Posts Tagged ‘coño’

Una aventura sexual

Llevábamos mucho tiempo esperando hacer ese viaje. Por fin había conseguido que coincidiera mi día de fiesta con el de mi novia.
Pero antes de nada creo que debería presentarme, yo soy Carlos, 45 años, moreno, bastante bien físicamente pero supongo que la que interesa es ella, Laura, 25 años, rubia con la melena a media espalda y una figura que todo el mundo, chicos y chicas se vuelven a mirar pues tiene un pecho generoso, estrecha cintura y unas caderas remarcadas por un culito pequeño y duro que me encanta apretar y sentir lo frío que esta siempre.
Yo estoy casado, bueno, sigo soltero, la que esta casada es mi mujer, pero Laura y yo somos pareja desde hace 4 años y e de reconocer que siempre me a gustado ver disfrutar a mi chica con otras personas, sean hombre o mujeres, aunque prefiero siempre que sean hombres los que gocen de ese cuerpo, este presente yo o no, pues hemos hecho tríos, intercambio e incluso a veces le e pedido que salga sola por ahí a ligarse un tío para que se la folle y después, al llegar a casa, sea yo quien le haga el amor y le hace disfrutar mientras me cuenta todo lo que a hecho o le han hecho. Considero que no soy un cornudo puesto que siempre estoy al corriente de sus aventuras e incluso las animo por lo tanto no las considero infidelidad.
La recogí esa tarde y vino tal y como yo le pedí que lo hiciera, perfectamente maquillada, blusa con buen escote sin sujetador y minifalda de vuelo, los tacones hacían que la faldita se moviese a un lado y otro cada vez que daba un paso, estaba preciosa y a mi me vuelve loco esa mujer.

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Su coche nuevo

Tan sólo hacía un mes que había estrenado el coche, un regalo de papi por haber aprobado la carrera. Estaba muy contenta, se acabaron los interminables pasillos del metro, las carreras y los apretujones en el vagón. Los fines de semana solía coger el de su padre, sobre todo cuando salía de caza con ganas de follar, el lugar lo tenía asegurado. Si el asiento trasero de aquel coche hablara, su padre la desheredaba.
Ahora disponía ya de su propio picadero, y bastante grande, pues su viejo era de fuertes tradiciones militares y si hubiera podido comprarle un tanque para su seguridad, lo hubiera hecho.

Pero lo que más le gustaba de su nuevo coche, sin duda, era la palanca de la caja de cambios. gruesa y corta, acababa en un enorme pomo que desde el primer momento se le asemejó a una polla. El frio tacto y la suavidad de aquel acabado le excitaba de tal manera que en los semáforos se sorprendía acariciándolo como si de un glande se tratase. Poco a poco aquel objeto empezó a convertirse en una pequeña obsesión, por las noches se masturbaba como una fiera imaginándose como sería meterse aquella enorme bola por el coño; se obsesionó tanto que pensó en ir a un desguace a conseguir la misma pieza y convertirla en su consolador, pero desechó la idea por vergüenza, aunque se corrió imaginando que un sucio mecánico la follaba con la palanca.

El sábado por la mañana decidió hacer realidad su perversión; condujo hacia las afueras de la ciudad, al campo, donde poder llevar a cabo sin molestias y mirones su fantasía; aparcó entre unos árboles, tiró del freno de mano y colocó el punto muerto. Reclinó su asiento hacia atrás, se subió la falda y comenzó a acariciarse, descubriendo lo mojada que estaba ya sin necesidad de lubricante. Reclinó también por completo el asiento del copiloto, lo que dejaba el objeto de sus deseos solo en el centro, erecto, dispuesto a proporcionarle placer. Lamió la bola como si de un glande se tratara, frío en contraste a una polla real pero suave y agradable, lo mamó pellizcándose los pezones, imaginando que pertenecía a un hombre real. Colocó cada rodilla en un asiento, se abrió los labios y observó como la bola iba desapareciendo en su coño, sintiendo su fuerza, su grosor la dilató al máximo, para luego tragársela entera; lágrimas de felicidad y placer brotaron de sus ojos a la vez que se corría por primera vez; agarrada al salpicadero fue penetrándose más allá de la bola, sintiéndose muy cerda y depravada, asustada por una parte por estar disfrutando follándose su coche, pero a la vez excitada y disfrutando del momento; cuanto más entraba la bola en ella, su imaginación iba llevándola a nuevos sitios de disfrute morboso, el parking de su casa,el de un centro comercial, se imaginó a varios hombres  pegados a los cristales viéndola disfrutar con la palanca en el coño mientras se masturbaban; cabalgaba tan fuerte que sintió el frio del freno de mano en su culo; fuera de si abrió sus nalgas para sentir aquella sensación en el ojete y su culito tragón engulló parte del freno; empalada por sus dos agujeros, se corrió varias veces hasta que el placer se convirtió en dolor. Se desempaló y lamió ambas fuentes de placer, sintiendo el sabor de su sexo sobre los objetos, corriéndose nuevamente mientras lo hacía, esta vez ayudada por sus dedos.
Se recompuso como pudo y volvió a la ciudad. le ardían el coño y el culo, pero era feliz. Le encantaba su nuevo coche.

Las aventuras de Nena Palote y su cipote ( 12ª Parte)

Volvía de comprarme unos modelitos nuevos. Muy monos ellos y baratos, por cierto. Yo andaba por una de las callejas del centro. Una muchacha andaba delante de mí. Iba despacio y yo tenía prisa, así que fui a adelantarle. La miré. Estaba preñadísima. Se agarraba la tripa y tenía muy mala cara.

-¡Qué mala cara llevas, hija!

-Me duele todo…Creo que estoy de parto…

-¡No me digas eso! –Me acerqué a ella. Sudaba a borbotones y tenía la cara blanca.- ¡Tenemos que ir al maternal!

Maldiciendo mi mala suerte la llevé a una avenida concurrida que estaba en las cercanías.

-¡Aprieta el coño por lo que más quieras! ¡Aguanta!- Intenté animarla. Me acerqué al asfalto. -¡Taxi!

El taxi me ignoró.

-¡Tu puta madre, maricón! –Maldije.

Viendo que no paraba ninguno (y no lo entiendo, por el escote que yo lucía…), me arrojé al tráfico. Los coches pitaban y me esquivaban. Me puse con los brazos en cruz, para parar algún coche. Uno paró.

-¡Joder, me cago en mi puta suerte! –El conductor era Miguel (el doble de Imanol Arias). Me acerqué a la ventanilla.

-¿Qué coño estás haciendo, Nena? –Preguntó con cara de circunstancia.

-Mi amiga está de parto… -Señalé a la muchacha y la llamé- ¡Ven, cariño, este tío tan guapísimo nos va a llevar!

-Pero Nena, tengo prisa…

-Yo también, maricón, y el niño más todavía…

-Es niña…Aiiiiii…-Aclaró la madre al montarse en la parte trasera del coche, y yo con ella.

-¿Bueno, a donde vamos?- Preguntó Miguel.

-¡Al maternal, coño! –Grité yo.

Miguel condujo a toda velocidad. La muchacha respiraba agitada y gritaba. Yo de todo esto no tenía ni idea sobre qué hacer. De repente comenzó a manchar con un líquido la entrepierna y el coche. Así que extrañada le dije:

-¡Coño, no te mees, que eres ya mayorcita, hija!

-¡No estoy meando, estoy rompiendo aguas, joder!

-¡Hostias, no me manches el coche!

-¡Tú conduce y calla! –Le ordené a Miguel.

-¡Aprieta el coño, métete los dedos! ¡Haz algo, pero no lo escupas! ¡Aguanta, por Dios! –La animé- Yo de matrona tengo poco, maricón…¡Corre, Miguel, corre!

-¡Ya llegamos!

-¡Corre que llega el niño!

Paró el coche en la puerta de urgencias. Salí del coche gritando:

-¡Rápido, un médico, que esta escupe el niño de un momento a otro!

Por lo menos fueron veloces en recogerla y llevarla dentro. Yo fui tras ella y vi nacer a su hija, preciosa. Al rato salí fuera para fumarme un cigarro. Miguel se había ido. Volví con la madre y me ofreció ser la madrina cuando el bautizo…¡Voy a amadrinar a una niña, maricón!

Nena Palote