabé casi al instante, indudablemente me había estado conteniendo. Era mi deseo, y mi capricho por “acabar en su boca mi vulnerabilidad”.
Regocijé de placer al ver su rostro embadurnado con mis fluidos. Y adoré que buscase mi boca para besarnos con delirio.
Saboree mi néctar de sus labios, nos besamos con absoluta intensidad, y nos excitamos de forma inaudita.
Con mirada sugestiva me indujo hacía su sexo, mientras tomaba mi mano que apoyó sobre su abultado miembro, ocultado por el saco que lo tapaba.
- ¡Tomá! ¡Es todo tuyo! linda –
Mientras se bajaba el cierre del pantalón seguido a desprender y deshacerse del saco que a esta altura incomodaba.
Solivió un poco su cuerpo despegándolo del asiento y tironeo del pantalón hacía abajo quedando visible su prenda íntima. Ese día llevaba puesto un bóxer blanco con finas rayas en negro, era por demás notable su excitación.
Me agarró nuevamente la mano y guio por unos segundos los movimientos.
Palpitaba y crecía aun más con las fricciones que yo le proporcionaba.
- ¡Parece que le gusta! Está responiendo increíble a tus estímulos –
Lo miré con mi mejor cara de putita y sin mediar palabra le levanté un poco la camisa, necesitaba ver más piel, su panza, sus pectorales… y en un movimiento jugado y por demás erótico metí la mano por el borde del bóxer y palpé su pene bajo la prenda.
Tratando de descubrir de a poco lo que estaba a punto de degustar.
Perfilaba ser un miembro “gordote”, imponente, y claro; era de imaginarse, por su tamaño corporal, no podía ser insignificante.
Mientras le acariciaba la pija Lucio me sobaba la espalda, recorría con la yema de sus dedos el largo de mi espina dorsal con una seducción tal que me hizo estremecer y erizar mi piel por completo.
Su cara extasiada reflejaba el placer que mis caricias le provocaban. Pero así mismo prefirió cerrar los ojos privándose de uno de los más importantes sentidos para privilegiar otro, como es “el tacto”, y disfrutó a pleno las sensaciones de mis estímulos.
Luego quité mi mano y le bajé el bóxer. Por suerte los vidrios de la camioneta se habían empañado lo suficiente y eso sumado a la gran cantidad de lluvia que golpeaba en los vidrios no permitía que se llegara a advertir lo que sucedía dentro del vehículo.
Una vez que su sexo quedó expuesto ante mí, lo disfruté contemplando su completa erección, “su gran potencial”.
Observaba mi proceder con minuciosidad.
Contrariamente a minutos previos mantenía sus ojazos bien abiertos, me miraba con delirio, con deseos de que mi boca se apropie de su miembro.
Me tomó del cuello y me acercó a su boca, por unos minutos me hizo esclava de sus besos, me sometí fascinada, como hechizada.
Empujó mi cabeza lentamente diciendo:
- ¡Mira cómo se puso por vos!
¡Chúpala Preciosa! ¡Te pertenece!
Sin rodeos y con la saliva de ambos bajé a su virilidad y lo comencé a devorar… en segundos llené mi boca con su pija. Tuve que hacer un gran esfuerzo por meterla toda.
La tiene muy, muy, grande, fácilmente ronda los 23, 24 cm, para colmo mi boca es angosta, dificultando la deglución. Esto hizo que salivara más de lo normal y cayera sobre sus testículos. Que rato después bajé a limpiarlos con mi propia lengua.
Durante todo el pete no dejé de mirarlo a la cara, infalible si queremos volverlo loco.
Cuando sintió que estaba por estallar me tomó con ambas manos la cara y me la levantó, y con su vista enardecida me preguntó si quería recibir el semen en mi boca o si prefería fuera de ella.
Le respondí: Quiero tomarme tu lechita, quiero probar tu sabor.
Gimió y jadeo entre extraños balbuceos, eso me puso frenética y aligeré más todavía la succión.
Se ve que mi comentario anterior lo “sacó” porque me empezó a coger la boca mientras su cuerpo temblaba sin parar, y con fuertes espasmos acabó de forma exquisita y abundante, rebasando mi boca con su lechada.
La que no dude en tragar mientras le mostraba como la ingería. Y con la yema de mi dedo índice recogí lo que había quedado fuera, y chupetee con devoción mi dedo como si se tratase del más delicioso de los chupetines.
Ese hombre desconocido por mí hasta ese momento había logrado en poco más de 1 hora seducirme de manera asombrosa.
Su cara entusiasta fue mi veneración.
Levanté mi rostro y con sus brazos ya flojos pero aun acariciando con ternura mis cabellos me dirigí directo a su boca y besé sus labios con todo el sabor de su masculinidad en los míos.
- ¡Sos extraordinaria, nena!
Me hiciste gozar como en mis mejores épocas de adolescentes. –
Me alegro que hayas disfrutado, también yo gocé muchísimo.
- Mientras no venga el remolque podemos seguir disfrutando… -
Y me comió la boca de una. Su pija seguía como garrote, mientras me chupeteaba las lolas.
Encendida totalmente, deseaba que me cogiera ahí mismo.
Bajé a su cuello y luego de lametearlo todo, fui directo a respirarle y susurrarle a sus oídos lo mucho que me calentaba. Luego se los empecé a mordisquear suavecito, una y otra vez.
Enceguecido por completo buscó mi vagina, corrió la tanga hacia un costado, reclinó el asiento al máximo y tras tomarme con sus brazos me sentó sobre sus piernas.
Me recosté sobre él, y tras una odisea pude al fin montarme en su mástil.
Fue una hermosa y excitante cabalgata, yo acabé inmaculadamente dos veces consecutivas, a él le costó un poco llegar, pero a punto de conseguirlo se contuvo para decirme:
- ¡Qué cagada! No tengo condón.
¿y ahora? Aunque debo confesarte que muero por acabarte adentro…-
Mmmm y bue… Yo estoy a punto otra vez…
-¡Uy nena! ¡Me matás!–
Entre quejidos excitados me arrancó una sonrisa.
Con voz exaltada le rogué que me acabara, estaba enfervorizada, necesitaba sentir su vigor, ese fuego producto de un encuentro audaz.
Estábamos a pleno cuando golpearon el vidrio de la camioneta…
-¡Mierda! los del remolque. -
Me enderecé rápidamente con el semen chorreando por mi entrepierna, me acomodé la bombacha que por suerte hizo a la vez de absorbente.
Él aun con los espasmos normales sacudiendo su cuerpo y con las piernas flaqueando se incorporó como pudo tras alistarse la ropa.
Al toque se bajó y habló un par de minutos con el chofer en medio de la tempestad y volvió a subir para pedirme las llaves del auto.
Pregunté si era necesario ir en la grúa y su respuesta fue:
- De vos, me encargo yo –
Y se fue guiñándome un ojo tras una sonrisa cómplice.
Al rato vuelve “empapado.
Pero ni eso borró la alegría que en su rostro se veía reflejada.
Se sentó, me dio un beso tan apasionado que al hasta el día de hoy recordando se me eriza la piel.
- A partir de ahora vos vas a ser mi princesa. No pienso dejarte ir –
Y emprendió la marcha siguiendo el remolque.
El viento golpeaba fuerte, y a los costados de la ruta se podían ver algunos presagios del vendaval.
Llegamos a la ciudad, y tras preguntarme si prefería ir a la editorial primero o elegía seguir con él se contentó con mi respuesta.
Y salió con dirección desconocida para mí.
Pero increíblemente “ese” hombre me inspiraba plena confianza. Tanto que sin conocerlo dejé que acabara dentro de mí ser.
¿Qué estoy loca? ¡Sí lo sé!
Pero así soy; aventurera, impulsiva y atrevida.
Y para ir cerrando este episodio les cuento que fuimos a un hermosísimo y lujosísimo departamento que me dijo ser de su propiedad y tras volver a hacer el amor, pero más cómodamente en una amplia cama nos contamos intimidades de cada uno.
Resultó ser casado con una señora de 55 años, muy adinerada ella. Dueña de varias agencias de viajes tanto de Mar del plata como en otras localidades, motivo por el cual Lucio viaja bastante.
Me pidió de seguirnos viendo, las veces que nos fuera posible.
Me entregó un juego de llave de ese departamento para qué cada vez que yo viajase tenga donde parar.
Parecerá un libreto de telenovela, ”lo sé” pero no es más que la realidad.
Nos seguimos viendo 1 vez por semana, diferentes días, hasta ahora nunca los fines de semana, como es obvio el debe “cumplir” el rol de esposo.
A mí de verdad no me interesa lo que haga con ella, por vez primera soy amante y no me siento mal por eso. Disfruto muchísimo de estar con él.
Me ha llenado de regalos.
Tiene muy buen gusto, algunos muy caros, otros no tanto, pero para mí pesa más el valor sentimental, y eso es lo más importante para una mujer completamente enamorada como yo.
Estoy fascinada con él, me seduce con cada gesto, cada mirada, me gusta su caballerosidad, su porte.
Es pulcro como pocos, siempre huele exquisito, no fuma (fundamental para mí), rara vez toma alcohol, salvo cuando la circunstancia así lo amerita.
Recién llego de estar con él, me acaba de regalar 3 pasajes para irme con mis 2 mejores amigas a París, este es el segundo viaje que me regala; el anterior fue a elegir, y opté por México, fui con las mismas amigas que ahora pienso volver a invitar, más que amigas son como hermanas para mí.
Esa vez conocí Cancún, Acapulco, Playa del Carmen, Cabo San Lucas, y Veracruz.
Lugares bellísimos que no sé si hubiese logrado conocer de no ser por él.
En este nuevo viaje a diferencia del anterior me prometió sumarse a nosotras una semana después. Y a modo de chiste me dijo que le encantaría que entre las 3 le hagamos “la fiestita” de bienvenida.
Me dio mucha risa el comentario, se lo festejé pensando que era un chiste.
Mirándome a la cara y con su mano sosteniéndome el mentón me vuelve a decir:
- enserio, ¡Princesa!
¿No te gustaría agasajarme con tus amiguitas? –
Me estás jodiendo…
No me esperaba algo así de vos…
¡A mí me encantó! Hay que ver si las chicas se prenden…
Fin.
Pero eso se verá, todavía no les comenté del viaje, ni mucho menos lo de la “fiestita”. Pero bue… eso será motivo para otra nueva historia.
Espero que hayan disfrutado de esta.
Y perdón por la demora en los finales.
¡Ah! el libro probablemente esté a la venta para las vacaciones de INVIERNO.
A quién en verdad lo desee tener no tiene más que hacerme llegar un MENSAJE con algún dato donde los pueda contactar.
Hasta la próxima…
Saludos y besitos húmedos con sabor a mar…
Martina
Varada en la ruta (3ra y última parte)
¡Pobrecita!
Mirá como tiemblas…
Déjame cuidarte.
Se acercó y tras rodearme nuevamente con sus brazos me sorprendió con un beso apabullante que me sucumbió de manera tal que el miedo por la tormenta quedó en el olvido.
Me gustó sentir como envolvía mi fina estampa con sus brazos compactos, fornidos…
Pero también pensé: “podría ser mi padre” pero al momento de acercar su boca a la mía me aferré a la suya y me dejé llevar por sus impulsos…
Desapareciendo por completo el fantasma de la edad, disfruté de sus besos como una adolescente que la besan por vez primera.
Las palabras sobraban, la música de fondo y nuestra respiración era todo lo que escuchaba. Ni el viento, ni los truenos pudieron arruinar “ese” momento.
Abandonó mi boca y fue bajando por mi cuello, él que estiré hacia atrás ofrendando cada centímetro de él. Deseaba sentirlo, disfrutarlo, por cada partícula de mi piel.
Mientras acariciaba mi rostro con una mano posó la otra sobre una de mis rodillas que comenzó a acariciar halagando mi piel.
- ¡Qué suavidad!
Una verdadera tentación…
Mientras me frotaba suavemente con la palma abierta iba ascendiendo tímidamente por debajo de la pollera, llevándola hasta el comienzo de mi entrepierna.
Ahí se detuvo, y clavó su mirada enamorante sobre mis ojos color café, que a esa altura lo miraban pidiendo que siguiera…
Con la misma mano que acariciaba mi rostro bajó buscando mis pechos por dentro de la prenda. Le fue ágil porque no llevaba corpiño, (casi nunca me pongo). Los halló expuestos a su merced, turgentes, erizándose al mínimo roce de sus dedos.
- ¡Qué placer!
Los deseo en mi boca -
Me dolían de tan duros que se me habían puesto.
Los abordó lamiendo con desenfreno y los succionó como queriendo arrancarlos de su sitio (ufff eso me enloqueció). Empecé a notar mi entrepierna humedecer, y por inercia y con cierta sutileza abrí las piernas, necesitaba que él notara mi humedad, y bajara hasta allí para saciar mi desesperación.
Me retorcía de placer cada vez que abandonaba una lola para inmediatamente ir por la otra. La secuencia del intercambio aceleró mis gemidos, componiendo la mejor música para delicia de sus oídos.
Luego insistió en mis partes bajas y deslizó el brazo levantando un poco más la pollera, sin llegar hasta arriba del todo. Pero la subió lo suficiente como para meter su mano por debajo y con sus dedos por sobre mi tanga dibujar levemente la rajita.
-¡Cómo se te moja la bombachita!
¡Qué divina! -
Parecía anestesiada, no me salía palabra alguna, lo miraba y jadeaba de placer con sus dedos dividiendo mi conchita.
No daba más, Me pajeó así por unos largos minutos, emanaba un tremendísimo olor a sexo. Necesitaba que bajara con su boca, pero no sería yo quién se lo pidiese, él solito lo haría en algún momento.
Y cuando al fin lo hizo acabé casi al instante, indudablemente me había estado conteniendo. Era mi deseo, y mi capricho por “acabar en su boca mi vulnerabilidad”.
Regocijé de placer al ver su rostro embadurnado con mis fluidos. Y adoré que buscase mi boca para besarnos con delirio.
Saboree mi néctar de sus labios, nos besamos con absoluta intensidad, y nos excitamos de forma inaudita.
Con mirada sugestiva me indujo hacía su sexo, mientras tomaba mi mano que apoyó sobre su abultado miembro, ocultado por el saco que lo tapaba.
- ¡Es todo tuyo! linda –
Mientras se bajaba el cierre del pantalón seguido a desprenderse y deshacerse del saco que a esta altura estorbaba.
Solivió un poco su cuerpo despegándolo del asiento y tironeo del pantalón hacía abajo quedando visible su prenda íntima. Ese día llevaba puesto un bóxer blanco con finas rayas en negro, era por demás notable la excitación de Lucio.
Me agarró nuevamente la mano y guio por unos segundos los movimientos. Palpitaba y crecía aun más con las fricciones que le proporcionaba.
- Parece que le gusta, responde a tus estímulos –
Lo miré con mi mejor cara de putita y le levanté un poco la camisa, necesitaba ver más piel, su panza, sus pectorales… acto seguido metí la mano por el borde del bóxer y palpé su pene bajo la prenda.
Trataba de descubrir de a poco lo que estaba a punto de degustar.
Perfilaba ser un miembro “gordote”, imponente, y claro; era de imaginarse, por su tamaño corporal, no podía ser insignificante.
Mientras le acariciaba la pija Lucio me sobaba la espalda, recorría con la yema de sus dedos el largo de mi espina dorsal. Me hacía estremecer y mi piel erizar por completo.
Su cara extasiada reflejaba el placer que mis caricias le provocaban. Pero así mismo prefirió cerrar los ojos privándose de uno de los más importantes sentidos para privilegiar otro, como lo es “el tacto”, y así disfrutó de mis estímulos.
Luego quité mi mano y le bajé el bóxer, por suerte los vidrios de la camioneta se habían empañado lo suficiente y sumado a la gran lluvia que golpeaba en los vidrios no permitía que de afuera se llegara a percatar lo que sucedía dentro del vehículo.
Una vez que su sexo quedó expuesto ante mí, lo disfruté contemplando su completa erección, “su gran potencial”.
Observaba mi proceder con minuciosidad, contrariamente a minutos previos mantenía sus ojazos bien abiertos, me miraba con delirio, con deseos de que mi boca se apropie de su miembro.
Me tomó del cuello y me acercó a su boca, por unos minutos me hizo esclava de sus besos, me sometí fascinada, hechizada.
Empujó mi cabeza lentamente diciendo:
- ¡mira cómo se puso por vos!
¡Chúpala! Preciosa, te pertenece.
Sin rodeos con la saliva de ambos bajé a su virilidad y se lo empecé a devorar, en segundos llené mi boca con su pija. Tuve que hacer un gran esfuerzo por meterla toda.
La tiene muy, muy, grande, fácilmente ronda los 23, 24 cm, para colmo mi boca es angosta, dificultando la deglución. Esto hizo que salivara más de lo normal y cayeran sobre sus testículos. Que rato después bajé a limpiarlos con mi propia lengua.
Durante todo el pete no dejé de mirarlo a la cara.
Cuando sintió que estaba por estallar me tomó con ambas manos la cara y me la levantó y con su vista enardecida me preguntó si quería recibir el semen en mi boca o si prefería fuera de ella.
Le respondí: No, déjame tomarme tu lechita, quiero probar tu sabor.
Gimió y jadeo entre extraños balbuceos, eso me puso frenética y aligeré más aun la succión.
Se ve que mi comentario anterior lo “sacó” porque me empezó a coger la boca mientras su cuerpo temblaba sin parar, y con fuertes espasmos acabó de forma exquisita y abundante, rebasando mi boca con su lechada.
La que no dude en tragar mientras le mostraba como la ingería, y con la yema de mi dedo índice recogí lo que había quedado fuera, y chupetee con devoción mi dedo como si se tratase del más rico de los chupetines.
Ese hombre desconocido por mí hasta el momento había logrado en poco más de 1 hora seducirme de manera asombrosa.
Su cara entusiasta fue mi veneración.
Levanté mi rostro y con sus brazos ya flojos pero aun acariciando con ternura mis cabellos fui directo a su boca y besé sus labios con todo el sabor de su masculinidad en los míos.
- ¡Sos extraordinaria!
Me hiciste gozar como en mis mejores épocas de adolescentes. –
Me alegro que hayas disfrutado, también yo gocé muchísimo.
- Mientras no venga el remolque podemos seguir disfrutando… -
Y me comió la boca de una. Su pija seguía como garrote, mientras me chupeteaba las lolas.
Encendida totalmente, deseaba que me cogiera ahí mismo.
Bajé a su cuello y luego de lameteárselo todo, fui directo a respirarle a sus oídos, y se los empecé a mordisquear suavecito, una y otra vez. Enceguecido por completo buscó mi conchita, corrió la tanga hacia un costado, reclinó el asiento al máximo y tras tomarme con sus brazos me sentó en su falda.
Me recosté sobre él, y tras una odisea pude al fin montarme en su mástil.
Fue una hermosa y excitante cabalgata, yo acabé inmaculadamente por dos veces consecutivas, a él le costó un poco llegar, y cuando lo consigue me dice:
- No traigo condón, ¿y ahora? ¡Muero por acabarte adentro!-
¡Hazlo! Yo estoy a punto otra vez…
¡Uy nena! ¡Me matás! ¡Despiértame! creo que me quedé dormido –
Entre quejidos me arrancó una sonrisa.
Con voz exaltada le rogué que me acabara, estaba enfervorizada, necesitaba sentir su vigor, ese fuego producto de un encuentro audaz, y fructífero.
Estábamos a pleno cuando golpearon el vidrio de la camioneta, eran los del remolque.
Me enderecé rápidamente con el semen chorreando por mi entrepierna, me acomodé la bombacha que hizo a la vez de absorbente.
Él aun con los normales espasmos y con sus piernas flaqueando se incorporó ligeramente tras alistarse la ropa.
Al toque se bajó y tras hablar un momento en medio de la tempestad, volvió a subir para pedirme las llaves del auto.
Pregunté si era necesario ir en la grúa y me dijo:
- De vos, me encargo yo –
Y se fue guiñándome un ojo tras una sonrisa cómplice.
Ultimaron los detalles, dirección dónde llevar el vehículo y esos por menores y volvió a subir, “empapado” el pobre.
Pero ni eso borró la alegría que se veía reflejada en su rostro, de muy buen humor, buen carácter, quizás.
Se sentó, me dio un beso apasionado que al día de hoy que lo recuerdo se me eriza la piel, y me dice:
A partir de ahora vos vas a ser mi princesa. No pienso dejarte ir.
Y emprendió la marcha siguiendo el remolque.
El viento golpeaba fuerte, y a los costados de la ruta se podían ver algunos presagios del vendaval.
Llegamos a la ciudad, y tras preguntarme si quería irme con él o dejarme llevar hasta el sitio que debía ir, se contentó con mi respuesta.
Y salió con dirección desconocida por mí. Pero increíblemente “ese” hombre me inspiraba plena confianza. Tanta que lo dejé acabar dentro de mí ser, estoy re loca, ¡sí! ¡Lo sé!
Pero así soy aventurera, impulsiva y atrevida.
Y no me fue tan mal, para ir cerrando este episodio les cuento que fuimos a un hermosísimo y lujosísimo departamento que me dijo ser de su propiedad y tras volver a hacer el amor, pero más cómodamente en una amplia cama me contó parte de su vida, y yo de la mía.
Resultó ser casado con alguien mucho mayor; con una señora de 55 años, muy adinerada ella. Dueña de varias agencias de viajes tanto de Mar del plata como en otras localidades, motivo por el cual Lucio viaja bastante seguido.
Qué quedó alucinado conmigo ya lo habrán notado, por ende me pidió de seguirnos viendo, las veces que fueran posible.
Me entregó un juego de las llave del departamento para qué cada vez que yo viaje tenga donde parar.
Parecerá un cuento de ficción, pero es la más absoluta de las verdades.
Nos estamos viendo 1 vez por semana, en diferentes días, hasta ahora nunca los fines de semana, como es obvio el debe “cumplir” el rol de esposo.
A mí de verdad no me interesa lo que haga con ella, por vez primera hago de amante y no me siento mal por eso, lo estoy disfrutando a pleno.
Me ha llenado de regalos.
Tiene muy buen gusto, algunos muy caros, otros no tanto, pero para mí pesa más el valor sentimental, y eso es lo más importante para una mujer completamente enamorada como lo estoy yo.
Estoy fascinada con él, me seduce con cada gesto, cada mirada, me gusta su caballerosidad, su porte.
Es pulcro como pocos, jamás huele mal, no fuma (fundamental para mí), rara vez toma alcohol salvo cuando la circunstancia así lo amerita.
Recién llegó de estar con él, y por 2da vez me acaba de regalar 3 pasajes para irme con mis 2 mejores amigas a París, el anterior me lo dio a elegir, y opté por ir a México, también fui con las mismas amigas que ahora invitaré.
Esa vez conocí Cancún, Acapulco, Playa del Carmen, Cabo San Lucas, y Veracruz.
Lugares bellísimos que no sé si hubiese logrado conocer de no ser por él.
En este nuevo viaje a diferencia del anterior me prometió sumarse a nosotras una semana después. Y a modo de chiste me dijo que le encantaría que entre las 3 le hagamos “la fiestita” de bienvenida.
Me dio mucha risa el comentario, se lo festejé como lo que creí que era, un chiste,
Mirándome a la cara y con su mano en mi mentón me vuelve a decir:
- es enserio, ¡Princesa!
¿No te gustaría agasajarme con tus amiguitas? –
Me estás jodiendo…
No me esperaba de vos un pedido así.
¡A mí me encantó! Hay que ver si las chicas se prenden…
Me estás jodiendo…
No me esperaba de vos un pedido así.
¡A mí me encantó! Hay que ver si las chicas se prenden…
Pero eso ya será motivo para otra nueva historia.
Espero que hayan disfrutado de esta.
Y perdón por la demora en los finales.
Hasta la próxima…
Esto fue un relato más de mí autoría.
Saludos y besitos húmedos con sabor a mar…
Martina
Pues pareces muy maricón, hijo…
Me encontraba bastante borracho, tanto, que llevo casi tres días sin escribir, llevo todo este tiempo bebiendo casi sin parar. Pero mi hígado ya me ha dicho que basta. Ahora toca escribir para vengarme de un mentiroso más…
* * *
Yo no esperaba que me entrara nadie en ese momento. Me limitaba a beber un gyn tonic, apoyado en la barra de un bar de ambiente. Fue él quien se acercó a mí. Parecía atractivo. Era alto. Ojos claros, entre azules y grises. Pelo negro. ¿Treinta años quizá?. Puede ser más o menos así. Charlamos un buen rato. Parecía muy suelto y lanzado en el sexo. No me hice de rogar. Todo comenzó cuando me preguntó:
-¿Eres pasivo o activo?
-Versátil. Le doy a todos los palos, maricón…
-Yo activo…-Cuando dijo esto me miró con ojos de deseo- Me gustan como tú, jovencitos. Pareces macho de aspecto, pero a veces tienes cierta pluma, la justa. Me encantaría follarte…
-¡Oh! Gracias…
-¿Te molo?
-No me disgustas.- No hay que alagar más de la cuenta, que luego se lo creen. Me gusta quedarme corto en estos temas.
-¿Qué te gustaría hacer en un polvo?
-Ya te he dicho que le doy a todos los palos…No sé, lo que a ti te apetezca…
-Me gustaría que nos pusiéramos la ropa interior del otro al follar…
-Vale.
-Quiero que me la chupes al principio, te metas mis huevos en tu boca. Luego te voy a follar, mientras te haré una paja. Me molaría que te tragaras tu semen cuando te corrieras, a la vez que te la estoy metiendo…
-Ok.-Fue a darme un pico. Me separé. Puse una mano en su pecho. Cuando es tan claro el asunto, prefiero no besar. Soy así de caprichoso- Quieto. Sin besos.
-¿Y eso?
-Soy como las putas, intento besar sólo por amor…-Le mentí.
-Bueno…¿Nos vamos a tu coche o el mío?
-El mío es diminuto. Si el tuyo es grande, mejor…
-De acuerdo, entonces vámonos al mío.
Fuimos en silencio hacia su coche. Condujo hasta una zona apartada. Un polígono industrial. Me pareció excesivo ir tan lejos. Quizá pensara en asesinarme, fue lo que pensé. Aparcó. Nos desnudamos. Nos intercambiamos la ropa interior. Reconozco que mis boxer eran mucho más monos. Su ropa interior se cernía a un slip blanco. Demasiado soso, concluí.
Se sacó la polla por la parte de arriba de mis boxer en préstamo. Estaba empalmado. Dieciocho centímetros de carne, calculé. Recorrí la longitud con mi lengua. Cumplí sus deseos metiendo sus testículos en mi boca. Apreté un poco, sólo un poco. Su placer crecía sin parar. Se la chupé un rato más. Cuando decidió que era suficiente me hizo detener mi labor. Me senté en el asiento del copiloto. Regulé el asiento hacia atrás, dejándolo al plano. Me bajé sus slips a los tobillos. En pompa, le ofrecí mi culo, mi agujero de la pasión. Se colocó. Se lubricó la polla. La metió con fuerza. Me causó un poco de dolor al principio. Sentí la inyección de carne en barra en su totalidad, dieciocho centímetros de polla en mi interior. Arqueé mi espalda por el placer. Me comenzó a pajear mientras me follaba. Todo iba según lo acordado. No tardé en correrme, lo hice muy pronto. Mi semen cayó en mi pecho, lo recogí con los dedos y lo tragué. En ese instante sonrió de una forma muy de psicópata, justamente cuando eyaculó. Gritó de placer, muy exagerado. Me clavó las uñas, intensamente. Se dejó caer en su asiento. Nos recompusimos. Comenzó a vestirse, con mis boxer puestos.
-Oye…Espera- Le detuve.
-¿Qué?
-Mis boxer…
-Me gustaría que cada uno se llevara lo del otro…
-Perdona, pero no…Tus slips son de mercadillo, mis boxer son de marca…Así que ya sabes, maricón.
Refunfuñó un poco, pero me devolvió mi prenda. Ahora nos vestimos, cada uno con su ropa interior. Todo en orden, como debe ser. Me llevó de vuelta al centro de Sevilla. Antes de abandonar el coche, me confesó:
-¿Sabes una cosa?
-Dime.
-Eres el primer tío al que se la meto…
-No me lo imaginaba.
-Tengo novia…
-Pues pareces muy maricón, hijo…-Con esto último me despedí de él.
Gléz-Serna
