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Las aventuras de Nena Palote y su cipote ( 12ª Parte)
Volvía de comprarme unos modelitos nuevos. Muy monos ellos y baratos, por cierto. Yo andaba por una de las callejas del centro. Una muchacha andaba delante de mí. Iba despacio y yo tenía prisa, así que fui a adelantarle. La miré. Estaba preñadísima. Se agarraba la tripa y tenía muy mala cara.
-¡Qué mala cara llevas, hija!
-Me duele todo…Creo que estoy de parto…
-¡No me digas eso! –Me acerqué a ella. Sudaba a borbotones y tenía la cara blanca.- ¡Tenemos que ir al maternal!
Maldiciendo mi mala suerte la llevé a una avenida concurrida que estaba en las cercanías.
-¡Aprieta el coño por lo que más quieras! ¡Aguanta!- Intenté animarla. Me acerqué al asfalto. -¡Taxi!
El taxi me ignoró.
-¡Tu puta madre, maricón! –Maldije.
Viendo que no paraba ninguno (y no lo entiendo, por el escote que yo lucía…), me arrojé al tráfico. Los coches pitaban y me esquivaban. Me puse con los brazos en cruz, para parar algún coche. Uno paró.
-¡Joder, me cago en mi puta suerte! –El conductor era Miguel (el doble de Imanol Arias). Me acerqué a la ventanilla.
-¿Qué coño estás haciendo, Nena? –Preguntó con cara de circunstancia.
-Mi amiga está de parto… -Señalé a la muchacha y la llamé- ¡Ven, cariño, este tío tan guapísimo nos va a llevar!
-Pero Nena, tengo prisa…
-Yo también, maricón, y el niño más todavía…
-Es niña…Aiiiiii…-Aclaró la madre al montarse en la parte trasera del coche, y yo con ella.
-¿Bueno, a donde vamos?- Preguntó Miguel.
-¡Al maternal, coño! –Grité yo.
Miguel condujo a toda velocidad. La muchacha respiraba agitada y gritaba. Yo de todo esto no tenía ni idea sobre qué hacer. De repente comenzó a manchar con un líquido la entrepierna y el coche. Así que extrañada le dije:
-¡Coño, no te mees, que eres ya mayorcita, hija!
-¡No estoy meando, estoy rompiendo aguas, joder!
-¡Hostias, no me manches el coche!
-¡Tú conduce y calla! –Le ordené a Miguel.
-¡Aprieta el coño, métete los dedos! ¡Haz algo, pero no lo escupas! ¡Aguanta, por Dios! –La animé- Yo de matrona tengo poco, maricón…¡Corre, Miguel, corre!
-¡Ya llegamos!
-¡Corre que llega el niño!
Paró el coche en la puerta de urgencias. Salí del coche gritando:
-¡Rápido, un médico, que esta escupe el niño de un momento a otro!
Por lo menos fueron veloces en recogerla y llevarla dentro. Yo fui tras ella y vi nacer a su hija, preciosa. Al rato salí fuera para fumarme un cigarro. Miguel se había ido. Volví con la madre y me ofreció ser la madrina cuando el bautizo…¡Voy a amadrinar a una niña, maricón!
Nena Palote