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Trabajo nuevo

Después de mucho tiempo buscando encontré el trabajo de mis sueños en una gran empresa bien situada y que mejor forma de celebrarlo que con las amigas de fiesta.

Así que allá fuimos, al local de moda de la ciudad, donde bailamos y bebimos dándolo todo. Bien entrada la noche se nos acercó un grupo de hombres, atractivos y bien parecidos todos; a mi el que mas me llamó la atención fue uno moreno, alto, musculado pero sin exageración, a través de la tela de su camisa se podía entrever su torso bien formado y sus brazos fuertes probablemente de largas horas en el gimnasio. A penas cruzamos palabra, solo nos miramos y comenzamos a bailar, cada vez mas juntos, abrazados sin seguir el ritmo de la música, solo queríamos tocarnos, sentirnos el uno al otro. Y así seguimos hasta que comenzamos a besarnos, entonces nos miramos a los ojos, me agarró de la mano y salimos del local.

Montamos en su coche, un deportivo de ultima generación, pintura metalizada, asientos de cuero, un goce para todos los sentidos. Dicen los entendidos que oír rugir los motores de este tipo de coches se asemeja a sentir un orgasmo. En el trayecto en coche apenas hablamos, él estaba concentrado en el trafico mientras con una de sus manos levantaba la falda de mi vestido para acariciarme el muslo. En poco tiempo llegamos a su apartamento.

Al entrar ni encendimos las luces, nos abalanzamos el uno hacia el otro, besándonos, acariciándonos y arrancándonos la ropa hasta quedar completamente desnudos en el recibidor. Me dio la vuelta apoyando mis manos en la pared, con las piernas separadas y el culo en pompa y así me penetro, gimiendo de placer mientras sentía sus acometidas, una de sus manos agarraba mi cadera y la otra masajeaba mis pechos. No sé cuanto tiempo permanecimos así, yo creí enloquecer de placer, sintiéndole detrás, su cuerpo pegado al mío, íntimamente unidos. No sé cuantas veces llegué al orgasmo, me sentía desfallecer cuando él con un gran bufido descargo su semilla por mi espalda. Y así nos quedamos un rato mas, yo de cara a la pared y el apoyado en mi cuerpo pringandonos los dos con su semen.

Al fin me cogió en brazos y me llevo al baño. Me sentó en un taburete, me dio un largo beso y procedió a llenar de agua la gran bañera que había en el centro de la estancia. Una vez llena me metió dentro y a su vez entro él y así permanecimos abrazados y totalmente relajados hasta que se nos empezó a arrugar la piel por la humedad.

Salimos del agua y nos secamos con unas grandes toallas, blancas y mullidas. De nuevo me cogió en volandas para depositarme con mucha suavidad sobre su cama. Y volvimos a amarnos, esta vez yo estando encima, calbalgándole como si me fuera la vida en ello, sintiéndome completamente llena, estremeciéndome de placer en cada embestida. Y así seguimos hasta que nos corrimos a la vez, con sus manos agarrándome de las caderas y mis uñas clavándose en su pecho. Al final nos quedamos dormidos en esa misma posición, yo sobre él, con su polla aún en mi interior.

Pasadas unas horas me desperté, él seguía profundamente dormido, con cuidado me separé de su lado, recogí mi ropa que aún seguía en el recibidor, me vestí y salí sin mirar atrás.

Una noche redonda, me dije, que equivocada estaba…

Una aventura sexual

Llevábamos mucho tiempo esperando hacer ese viaje. Por fin había conseguido que coincidiera mi día de fiesta con el de mi novia.
Pero antes de nada creo que debería presentarme, yo soy Carlos, 45 años, moreno, bastante bien físicamente pero supongo que la que interesa es ella, Laura, 25 años, rubia con la melena a media espalda y una figura que todo el mundo, chicos y chicas se vuelven a mirar pues tiene un pecho generoso, estrecha cintura y unas caderas remarcadas por un culito pequeño y duro que me encanta apretar y sentir lo frío que esta siempre.
Yo estoy casado, bueno, sigo soltero, la que esta casada es mi mujer, pero Laura y yo somos pareja desde hace 4 años y e de reconocer que siempre me a gustado ver disfrutar a mi chica con otras personas, sean hombre o mujeres, aunque prefiero siempre que sean hombres los que gocen de ese cuerpo, este presente yo o no, pues hemos hecho tríos, intercambio e incluso a veces le e pedido que salga sola por ahí a ligarse un tío para que se la folle y después, al llegar a casa, sea yo quien le haga el amor y le hace disfrutar mientras me cuenta todo lo que a hecho o le han hecho. Considero que no soy un cornudo puesto que siempre estoy al corriente de sus aventuras e incluso las animo por lo tanto no las considero infidelidad.
La recogí esa tarde y vino tal y como yo le pedí que lo hiciera, perfectamente maquillada, blusa con buen escote sin sujetador y minifalda de vuelo, los tacones hacían que la faldita se moviese a un lado y otro cada vez que daba un paso, estaba preciosa y a mi me vuelve loco esa mujer.

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