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Trabajo nuevo - 4

La presión se fue haciendo cada vez más y más fuerte, lo que al principio era solo una molestia se convirtió en verdadero dolor. Notaba como me desgarraba por dentro, como me quedaba completamente abierta, ni fuerza tenía ya para apretar los músculos e intentar evitar la entrada de ese objeto. Empecé a patalear, a intentar levantarme y huir de él, pero Santiago con sus brazos de hierro me impedía moverme. No sé cuanto tiempo pasó hasta que metió eso dentro de mí completamente, sólo note como de repente se estrechaba y se quedaba firmemente colocado en mi interior. Pensé que en ese momento me permitiría levantarme, pero no era esa su idea, empezó a acariciarme las nalgas, bajando de vez en cuando hacía mi coñito, que para vergüenza mía empezaba a mojarse. Entonces me habló:

- Ya ves lo que pasa cuando me haces enfadar, nunca imaginé cuando nos conocimos que acabaríamos en esta situación. Pero tú te lo has buscado y esto no se acaba aquí, a partir de hoy y durante lo que queda de semana quiero que vengas a mi despacho todos los días a la hora de comer. Seguiremos con tu castigo.

Entonces me ayudó a levantarme, aún con ese objeto alojado en mi interior, y me llevó hasta el dormitorio, donde acabó de desnudarme y me recostó en la cama. Acto seguido se desnudó el también y se tumbó a mi lado, donde me abrazó y me dijo que me durmiera. Pensé que no podría dormir con eso metido en mi culo, me molestaba y estaba incomoda, pero con sus caricias y escuchando su respiración tranquila al final el sueño me pudo, y me dormí así desnuda, a su lado, con mi culo lleno y él rodeándome con sus brazos.

Me desperté cuando noté caricias en mi clítoris, suaves y lentas, que hacían que poco a poco me fuera excitando cada vez más, rodé sobre mi misma para quedar tumbada boca arriba pues estaba de lado y en ese momento recordé el objeto que tenía en mi trasero, di un respingo al apoyarme pues se metió aún más profundamente en mi. Intenté volver a moverme pero él riéndose me lo impidió haciendo que apoyara completamente mi trasero sobre el colchón, se puso encima de mi y comenzó a besarme mientras no paraba de acariciarme entre las piernas, cada vez estaba más excitada, el dolor que sentía en mi culito empezó a transformase en placer y eso unido a sus caricias me hizo gemir. Él volvió a reír y en ese momento aprovechó para penetrarme, estaba tan mojada que entró sin ninguna dificultad, me sentía tan llena, con su polla en mi coño y el objeto en mi trasero, cuando empezó a moverse creí enloquecer, empezó a embestirme lentamente para luego aumentar el ritmo, bombeando sin compasión. Yo me agarraba fuertemente al cabecero de la cama, para aguantar bien sus embestidas, sus manos rodeaban mis pechos y pellizcaban mis pezones, de vez en cuando se inclinaba para besarme profundamente en la boca.

Y siguió follándome hasta que por fin se corrió sobre mi vientre salpicándome también los pechos y la cara con su semen. Recogió con sus dedos todo lo que pudo y los llevó a mi boca para que se los limpiara, lo que hice sin pensármelo mucho de lo excitada que estaba. Sin previo aviso me dio la vuelta, dejándome boca abajo, separó mis piernas y empezó a sacar el objeto que aún estaba dentro de mi, cuando lo sacó del todo y yo empezaba a relajarme lo volvió a meter sin previo aviso, me empezó a follar el culito sin compasión con él, hasta que alcancé un orgasmo inolvidable.

Después de eso nos levantamos y nos fuimos a la ducha, me enjabonó con sus manos, reteniéndose largo rato en mis pechos, mi coño y mi culo, donde de vez en cuando introducía algún dedo. Y una vez limpitos y vestidos volvimos al coche, me acercó a mi casa para que me cambiara de ropa y volvimos a la oficina para empezar un nuevo día de trabajo.

Llévame contigo…

Conocí a Santi en una de esas ferias que se celebran anualmente en la ciudad, nuestro stand estaba enfrente del que representaba a su empresa, y en esta ocasión fue imposible no tener algo de contacto.

Era de los mayores vendedores de Software del sector, un tío elegante y con una labia espectacular, había oído hablar de él en varias ocasiones y siempre pensé que los comentarios eran exagerados, que existía mucha envidia y competencia, pero lo cierto es que pude comprobar con mis propios ojos como en menos de media hora cerraba una venta de millones.

Siempre estaba rodeado de mujeres espectaculares adulándole, salía por la puerta de la exposición y todas corrían desfilando meneando el trasero delante de él. Impresionante.

Tenía otra fama: le encantaban las putas.

Todo el mundo comentaba que había estado con las mejores fulanas del mundo, era una de sus perdiciones, se gastaba miles de euros en ellas.

El último día del salón coincidimos en el vasco que solíamos comer. Yo estaba con Miriam y nuestro director de departamento, comimos pulpo sin parar y bebimos casi cuatro botellas de Txacolí entre los tres. Las risas cada vez eran más frecuentes en nuestra mesa y mis ojos no podían dejar de repasar a Santi imaginándolo con todas aquellas rameras a las que pagaba después de satisfacer sus deseos carnales.

No tardó mucho en acercarse a nuestra mesa con una botella de vino en la mano, invitó a un compañero suyo, y se acomodaron con nosotros. Santi se sentó a mi lado. Nos reíamos y jugábamos a representar las mejores ventas de nuestra vida, yo le miraba con interés y cada vez me sentía más excitada.

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EL TERCER ACTO desvarío mental erótico

“…Aprovechando mi buen escondite la observé fijándome en esos largos tacones, que hacían mucho ruido al contacto con la madera del suelo.
Se detuvo al final del pasillo, frente a un espejo, se miró y  empezó a arreglarse el pelo.
A través del espejo pude verla con claridad. Era una mujer bien guapa, con un lunar en el mentón derecho y con unos labios carnosos.
La mujer no dejaba de mirarse en el espejo, haciendo poses extrañas, mientras repetía frases sin sentido que no acertaba a comprender porque no podía oírlas con claridad desde mi escondite.
De repente, para mi sorpresa, esa mujer empezó a desabrochar los botones frontales de su vestido blanco, lo abrió y mostró a través del espejo un precioso cuerpo que me dejó atónito.
Esa mujer no llevaba ropa interior alguna bajo el vestido y mis ojos se clavaron en su perfecta y armoniosa desnudez.
Ella, ajena a mí y a todo, seguía hablando sola, y haciendo gestos forzados, como si estuviera actuando, mostrándome unos senos menudos y redondeados, un vientre plano y blanco, y un pubis de abundante pelo caoba.
Para mi sorpresa – y excitación –  esa mujer comenzó a acariciar sus senos, y pude ver como su cara se transfiguraba por completo, dibujando la excitación que había en su cuerpo…”

todo el relato en pdf………………EL TERCER ACTO