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Mi Luna Llena (I) Relato erótico
Loba Lunera es una lectora que nos preguntó si tendríamos inconveniente en leer un relato suyo y, si nos gustaba, parecía bien y considerábamos apropiado su contenido erótico para nuestro blog, pues que le gustaría que lo publicásemos… Loba Lunera ahora es una colaboradora externa de nuestro blog y lo que viene a continuación es la primera de las seis partes de que consta su relato “Mi Luna Llena”. Al Comando Lez nos encantó la idea y cómo pintaba esta primera entrega. Creo que he sido la única privilegiada que ha podido leer ya las seis partes, y que conste que he llegado hasta el final leyendo… Y cuando acabéis de leerlas todas, comprenderéis mi fuerza de voluntad para seguir leyendo con las dos manos sobre la mesa
También es cierto que estaba en el trabajo, y eso siempre complica un poquito más las otras opciones… Chicas, que lo empecéis a disfrutar.
Ella dijo un adiós y un hasta nunca…
El sonido del agua al caer en la ducha inundaba el piso. Él se frotaba con fuerza. El agua estaba fría, muy fría. Él solía bañarse con agua fría.
Ella se encontraba en la cocina. Con el cuchillo jamonero cortaba tomates para hacer un aliño. Ella estaba llorando, y no por la cebolla que había cortado antes para el aliño. Ella estaba harta de la situación. Ella estaba hastiada de él, hasta el mismísimo coño. No podía soportar más la situación. Quería decirle adiós, y para siempre. De repente paró de cortar el tomate. Puso la punta del cuchillo en su barriga. Todo dispuesto para el suicidio. Con las dos manos aguantaba el mango del cuchillo jamonero. Entonces le llegó a los oídos el ruido del agua en la ducha. Durante unos minutos, infinitos y agotadores, se limitó a quedarse petrificada. Necesitaba un final para su situación pero no era tan fácil como ella pensaba. Después de ver como el dolor lo cambia todo no le fue difícil comprobar que estaba sola ante él o su suicidio.
Sin comprender lo que hacía comenzó a andar hacia el cuarto de baño. Cuchillo en mano y con ojos de loca andaba con sigilo, sacando la predadora oculta en su interior. Oculta en la penumbra del pasillo observó por un centímetro abierto de la puerta como él se lavaba los huevos. Esa cosa le colgaba inerte y grande. Era algo desmesurado que nunca había sabido utilizar. A ella le daba asco, y no porque fuera bollera sino por el odio acumulado por los años de represión machista.
Durante el noviazgo todo había sido como un sueño. Luego, cuando se casaron, todo iba bien. La noche antes del quinto aniversario de boda todo se transformó. Esa noche él le dijo que no celebrarían el aniversario porque eso era para los enamorados. Él no la amaba, sólo la tenía de esclava. Durante otros veinte años ella lo soportó. Un día todo cambió. Un viaje a Túnez fue el origen del cambio en ella. Sin que él se diera cuenta ella acabó acostándose con el guía del grupo de turistas españoles. Se trataba de un veinteañero, ventimuchos años menor que ella, de piel del color de la aceituna. Ojos y pelo negro zaíno. Ella soñaba que abrazada a su primer amante extramatrimonial y al primer hombre que verdaderamente amaba podría ser feliz. Ella le prometió llevarlo a España, junto a ella. Ella se entregó al guapo guía por completo, sin dudar. El guía le regaló el oído con bonitas promesas. El último día de viaje ella se dio cuenta de todo. El guía pretendía engañarla por la nacionalidad. Se percató cuando lo encontró follando con otro turista del grupo, un maricón descarado. Entonces ella se sintió utilizada por el otro. En ese instante había perdido toda ilusión y ya no pensaba en otra cosa que librarse de su marido, ese cabrón indomable que la había cohibido de por vida. Ese que veía a través de la rajita de la puerta abierta del baño, y que estaba lavándose los huevos tantas veces comidos por otras mujeres, muchas de saldo y esquina. Ella estaba cansada de ver su propio dolor por las infidelidades de su esposo y del maltrato de este. Ella le había dado los años de su juventud para nada. Ni un hijo le había dado su marido, de tan poco servía. Ese hubiera sido su mayor alegría, un hijo, y si no lo hubiera tenido al menos poder disfrutar de la buena compañía de un feliz matrimonio. Nada, ella sólo disfrutó de la mierda que le salpicaba él todos los días, de bofetadas, gritos y sexo sin el consentimiento de ella. El desengaño con el guía hizo que ella rebosara su odio por el género masculino, sobretodo de ese que se estaba lavando los huevos…
Abrió la puerta de un golpe. Él la miró extrañado, pero con ese gesto de burla y de menosprecio que le caracterizaba. Ella se acercó. Él la amenazó. Ella le contesto que no lo soportaba más que deseaba su muerte. Él le insinuó que no tendría coño de asesinarlo allí mismo, en la ducha. Ella sólo dijo un adiós y lo apuñaló. El cuchillo jamonero se hundió en el vientre de su marido. La sangre caliente rebosó sobre su mano, que volvió a sacar el cuchillo y lo volvió a hundir de nuevo. Él no aguantó de pie más de unos segundos antes de caer en la bañera. La sangre corría mezclada con el agua del grifo por las cañerías, como alimento de las ratas de cloaca. Justo antes de morir escuchó como ella le decía de nuevo adiós y un hasta nunca…
Gléz-Serna
Las aventuras de Nena Palote y su cipote ( 24ª Parte)
Estaba en un pub de ambiente tomando una cerveza. Un chaval recitaba un poemario suyo. Me pareció guapo y me encantó su voz. Además se metía muy bien en el papel, tanto que se estalló un condón relleno de leche (para simular el semen) en la cara. Andaba yo muy entretenida en todo esto cuando una tía se acercó con un plato de pollo frito:
-¿Quieres probarlo, guapa?
-Mmm…No sé…
-¡Está recién hecho!
-No, cariño, no como pollo… ¡Pero podemos tomar una cerveza! –Pasé del pollo porque no lo como desde que Evo Morales dijo que los alimentos transgénicos son la causa de la homosexualidad y la calvicie. Yo ya soy maricón, así que no quiero quedarme calva…
La verdad es que la tipa del pollo era una morena de cuidado. Estaba buena la tía. Tenía estilo con la ropa. Comenzamos a hablar sobre el poeta del semen simulado en la cara y de lo bueno que estaba. Yo le dije que si pudiera le comía toda la polla. Ella añadió al menú un poco de penetración vaginal. Yo le rebatí que vaginal no, que era mejor anal. Entonces comenzamos a debatir sobre qué era mejor, si la penetración anal o vaginal. La conversación fue subiendo de tono. Yo no cedía ni ella tampoco, así que acabó por gritarme…
-¡Tú tienes coño ni ná!
-¡Ni lo tengo ni lo quiero! –Me llevé la mano al paquete- ¡Yo adoro mi cipote!
-¿Por eso te llamas Nena Palote? –Preguntó cambiando de tema sin venir a cuento.
-Pues claro, corazón…¡Mi polla es la mejor!
-¿Qué tiene tu polla para ser la mejor?
-Pues es grande y se empalma con facilidad, casi siempre ando empalmada, tesoro….
-¿Puedo verla?
A una le gusta presumir de lo suyo, así que nos fuimos al baño del pub. Ella se sentó en la taza, lo que me pareció una guarrada por lo sucia que estaba la taza… Me levanté la falda y se la enseñé. Estaba morcillona pero al instante creció y ganó interés.
-¡Hostias, casi me saltas un ojo!
-Exagerada…
-Es bonita… ¿Puedo tocar?
-Por supuesto, cariño… -Me agarró el comienzo de la polla con una mano.
-Vaya… Es grande… –Ahora me la agarró con las dos manos. Sonrió. Aún sobraba carne, mucha carne. Se metió en la boca lo que faltaba por tapar. Soltó mi cipote y se puso de pie -¿Sabes una cosa? Me encanta follar con travelos…
-¿Ah, sí?
-Eso he dicho. Me pone a mil que alguien me folle y poder sobar sus tetas… ¡Es como follar con una tía con polla!
Ya te conté en una ocasión que tuve una novia y que no le hago ascos a una mujer, así que me lancé y le comí toda la boca. Me masturbó mientras yo le metía los dedos por el coño (precioso por cierto). Nos desnudamos como pudimos y la aupé sobre el lavabo. A lametazos le devoré el coño. Me gusta comerme un coño de vez en cuando, para variar después de taaaantas pollas que me como. Luego se la metí. He de admitir que soy un poco torpe con los coños. Nos apretábamos las tetas mutuamente, con pasión. Era morboso eso de que ambos tuviéramos tetas. Nos llegaba desde la pista del pub los versos del poeta maricón, que aliñaba nuestro affair. Empujé un buen rato y eyaculé. Más llanamente, me corrí sobre sus muslos. Mi lefa caía sobre su piel, pringándola. Lo recogió con los dedos y me lo acercó a la boca. Tragué un poco y el resto ella, chupándose el dedo para no desaprovechar nada…
Regresamos al pub y escuché los poemas del poeta maricón. Cuando terminó le compré un libro, me lo dedicó, le di dos besos y un pico. Antes de marcharme le dije al oído:
-Sigue así, maricón…
Nena Palote