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Tan negra como la noche
Tan negra como la noche, sin dudas ni temores, ante todas las razones que hicieron que mi corazón su
Él no era nada llamativo…
La belleza no era su mayor atributo. Tampoco destacaba en la cultura. No precisaba de cuidados mÃnimos de belleza. Cuando oÃa la palabra “exfoliarse´´ pensaba que era algo parecido a “follarse´´. Su peinado no era nada del otro mundo. Por no decir que su polla era la más común de las pollas. ¿En el sexo? Aprobado, para ser sincero me los he topado peores en asuntos de alcoba… Si te preguntas que hizo que me fijara en él tampoco lo fue sus manos. Sus ojos eran marrones. No era nada llamativo…
Pero he de comenzar por reconocer que todo era por lo que era, por su corazón. Aunque fuera teatro, por su parte, me engañó con su corazón. Nadie mejor que tú sabrá cual es la verdad de tus amantes. Esto te lo digo porque él me engañó haciéndome creer en un Dios que jamás creyó en mÃ… Nadie mejor que tú podrá decidir cambiar y encontrar otra realidad. Esto te lo afirmo yo, porque me ocurrió asÃ. Nos engañamos con fantasÃas, con falsas palabras de amor muy bien escogidas por otros…
Mi mayor defecto fue mi incredulidad. Yo, ciego de amor, no pude ver sus mentiras, como intentaba controlar mis emociones y mi corazón. ¿Quieres saber cuál era su verdadero atributo? Pues que era el mejor actor que podrás encontrar…
Gléz-Serna
Sexo, agresión, violación y venganza…
Hoy vuelvo al blog, con el permiso de Nena Palote. El amor es una ponzoña para el corazón… Con esta frase sentencio al sentimentalismo. Llevo varios dÃas de esos que sientes la inquietud de una atracción fatal, pero para algo más que un polvo. Es una locura de las mÃas. Algo muy platónico, maricón. Una vez al año (no falla) sufro un amor de los imposibles… Pero en fin, no he venido a hablar de esto, sino de un polvo que eché el otro dÃa…
HabÃa quedado con un señor veinte años mayor que yo. Un padre de familia reprimido y hambriento de carne joven. Un activazo, según sus palabras. El tipo habÃa organizado un trÃo conmigo y con otro chaval más. SerÃamos dos pasivos (yo olvidarÃa mi versatilidad durante el coito) y el cuarentón nos follarÃa. Realmente era cumplir las fantasÃas sexuales del tipo. Es lo que tienen los maricones reprimidos, lo que no realizan dentro del matrimonio lo buscan por fuera…
Llegué al piso. Me abrió. No me gustó en absoluto su fÃsico, pero en mi estado actual sólo busco polvos para olvidar el mundo mientras follo. Un engaño para mi corazón. Fuimos al salón. Me ofreció una copa. Pedà un gin-tonic y un cenicero…
-No, no fumes…-Contestó.
-¿Por?
-Verás, a mà me da igual, pero el olor queda y mi mujer…
-¿Tu doña percibe los cuernos por el olor a tabaco?
-¡No quiero que fumes! –Gritó.
-Si es por eso me voy… -No me gustó esa orden (aunque quizá más por lo de fumar). Me levanté ya con el cigarro encendido.
-¡No, no te vayas!
-¡Encima que vengo a tu piso con discreción y sabiendo que soy la otra, gilipollas!- Me enfadé.
Me dirigà hacia la puerta. Se puso en medio. Forcejeamos. Grité:
-¡Pero qué haces!
-¡Quiero follarte!
-¡Pues yo no! –Me propinó un guantazo. Nos distanciamos y miramos en silencio. Por el rabillo del ojo vi un jarrón divino para devolverle el golpe. Se lo lancé a la cara.
-¡Hijo de puta!
Corrà hacia la puerta. No podÃa abrir. Estaba cerrada con llave. Aporreé con todas mis fuerzas, nada. No tenÃa escapatoria. El tipo me alcanzó y abofeteó de nuevo. Entonces acepté que me follara, ya que asà no habrÃa más daños colaterales.
Supuestamente tenÃa que venir el otro chaval para el trÃo. No apareció nadie. Me llevó a su cama conyugal y me tumbó. Cerré los ojos y me dejé hacer. Después de petarme se corrió sobre mi pecho desnudo, impregnándolo con su leche.
El tipo resultó llamarse Roberto. Te aseguro que pienso aparecer de nuevo en su vida, pero esta vez para vengarme. SerÃa genial que su mujer e hijos se enteraran de lo maricón que es. Un actor. Un falso. Un hipócrita. Un insensible. Un hijo de puta…
Gléz-Serna