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Sexo bajo la lluvia
Hoy mi trabajo ha estado sometido a condiciones climatológicas adversas. Asà de fino lo digo, aunque mi trabajo sea rudo y basto. Hoy me he empapado continuamente. Bajo la lluvia, pero no cantando. Follando bajo la lluvia. Sexo bajo la lluvia…
Llegué con mi camión. Me bajé. La manta de agua me impedÃa ver nada. Busqué a alguien. Un chaval me salió al paso.
-¡Buenos dÃas!- Me saludó. Estaba buenÃsimo.
-¿Qué tal? Traigo unas puertas…
Nos acercamos a mi camión. Se asomó a la caja descubierta del mismo.
-Vaya…Estoy sólo hoy. Tenemos que bajarlas a mano…¡Puta lluvia!-Protestó.
Me quedé embobado, no podÃa evitarlo. Mi polla estaba empalmada. La lluvia corrÃa por nuestros rostros. Yo, al estar rapado sentÃa el agua correr en libertad por mi cabeza. La ropa me pesaba. La circunstancia me superaba. Estábamos solos. Nadie podrÃa pillarnos. Nadie estarÃa tan loco como para mojarse. Me miró. Nos mantuvimos hipnotizados uno en el otro. Mi mano  acarició sus mejillas. SonreÃ. Me gustaba su barba, su rostro sucio de grasa.
-Tienes la mano suave…-Me alagó.
-¡Uno se cuida! Soy camionero, pero iba para maricón de los finos…
Nos reÃmos. Acerqué mi cuerpo al suyo. Nuestras pollas erectas se tocaron a través de la ropa. Nos besamos. Nuestros labios se fundieron. El agua de la lluvia se colaba por ellos, mezclándose con nuestra saliva. Nuestras lenguas se acariciaron, se frotaron, se insinuaron. Mi mano se mantenÃa en su mejilla. Sus manos se centraban en mi culo. Abrà la caja del camión. Subimos de la mano. Ahora, en alto, en la caja abierta. A dos metros de altura, de pie, nos volvimos a besar. Fundidos con la manta de agua, fundidos uno en el otro. Estábamos tan calientes que el agua se evaporaba al tocarnos. Metà la mano en su ropa interior. Agarré con fuerza su polla. La movÃ. Le pajeé, pero sólo un segundo. Me quité la sudadera. Ahora el agua golpeaba mi pecho descubierto. Me imitó. Ahora nuestros pechos se pegaron. Nuestra piel en contacto. Todo era tan empalagoso que esta vez levanté una pierna al besarlo, plan Disney. Momento encantador. Lo menos romántico fue la continuación. Nos tumbamos. Nos derrumbamos. Me puse sobre él, protegiéndole de la lluvia intensa. Le besé los pezones. Comencé a descender por su torso. Me detuve en su ombligo, besándolo. Llegué a la bragueta, la desabroché. Su polla salió al aire. Empapándose de agua. La cubrà con mi boca. Mi saliva la embadurnó. Mi lengua iba de arriba abajo. Entonces me detuve. Volvà a la parte superior del cuerpo, sus pezones, sus labios. Me bajé los pantalones, me los quité, los tiré afuera del camión. Refregué mi sexo con el suyo. Nos pajeamos mutuamente. Entonces tomó el mando él. Me tumbé yo ahora. Me puse en pompa, mostrándole mi culo hambriento, deseoso de recibir su nabo en mi interior. No me hizo esperar. Me la metió sin prisas, deleitándonos. Como único lubricante la lluvia que nos bañaba. Embadurnados de agua. Me la metió hasta el fondo. Mi cara lo decÃa todo, la suya también. El sexo era absoluto y pleno. Me masturbé mientras él seguÃa bombeando en mi culo. No tardé en correrme. Sentà ese gusto divino del orgasmo cuando a la vez te la están metiendo, un orgasmo al cuadrado. Sientes el placer anal a la vez que el de la polla. Un placer que crea adicción. Apunté hacia él. Acerté en su pecho con mi semen, otra parte se quedó en la cabeza de mi polla. Lo recogió con su mano y se pasó la palma de la mano por la lengua. MagnÃfico.  Su velocidad fue aumentando, mis gemidos también. Yo miraba al cielo nublado. El agua me cegaba, me molestaba en los ojos. La boca abierta, por el placer. El agua me caÃa en la boca. Mi cuerpo vibraba con el suyo. Presentà su semen. Me revolvÃ, sacándola de mi culo. Me la introduje en la boca. Le miré a los ojos desde abajo. En ese instante se corrió. Una lefa impresionante, de sabor y textura. Tragué esa esencia divina.
Nos vestimos. Descargamos las puertas. Le ayudé a llevarlas a su destino. Volvimos junto a mi camión. Nos besamos con ternura.
-¿Quieres mi teléfono?- Me propuso.
-Gracias, pero no…-Cerré la puerta del camión. Arranqué. Salà derrapando con las ruedas traseras, salpicándole barro…
Gléz-Serna
¿Violación consentida?
Nos miramos a los ojos. Estábamos en la cola para pagar de una tienda del centro de Sevilla. No nos conocÃamos de nada. Pero por su ropa, sus maneras y su forma de mirarme supe que era igual de maricón que yo. Era algo mayor que yo. ¿TendrÃa veintisiete?. Quizá, no lo puedo asegurar. La cosa es que nos mirábamos con interés sexual. Pero yo tenÃa mucha prisa y ninguna gana de follar, algo rarÃsimo en mÃ. Pagué y salà de la tienda.
Comencé a caminar entre la multitud. Volvà la cabeza y vi que el maromo también salió de la tienda, y venÃa en mi dirección. Me crucé al otro lado de la calle. El semental me imitó. Giré en una calle, el tÃo también giró. Sin duda, me perseguÃa. Me daba tanta pereza tener que echar un polvo que aceleré el paso. Tomé por la derecha, luego por la izquierda, por la derecha de nuevo. No conseguÃa despistarlo. Mi perseguidor aceleró. Me sentÃa cansado de huir. Me alcanzó. No habÃamos hablado, no sabÃa cómo era su voz.  Me agarró con fuerza de la mano. Me llevó a un portal. Me desabrochó los pantalones. Se sacó la polla. Lubricó mi culo y su polla. Era una polla grandota. Me la metió sin contemplaciones. Ni siquiera un beso, una palabra. No me preguntó si me importaba. Realmente me estaba violando, de manera descarada.  No duró mucho. Fueron pocos envites. Se corrió. Se subió los pantalones y se marchó. Ni siquiera se despidió. ¿Me habÃa violado?. ¿Lo habÃa consentido yo?. La verdad, no lo sé…
Gléz-Serna