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Deshojé con besos los dedos sus pies
Claudio Wietstruck
Deshojé con besos los dedos de sus pies.
Devoré el terciopelo de su intimidad.
Devané la seda blanca de su espalda.
Mimé sus pechos altivos.
…¡aaah!…
…paré en seco al besarla…
Queeémaaalalieeentooo…
Llevaba meses obsesionado con poseerla.
Con algún recelo, proseguí abajo…
Con besos, seguí deshojando sus pies…
La duda
Estábamos los cuatro en la playa, el agua más o menos al nivel de mi pecho, por lo que mi esposa y su amiga a duras penas hacían pies. Ellas se mantenían a flote unas veces a saltitos y otras sujetadas sobre nuestros hombros.
Era fácil notar la silueta de sus pezones, no sé si por temperatura del agua o por la excitación del momento, pero sus pezones desafiaban la opresión del sujetador y se erigían totalmente visibles por encima de estos.
Mi esposa se mantenía con sus brazos alrededor de mi cuello y sus piernas abrazaban mi cintura. Todo tan bien concebido como que mi sexo y el suyo convergiesen en un roce embriagador, solo separado por las finas telas de su bañador y el mío.
Por otra parte nuestra pareja amiga posaba exactamente en la misma posición, no sé si nosotros los imitábamos a ellos o ellos a nosotros. Aunque hasta ahora estos solo mantenían una relación de amistad.
La conversación se hacía muy amena, y manteníamos muy poca distancia una pareja de la otra, cierto es que lo pasábamos de maravilla, pues todo lo que se decía era especialmente susceptible al doble sentido, lo que unido al buen ambiente y a los cubatas antes consumidos nos mantenía a todos súper excitados y con ganas de marcha.
Mi amigo no dejaba pasar oportunidad de sobar a su nueva presa, mientras conversábamos se podía notar como le iba amasando cada rincón de su cuerpo sin limitarse en lo más mínimo. Era muy graciosa la escena y los comentarios de su chica, pues de cuando en cuando exclamaba con mucha gracia,, “este tío es peor que un pulpo” y echaba a reír mientras le apartaba las manos de su cuerpo.
Pasado un rato se hizo un momento de silencio, puede que por haber agotado los temas o por el deseo de tocarnos con más privacidad, cada pareja siguiendo un guión no pactado se dedicó a lo suyo y nos deleitamos en actividades propias de los enamorados.
Aproveché la ocasión para sacar mi excitado miembro por encima del incómodo bañador, mientras con el rabillo del ojo no perdía detalle de las actividades de nuestros amigos, y por lo que pude apreciar Claudio también había liberado su miembro aprovechando el camuflaje que le brindaba el mar azul intenso.
El nivel de excitación de mi amigo Claudio era evidente, y ya estaba en un estado en el que no quería disimularlo, todo el tiempo se insinuaba a su amiga, mientras esta lo evitaba ya sin ningún disimulo.
Ella intentaba mantener el control para no romper la magia del momento, por lo que discretamente se apartaba de Claudio, aunque pasados unos segundos, forzosamente tenía que volver pues no hacía pies y se cansaba de andar a saltitos sobre la punta de sus diminutos pies.
Cansada de su disimulada lucha con Claudio y con carita de disgusto se nos acercó entre risas medio en broma medio en serio y nos dijo, “tu amigo esta descontrolado, vamos a tener que ir a donde el agua esté un poco mas fría”.
Todos reímos para romper la tensión del momento y para ayudar a la pareja a salir de la embarazosa situación. Él por su parte le decía a Esther que lo estaba calumniando y que no había pasado nada entre ellos.
Mi esposa por su parte reía de lo lindo, mientras le decía a modo de burla, “guárdate eso Claudio, a ver si viene un pez y te lo come”¡¡, en clara referencia a su miembro, mientras que Claudio argumentaba que él no tenia nada que guardar, pues todo era mentira de Esther para separarse de él. A decir verdad desde mi posición no podía ver si Claudio llevaba su miembro fuera del bañador o no.
El pobre chico no podía ni meter los brazos en el agua, pues mi mujer y su amiga comenzaban con el cachondeo y la burla insinuando que se estaba arreglando el bañador para guardar su miembro.
Ya en este momento Esther se sujetaba de mi hombro a la par de mi mujer y la verdad que se me hacía un poco incómodo sostenerlas a las dos.
Mi mujer, de atrevida nadó hasta donde estaba Claudio, mientras le decía a Esther: “Creo que exageras, voy a ver cuán desnudo está Claudio, o si es que tu lo que quieres es estar cerca de nosotros para disfrutar de mi marido”, y terminando esta frase se aguantó del hombro derecho de Claudio.
Por supuesto, que la cara de Claudio era de completa sorpresa, pues no se imaginaba ese atrevimiento de mi mujer.
Ella inspeccionaba como intentando descifrar qué había debajo del agua a escasos centímetros de su cara, mientras decía en tono jocoso, “Claudio tiene el bañador correctamente y no hay nada que temer”, por supuesto, las escandalosas risas continuaban una vez más de forma descontrolada.
Claudio, con cara de satisfacción por demostrar su inocencia le ofrecía a su amiga Esther que volviese junto a él, pero esta insistía mientras decía que no se fiaba.
Todo volvió a la normalidad, y volvimos a conversar, pero sin darnos cuenta, Esther estaba sujetándose de mi hombro y mi mujer descansaba en el hombro de Claudio.
Esther me decía medio en serio medio en broma, “Alex, ten cuidado con Claudio, que yo tuve que salir de su lado como una bala para que no me follara, este tío tiene algo muy grande”,,, a lo que todos contestamos con risas, mientras mi mujer le advertía, “como se le ponga dura se la corto”,,jajajaj y así transcurría otra sesión de buen humor y buen rato.
Continuamos en los juegos de doble sentido mientras yo por mi parte intentaba meterle caña a Esther todo lo que discretamente me permitía sin llegar a enfadarla como había pasado con Claudio.
Cuando puse atención a mi mujer, esta estaba en la misma pose en la que había estado antes conmigo, con sus dos manos sujetándose de su cuello mientras con sus piernas rodeaba su cintura.
No me pareció bien aquella escena y aunque sabia que luego me daría algo de morbo, en ese momento no pude contenerme y le repliqué por la posición que estaban manteniendo.
Mi mujer con carita de angelita morbosa me dijo, “no pasa nada, sois unos mal pensados, solo estamos en una pose cómoda para los dos”, pero a juzgar por la cara de Claudio, allí estaba ocurriendo algo mas.
Mi mujer insistía en que no pasaba nada, que ella estaba quieta, además para follar en el agua había que mover bien la cintura, y ella estaba quieta, Esther con toda la maldad del mundo le preguntó, “¿y cómo se mueve la cintura en el agua?” a lo que mi mujer con una sonrisa de oreja a oreja y con la máxima cara de morbo le contestó con un gesto demostrativo mientras movía la cintura simulando que estaba follando con mi amigo, primero en movimientos alternativos lineales hacia atrás y hacia alante, y luego en círculos en un sentido y en el otro.
Por su parte Claudio la sostenía por la parte arqueada de su espalda mientras me miraba con cara de morbo y me decía “yo no estoy haciendo nada, es ella la que se mueve en este cachondeo para enfadarte”.
Las bromas y las risas continuaban y mi mujer que no se estaba quieta, nos dice a todos, “¿vosotros conocéis la pose del rodeo de Texas?, antes de dejarnos contestar continuó, “pues ahora mismo se los muestro”, y con una mano se sujetó del cuello de Claudio, mientras alzaba el brazo derecho simulando llevar una cuerda, moviendo las caderas como una posesa, así e inclinando su cabeza hacia atrás, gimiendo y con los ojitos en blanco, con carita de enferma estuvo unos largos e infinitos segundos en los que fingía estarse corriendo mientras cabalgaba a mi amigo.
Superado este momento, y viendo como su amiga casi se muere de la risa ante sus payasadas, se soltó del cuello de Claudio se hundió en el mar y volvió nadando hasta mi lado para abrazarme apartando a Esther de su posición.
Pasados unos pocos minutos de calma, con un gesto sugestivo me invitó a salir del agua, Intentaba darme unos mimos pues se me notaba en la cara que aquel juego no me había gustado nada.
Justo a cincuenta metros de la playa estaba el hotel, al llegar a nuestra habitación enchufé la tele mientras ella se sacaba el bañador y se soltaba el pelo. Una vez desnuda se acercó y me tumbó en la cama, se subió en esta parándose encima de mi con un pie a cada lado de mi cuerpo, entonces me señalo su sexo mientras se lo abría de par en par con ambas manos.
No podía creer lo que estaba viendo, un espeso mar de lava blanca emanaba de su sexo, unas tremendas gotas de leche brotaban de su protuberante y rojo sexo de mujer y caían encima de mi pecho, quedé tieso, mi miembro se erguía con una fuerza que no me dejaba pensar, no podía decir palabra alguna, me había quedado mudo ante aquella imagen, solo reaccioné al escucharla decir, “esta es la prueba de la follada que le di a tu amigo en la playa, ¿te gusta? ¡¡¡¡”
El plácido epílogo del invierno
Claudio Wietstruck
Qué considerado traerme a tu habitación, rescatándome de la intemperie invernal.
Qué grato que masajees mi cuerpo con aceites esenciales.
Qué deleite el calor de tus manos -de tu sexo dentro de mí.
Pero te aclaro:nunca estuve aquí contigo.
Tan sólo soy el plácido epílogo de este sueño que está por terminar.

