Posts Tagged ‘de la mano’
Pide y se te dará
Hoy quiero verte.
Realmente no quiero, necesito verte.
Error de nuevo, no es verte lo que quiero ni lo que necesito.
Lo que quiero es que me folles.
Que me folles como si no lo hubieras hecho nunca, que me llenes de ti, que me dejes sin aliento, que hagas conmigo lo que quieras.
Quiero que me pongas a cuatro patas y me folles desde atrás mientras me muerdes la espalda.
Sólo con imaginarlo me pongo a mil.
No hemos quedado en vernos hoy, pero no dudo que vendrás a por mí.
Te mando un mensaje describiendo lo que estoy deseando que hagas. Ahora sólo toca esperar a que den las diez y aparezcas. Seguro que llegas antes.
Me gusta esta sensación, estoy tan excitada y mojada que la ropa me molesta.
Y sólo son las cuatro y media!!! Va a ser una larga tarde en el trabajo…
Recibo tu respuesta, estás comiendo en un restaurante con una amiga y has tenido que ir al baño a masturbarte imaginando mis manos en tu cuerpo, claramente, mi mensaje a dado el re
sultado esperado.
Estoy tan caliente que no sé cómo voy a aguantar hasta la noche.
Tarde lenta y tediosa, las horas no terminan de pasar y mi imaginación a 10.000 revoluciones no me deja concentrarme en nada de lo que intento hacer.
Por fin me quedo sola.
Estás a punto de llegar, lo noto, mi corazón se está acelerando, como siempre que andas cerca.
Faltan diez minutos para que termine. Suena la puerta, eres tú.
Te acercas, me coges la cara y me besas, tu lengua recorriendo mi boca, anticipando besos más profundos. No hablamos. No hace falta.
Yo cierro las puertas, tú apagas las luces.
Vuelves a besarme, largo, despacio esta vez. Creo que me voy a correr tan solo con que sigas besándome. Pero paras.
Me coges de la mano y me llevas escaleras abajo. Sonríes. Está todo preparado, he puesto velas, agua, la calefacción…sólo faltamos tú y yo.
Me llevas hasta la mesa, me sientas sobre ella y comienzas a desnudarme mientras me besas, despacio, dulce. Te estás tomando tu tiempo, sabes que estoy deshecha de deseo y me vas a hacer sufrir.
Inundas de besos y caricias cada centímetro de piel que dejas al aire. Me dejo hacer, no tengo otra opción y hoy no quiero tenerla. Soy tuya para lo que desees.
Mis gemidos hace rato que llenan el espacio, música para tus oídos me dices.
Me comes las orejas, el cuello, los pezones, me susurras:
- qué quieres que haga
- ya te lo he dicho, que me folles
Sonríes
- bien, eso es lo que pensaba hacer
Desnuda yo, desnuda tú, me abrazas, piel con piel, piel sobre piel, te acaricio, me acaricias, me das un beso y me bajas de la mesa. Pones un cojín donde antes estaba mi culo, me giras. Tus tetas en mi espalda, tus manos en mis tetas. Juegas con mis pezones mientras tu lengua se pierde entre mis orejas y mi cuello. Creo que me voy a desmayar.
Recorres mi espalda, mi vientre, mis ingles, mis muslos, si no me muero ahora, no lo haré nunca.
Tu boca desciende por mi espalda, besando, lamiendo, mordisqueando allí por donde pasa,
me estremezco.
Me empujas suavemente para que me incline sobre el cojín. Lo hago obediente y deseosa, los estremecimientos se han convertido en temblores. Separas mis piernas, acariciando el interior de mis muslos, ya es oficial, tiemblo como una hoja.
Abrazo el cojín, arqueo la espalda, te ofrezco mi culo y mi sexo húmedo, ansioso de ti.
Sólo verme así, completamente entregada, totalmente abierta a ti, te hace gemir. Me encanta.
Vuelven a mi espalda tus manos, tu boca, besos, caricias suaves. Pero sabes que eso no es lo que quiero
- muérdeme
Te lo recuerdo por si acaso, te ríes y comienzas a hacerlo. Con delicadeza, sé que sólo estás calentando.
Parece que seas Kali, la de los ocho brazos, manos en mi culo, tetas, sexo. Dios!! Sólo me tocas y me tengo que controlar para no correrme.
- me vuelve loca que estés tan mojada – dices
Soy incapaz de hablar, tus dedos jugando con mis labios no me lo permiten.
No tengo conciencia de nada más, sólo sensaciones: dientes clavándose en mi espalda, arrancando gemidos de placer, tu mano en mi sexo, tu pubis en tu mano, espasmos, placer que va y viene en oleadas con formato de tsunami.
No sé cuántos orgasmos he tenido, pero a ti te da igual. Sigues jugando, descontrolada, salvaje, me follas con tus manos, con tus dedos, con tu boca, con todo tu cuerpo. Subes y bajas, entras y sales de mí, muerdes, chupas, me embistes como si quisieras aplastarme.
Es la primera vez que te desatas y me estás enloqueciendo de placer.
Escucho tus gemidos, creo entender que te estás masturbando mientras me follas, una mano en mí y la otra en ti, imaginarlo hace que me corra una y otra y otra vez, hasta que tú te corres y caes sobre
mi espalda.
- me fallan las piernas – te digo
Ríes y me ayudas a tumbarme sobre los restos de nuestra ropa esparcidos por el suelo. No tengo control alguno sobre mi cuerpo, soy como un títere desmadejado por el sexo más alucinante que he tenido en mucho tiempo, desmadejado por ti.
Me quedaría dormida aquí mismo.
Mi primera vez
Cuando tenía 16 añitos tenía un grupito de amigas con las que nos ibamos turnando para dormir cada fin de semana en casa de una. Un fin de semana de junio coincidió que sólo nos pusimos de acuerdo dos de nosotras, quedandome yo a dormir en su casa. Sus padres estaban de vacaciones así que nos quedamos al cuidado de su hermano mayor que tenía 23 años por aquel entonces.
Nosotras por aquel entonces eramos muy inocentes, no fumabamos, no bebíamos, nuestros novios del colegio lo más que hacían era pedirnos permiso para cogernos de la mano… Así que la tarde del sábado la pasamos remojandonos en la piscina y por la noche nos pusimos a ver películas en la televisión. Su hermano salió con sus amigos, así que nos quedamos solas en casa. Terminada la película que estabamos viendo nos pusimos a hacer zapping y nos encontramos con la típica película porno del plus e inocentes como eramos nos pusimos a verla, alucinando con lo que estabamos viendo, de hecho debía ser la primera vez que veíamos a un hombre desnudo. Tan concentradas estabamos, que no nos dimos cuenta de que su hermano regresó a casa con un amigo y nos pillaron mirando la televisión con la boca abierta. Cuando nos dimos cuenta de que estaban allí nos abalanzamos las dos hacía el mando como si nos fuera la vida en ello, pero ya era tarde, se habían dado cuenta perfectamente de lo que estabamos viendo… Así que se sentaron con nosotras y poniendo de nuevo la película nos obligaron a terminar de verla. Cuando esta terminó nos empezaron a preguntar por nuestra experiencia, si teníamos novio, si nos besabamos con lengua con ellos, si dejabamos que nos tocaran… Con nuestras respuestas vieron que mucha experiencia no teníamos, por no decir ninguna, así que se ofrecieron a enseñarnos. Hay que decir que su hermano era mi amor platónico y su amigo el de mi amiga, así que mucho no nos lo pensamos antes de aceptar. Nos sentaron sobre sus rodillas y comenzaron a enseñarnos a besar, primero sin lengua para luego pasar a introducirla en nuestras bocas, poco a poco sus manos se fueron haciendo más atrevidas, pasaron de acariciarnos por encima de la ropa a introducirlas por nuestras faldas y camisetas y acariciar nuestra piel.
Después de un rato de besos y sobeteos varios nos subieron a las habitaciones, yo con su hermano a la suya, y mi amiga con el otro a la de ella. Cuando llegamos me tumbó sobre la cama y siguió besandome a la vez que empezaba a desnudarme, me quito la falda y la camiseta para luego hacer lo mismo con mi sujetador y mis braguitas. Era la primera vez que me veía un hombre desnuda, así que muerta de vergüenza trataba de cubrirme mientras él me lo impedía. Cada vez sus caricias eran más intensas, cada vez que se detenía entre mis piernas hacía que me estremeciera y poco a poco se me fue pasando la timidez. El se tumbó a mi lado y cogiendo una de mis manos la dirigió a su miembro para enseñarme a tocarle también, deslizando mi mano cubierta por la suya por toda su dureza mientras no paraba de comerme la boca, introduciendo violetamente su lengua. Empezó a besar todo mi cuerpo, bajando por mi cuello, mis pechos y mi vientre, hasta llegar a mi entrepierna, donde estuvo largo rato utilizando su lengua. Cuando se me empezaban a escapar varios gemidos se incorporó y separandome aún más las piernas comenzó a penetrarme, lentamente, introduciendo poco a poco su polla en mi interior. Al principio no sentía ningún dolor, le costaba entrar pero nada más, pero cuando se encontró con la barrera de mi himen se acostó totalmente sobre mi y tapando mi boca con la suya dió el empujón final. Eso si que me dolió pero mi grito de dolor quedó cubierto por su boca. Permaneció unos segundos sin moverse, esperando a que me acostumbrara a tenerle dentro, pero en seguida comenzó a moverse, despacio al principio para luego ir incrementando el ritmo cada vez más. Al final sus movimientos eran tan bruscos que el colchón comenzó a separarse de la pared y en ese momento se corrió, sacandola rapidamente de mi para depositar toda su semilla sobre mi vientre.
Como experiencia física no fue una de las mejores que recuerdo, de hecho no llegué al orgasmo, problablemente porque estaba demasiado nerviosa en esos momentos. Pero si fue una experiencia muy bonita de la que guardo un buen recuerdo, después de esa primera vez seguimos acostandonos durante bastante tiempo, pero esa ya es otra historia…
Trabajo nuevo
Después de mucho tiempo buscando encontré el trabajo de mis sueños en una gran empresa bien situada y que mejor forma de celebrarlo que con las amigas de fiesta.
Así que allá fuimos, al local de moda de la ciudad, donde bailamos y bebimos dándolo todo. Bien entrada la noche se nos acercó un grupo de hombres, atractivos y bien parecidos todos; a mi el que mas me llamó la atención fue uno moreno, alto, musculado pero sin exageración, a través de la tela de su camisa se podía entrever su torso bien formado y sus brazos fuertes probablemente de largas horas en el gimnasio. A penas cruzamos palabra, solo nos miramos y comenzamos a bailar, cada vez mas juntos, abrazados sin seguir el ritmo de la música, solo queríamos tocarnos, sentirnos el uno al otro. Y así seguimos hasta que comenzamos a besarnos, entonces nos miramos a los ojos, me agarró de la mano y salimos del local.
Montamos en su coche, un deportivo de ultima generación, pintura metalizada, asientos de cuero, un goce para todos los sentidos. Dicen los entendidos que oír rugir los motores de este tipo de coches se asemeja a sentir un orgasmo. En el trayecto en coche apenas hablamos, él estaba concentrado en el trafico mientras con una de sus manos levantaba la falda de mi vestido para acariciarme el muslo. En poco tiempo llegamos a su apartamento.
Al entrar ni encendimos las luces, nos abalanzamos el uno hacia el otro, besándonos, acariciándonos y arrancándonos la ropa hasta quedar completamente desnudos en el recibidor. Me dio la vuelta apoyando mis manos en la pared, con las piernas separadas y el culo en pompa y así me penetro, gimiendo de placer mientras sentía sus acometidas, una de sus manos agarraba mi cadera y la otra masajeaba mis pechos. No sé cuanto tiempo permanecimos así, yo creí enloquecer de placer, sintiéndole detrás, su cuerpo pegado al mío, íntimamente unidos. No sé cuantas veces llegué al orgasmo, me sentía desfallecer cuando él con un gran bufido descargo su semilla por mi espalda. Y así nos quedamos un rato mas, yo de cara a la pared y el apoyado en mi cuerpo pringandonos los dos con su semen.
Al fin me cogió en brazos y me llevo al baño. Me sentó en un taburete, me dio un largo beso y procedió a llenar de agua la gran bañera que había en el centro de la estancia. Una vez llena me metió dentro y a su vez entro él y así permanecimos abrazados y totalmente relajados hasta que se nos empezó a arrugar la piel por la humedad.
Salimos del agua y nos secamos con unas grandes toallas, blancas y mullidas. De nuevo me cogió en volandas para depositarme con mucha suavidad sobre su cama. Y volvimos a amarnos, esta vez yo estando encima, calbalgándole como si me fuera la vida en ello, sintiéndome completamente llena, estremeciéndome de placer en cada embestida. Y así seguimos hasta que nos corrimos a la vez, con sus manos agarrándome de las caderas y mis uñas clavándose en su pecho. Al final nos quedamos dormidos en esa misma posición, yo sobre él, con su polla aún en mi interior.
Pasadas unas horas me desperté, él seguía profundamente dormido, con cuidado me separé de su lado, recogí mi ropa que aún seguía en el recibidor, me vestí y salí sin mirar atrás.
Una noche redonda, me dije, que equivocada estaba…