Posts Tagged ‘día’
Mi irreverente princesa…
- Hola, preciosa. Ya veo que, para variar, no estás localizable. En fin, tendré que conformarme, una vez más, con desperdiciar mi aterciopelada voz en esa odiosa máquina que tienes de contestador, que por cierto, podrías dignarte a grabar un saludo como hacen el resto de los mortales. Sí, de ésos, ya sabes; esos discursos idiotas que tanto odias y criticas; al menos no me sentiría tan estúpido cada vez que te dejo un mensaje. La cercanía, mi querida princesa, esa cercanía que tanto anhelo de ti, día sí día también.
De acuerdo, está bien… no me voy por los cerros -como dirías, o como estás diciendo- porque, probablemente, me estés escuchando tirada en el sofá, con el libro encima de tus piernas y la sonrisa juguetona, o desde tu distinguido baño espumoso con aceites, cigarrillo en mano, y alguna de tus arias envolviéndote de fondo. Sé que existe esa posibilidad porque te conozco como si te hubiese parido, y también sé que si es así, no vas a descolgar el auricular en este momento. Y es por eso que creo que debería colgarte ahora mismo. Es lo que te mereces, por perra perezosa y perversa.
Efectivamente, sumergida en mis aguas y dejándome acariciar por la espuma, escuchaba su mensaje mientras, sonriendo, me mordía el labio inferior.
- Pero te quiero un montón, mi irreverente princesa. Además, hace eones que tú y yo no hablamos, por no decir el tiempo que ha llovido desde que nos revolcamos por última vez. ¿Te acuerdas?, joder… te aseguro que, aún a día de hoy, me cuesta controlar la tremenda erección que sufro cada vez que recuerdo lo que tus ojos me decían después del último orgasmo. Creo que nunca te he visto tan bella como aquel día. Ya, ya sé lo que estás refunfuñando, y no tienes razón: a todas no les cuento lo mismo. Un día de éstos que te dignes a llamarme y te atrevas a concederme, aunque sea, una mísera cita, ese día…. ese día te contaré mi declive con las relaciones amatorias. Ya no quedan amantes como las de antes, Abril, lo tuyo es un caso aparte, algo que, como bien sabes, siempre me sorprendió, a pesar de tu tierna edad. Aún a veces, me hago la eterna pregunta: ¿se debería a la sustancial diferencia de años que nos llevábamos, la que hizo que todo fluyera excelentemente como una balsa de aceite? No lo sé, pero sí es cierto que cuesta hoy en día encontrar personas con las que perciba una pizca de química.
LOS DEMÁS (RELATO ERÓTICO AMOROSO)
“Él nunca lo supo, y en ese día compartido con tantos otros, tampoco quiso hacerlo. Pero ya antes – en realidad, mucho antes – habíamos hecho el amor miles de veces. Sí, miles. No exagero.
Creo que cada vez que lo he visto, casi desde que lo conozco, he hecho el amor con él, siempre a través de mis ojos, siempre recibiendo solo sus palabras, sin caricias que escaparan de esos dedos mágicos, sin besos que no estuvieran dibujados más que en el aire, y siempre mirándole en silencio, como solo sabe hacer una amiga, y como solo sabe disimular una mujer.
Nadie lo sabía, pero ese día de celebración estábamos haciendo el amor delante de la multitud, rodeados de ellos, sin importarnos nada que no fuéramos nosotros dos.
Tampoco podía siquiera imaginar los sentimientos que despertaron siempre en mí cuando me miraba, aunque se mostrara distante, aunque ni siquiera me hablara.A mí me daba igual, porque él, aunque se empeñara en lo contrario, era allí mío y de nadie más.
Cada vez que yo hablaba lo hacía solo para él, aunque fueran los demás quienes recibieran mis miradas. Y siempre que me cruzaba con la suya, me la mostraba esquiva, hasta que, por fin, encontré lo mismo que yo quería transmitirle y gritarle, oculto, escondido tras sus ojos de niño, porque él no era mujer, y nunca lo supo disimular…”
TODO EN PDF……….LOS DEMAS (eros
TODO EN WORD…………………LOS DEMAS (eros)
“Varada en la ruta” 1ra Parte
Todo indicaba ser un día más…
Una hermosa jornada, con el sol brillando en su total plenitud.

Estaba en mi local (boutique) reponiendo mercadería cuando de pronto suena el teléfono.

Era de la editorial de mar del plata para decirme que ya tenían la muestra, y que necesitaban de mi aprobación para imprimir (la tapa y contratapa de lo que será mi primer libro de cuentos eróticos) ahí nomás y sin dudar le pregunté a mi empleada/compañera si se animaba a quedar lo que restaba del día sola.
Todo un desafío para ella y también para mí, pero confío en Sole, por eso me animé.
Entré eufórica a mi casa a contarle a mi madre (sabe del libro, pero no que mis relatos son tan, tan, “explícitos”) Le pregunté si me quería acompañar, pero no pudo porque tenía turno con el kinesiólogo (algún día tengo que contarles de él, me sobra material) háganme recordar que les cuente.
Me di un baño ligero y me cambie de ropa. Me puse una pollera color chocolate de corderoy, que sin ser mini, no es muy larga. Cubriendo mi torso con un lindisímo suéter de hilo rosa combinado con unos dibujos en colores: blanco, chocolate, y algunos detalles en relieve rosa fuerte, sin llegar a fucsia. Y sin dudar estrené mis nuevas botas “rosa” con flecos, están súper, re “fashion”.
Manotee la cartera, me cercioré que tuviese suficiente dinero, que llevase el DNI, la agenda, y salí…
Saqué el auto de la cochera y encaminé hacia la estación más cercana a cargar combustible. Mientras esperaba la carga entré al free shop y me compré unas golosinas para el viaje.
Faltaban escasos minutos para las 11 de la mañana, aún me separaba unos 40 km de la ciudad feliz cuando de la nada el auto me comenzó a fallar. Ahí nomás me bajé a la banquina, lo paré, levanté el capot (como si entendiera algo) no vi nada fuera de lugar, no humeaba, no había levantado temperatura, ¡nada! Lo volví a encender y de nuevo apareció ese ruido en el motor. No me gustó para nada. Lo apagué y decidí llamar a la grúa.
En esos momentos son los que odio ser mujer, una por no entender de mecánica, además les doy la razón a los hombres cuando se quejan de que no encontramos lo que buscamos dentro de ese “nido de ratas”
¿Porqué llevaremos tantas cosas en la cartera?
Cuando buscas algo apurada empezás a sacar cosas y sale: el cepillo para los rulos, la planchita del pelo, el otro cepillo para cuando nos pasamos la planchita, el mp4, la famosa barrita de cereal por si nos da hambre, el lápiz labial, otro lápiz labial, el delineador, el perfume, la cremita hidratante, la otra cremita, esa que disimula las ojeras, un desodorante, el paquete de toallitas femeninas, el estuche con los cd preferidos, los guantes por si hace mucho frío, un paquetito de pañuelitos tissue, un vibrador, las bolitas chinas (jamás pueden faltar) para esos días de extrema excitación, je je. Otra tanga por si manchamos la que llevamos puesta, y por las dudas siempre llevamos algunos tampones, no sea cosa que “justo” nos indispongamos… de todo menos lo que buscamos, en ese caso “el celular”.
Soy por demás ansiosa para ponerme a buscar minuciosamente dentro del bolso, así que opté por volcar todo lo que había en él sobre el asiento de al lado.
¡D E S E S P E R A C I Ó N!

¡H I S T E R I A!
Todo junto me agarró, cuando comprobé que no lo tenía.
¿Cómo olvidarme algo tan importante?…
No me quedó otra que bajarme del auto y pedir auxilio a los transeúntes que circulaban por aquella ruta.
Pasó un auto, luego otro, y otro, ignorándome.
El tráfico era escaso y encima parecía importarles poco que yo estuviese allí varada.
Hasta que por fin el dueño de una Peugeot partner se solidarizó parando a ver en qué podía ayudar.
El sol de frente no me dejaba saber cuántos ocupantes eran, ni siquiera podía ver si la silueta de la persona que manejaba se trataba de un hombre o una mujer…
Cuando desciende de la camioneta sólo alcanzo a ver los pies, eran grandes, llevaba puesto unos zapatos negros de vestir, muy brillosos “impecables”…
Continuará
Si llegaste hasta esta instancia no podés irte sin dejar TU COMENTARIO
Besitos húmedos para todo@s
Martina



