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Baila conmigo
BY JUAREN
María llevaba un año practicando bailes de salón. Siempre, desde niña, había querido ser bailarina, pero nunca tuvo tiempo entre las clases, las clases de inglés, y otras materias que su madre la obligaba a ir. Despues en la universidad tampoco tuvo suerte, ya que siempre se exigia al máximo, y no conseguía sacar unas horas libres. Después de unos años trabajando, dijo que ya no podia dejarlo pasar más tiempo, y se puso a dar clases.
Y era buena, muy buena, y cogía todo bastante rapido. En un año de clases ya era capaz de coger a gente que llevaba 3 ó 4 años bailando. Eso la entusiasmaba y hacia que quisiera ir a más.
Un fin de semana, su amiga Ana la invito a ir con ella y su pareja a una escuela nueva que hacía poco que habia abierto, y de la que todo el mundo hablaba. Decían que tenia un profesor que era de los mejores de Europa y que era español. Su nombre: Antonio.
María estaba entusiasmada, buscó sus mejores galas, un vestido rojo con la espalda desnuda, y que terminaba en una falda con volantes, perfecta para bailar. Se cogió su ropa interior de gala, y unas medias de seda que la habían regalado en las Navidades. Cogió también sus preciosos y carísimos zapatos de tacón de baile, que tan buenos ratos la habian echo bailar, y que hacia que pareciera diez centímetros más alta, algo que la agradaba mucho.
LLegaron a las 11 de la noche a la sala. Era preciosa, estaba como en un sótano bajando unas maravillosas escaleras de caracol, que le hacía recordar una pelicula de gánster. En el recibidor fotos de escenas de películas antiguas de baile, y un sin fin de monitores donde no paraba de salir imágenes míticas de películas. En un expositor zapatos de baile, una de sus grandes pasiones recién descubierta, la fascinaban los zapatos.
Al entrar en la sala, vio que era más grande de lo que había imaginado, A la izquierda la barra, con el típico camarero con pajarita. El camarero tenia que ser sudamericano, y parecia muy feliz. La sala contaba con un sinfín de mesas y sillas, y algo que la encantó, unos sillones de cuero rojo y unos que eran parecidos a los que te tumbas cuando vas a ver al psiquiatra. María no recordaba el nombre de estos sofás, pero le parecían preciosos y muy cómodos.
El local estaba a rebosar: había cientos de personas hablando y riendo. Entonces vio la pista. Jamás había visto una pista igual, era enorme, en suelo de parqué y muy luminado, con espejos al final, y en ella, otras decenas de pareja bailando, sin molestarse, esquivandose unos a los otros. “¡Es el Paraíso!”, pensó para ella.
La mesa de María, Ana y de la pareja de ésta, Juan, estaba muy centrada y cerca de la pista. En cuanto llegaron Ana y Juan se metieron en la pista. LLevaban ya bailando juntos 3 años, y se les veía muy compenetrados.
María se pidó una copa, y dejó que su imaginación volara mientras veía a las parejas bailar. Entonces se fijó en un chico, o eso pensó al principio, pero luego vio que a que chico tendria que rozar los 30 años, pero su cara era tan lisa… como esculpida en mármol. Tenía unos ojos negros profundos y una sonrisa Profiden. Los brazos parecían robustos, y tenía la típica complexión de un bailarín profesional de triángulo invertido: grande de hombros y de culo pequeño. María se quedó mirando este último apartado unos cuantos minutos, hasta que la música se paró.
Cuando volvieron sus compañeros de mesa María preguntó a Ana sobre aquel chico, pero Ana no sabía quién era. Las luces se apagaron y sólo quedó un foco iluminando el centro de la pista, dónde apareció aquel misterioso hombre, y todos los ojos se posaron en él.
<< Muchas gracias por asistir a nuestra primera fiesta por el primer mes de apertura >>. Toda la gente grito euforica. << Soy Antonio, profesor de baile, y su anfitrión esta noche >> , así que aquel hombre misterioso era el famoso Antonio. No podía ser de otra forma, pensó María mientras se mordía el labio inferior con los dientes. << Disfruten de las exhibiciones de baile que vamos a tener a continuación, y luego disfruten con el baile libre. Y nuevamente, gracias por venir >>. Otra vez aplausos y silvidos.
La velada continuó con una serie de intervenciones de varias parejas, unas bailando salsa, otros bailando vals, un circulo de salsa de un grupo de Cubanos, muy espectacular, y entonces llego el Tango. El baile preferido de Maria. Antonio salia a bailar con una chica preciosa rubia (”rubia tenia que ser” pensó María para sí…). La chica era delgadina, y parecía que se iba a romper en los grandes brazos de Antonio. El baile fue de lo mas sensual, María se retorcía de gusto en la silla, imaginaba que era ella y no esa chica la que estaba en la sala bailando con ese Adonis.
Tras unos 6 minutos de perfecto baile, que a María se le pasaron como si fueran 30 segundos, todo el mundo se levanto de las sillas y arrancaron a aplaudir que parecia que se iban a romper las manos. Entonces vio como Antonio se la quedó mirando muy fijamente y sonriendo. “No puede ser” se dijo para ella, de entre todas las personas de aquella sala, cómo se iba a fijar en ella. Vale que llevaba un vestido, que invitaba ser mirado, dejando a entrever un generoso escote, pero desde esa distancia no podia ser visible. Pero ÉL, la habÍa mirado directamente a los ojos. “Cosas mÍas” se dijo, “soñar siempre es gratis”.
Tras ese grandioso baile, la gente arrancÓ a bailar, y MarÍa no dejÓ de seguir a Antonio con la mirada, todo el mundo querÍa felicitarle, y dejarse ver, siempre da buena imagen que te vean con el anfitrión, y no paraba de escuchar la frase: ” Si ya te decia yo que le conocía, casi como hermanos”. “No se lo creen ni ellos”, se reía para dentro María, ésa era la forma mas fácil de ligar los hombres con mujeres que quieren dejarse ligar.
Durante la siguiente hora María bailó con Juan y con un par de hombres más. Con Juan fue fantástico, sabía como moverse y la hacía reir, y cada vez que tropezaban con alguien era él, el que se disculpaba. Con los otros hombres… la verdad que menos con uno que si sabia lo que se hacía, los otros eran más un intento de ligar con ella, con frases echas, y algunas hasta obscenas. María no tragaba eso: ella venía a bailar no a ligar. “Pero quizás con alguien se podria hacer una excepción” volvió a soñar María.
El local cerraba a las 3 A.M. y ya eran las 2.A.M. Entonces María ya llevaba tres copas encima, y aunque soportaba bien la bebida, ya se notaba un pelín contenta. Entonces oyo tras de sí: << ¿Me permites este baile? >>. María ya estaba apunto de darse la vuelta y contestar “No gracias, estoy cansada, pídeselo a otra”, pero entonces vio esos ojos negros, y de su boca sólo salio un << Vale >>con un gallo justo al final.
El baile en sí era un Vals, no era el punto más fuerte de María, y ella no podia dejar de pensar: “¡Qué lástima que sea un Vals! Lo voy hacer fatal, Antonio se reirá de mí, y no querrá bailar conmigo nunca mas”. En cuanto llegaron a la pista y tocó los brazos de Antonio, sintió un escalofrío. Eran fuertes como troncos de árboles, y su espalda estaba muy bien formada, la cogía con seguridad pero sin fuerza. Y en cuanto él la miró… todo lo demas no importó. Empezó la música y ella se movió como con vida propia, no sabía qué hacía, pero sus pies se movian como si la voluntad de Antonio fuera mayor que la suya propia.
Entonces él empezó a hablarla. << Perdón por no haberme presentado antes, pero muchas personas requerían mi presencia, y parece ser que conozco a todos, aunque la verdad es que solo conozco al camarero y al de recepción >>. María no pudo evitar soltar una carcajada y decirse para si misma “Lo sabía”.
<< Mi nombre es Antonio, ¿cuál es el tuyo? >>. Sólo pudo responder << María >>. Él volvió a sonreir y empezó a girar y a girar.María notaba como el alcohol se la subía a la cabeza; tendría que estar roja, pero ahora mismo lo único que le importaba es que la canción no parara.
Cuando acabó la canción Antonio la volvió a sentar en su sitio. María estaba entre excitada y triste, pues su momento habia pasado. Entonces él dijo: << Perdóname pero tengo que atender a otras personas que “conozco” >> remarcó << Espérame >>. Esa palabara se repitió en la cabeza a María “Espérame… Espérame… Espérame… ” . Iba a volver y eso la puso mas nerviosa.
Su amiga Ana se acercó a ella muy nerviosa también y la dijo: << ¡¡¡¡¡Has bailado con Antonio!!!! ¿¿¿Cómo es?!!! ¿¿ Es un ángel?!! Jijiji. Ya me contarás todo, ahora Juan tiene que llevarme a casa, que dice que tiene una sorpresa para mí. No te importa cogerte un taxi, ¿verdad? >> . En otro momento la hubiera mirado con mala cara, y hubiera pensado “¿Un taxi?”. Pero en aquella ocasión tenía unas ganas locas de que se fueran y la dejaran sola. Así que respondió: << No te preocupes cari. Pasadlo bien >>. Se dieron dos besos y Ana se fue. Asi que María se quedo sola mirando la pista sin mirar nada en concreto y sin saber qué pensar.
Sobre las 2.30 volvió Antonio. << Siento haberte dejado aquí sola, pero ser el anfitrión tiene sus inconvenientes >>. María se había prometido hablar un poco más, así que contestó: << No te preocupes, estaba entretenida viendo bailar a la gente >>.
Estuvieron hablando un rato, bromas, risas, alguna picardía… Entonces Antonio la volvió a invitar a bailar. Ya estaban recogiendo pero eso a María no le importaba. Quedaban pocas parejas tanto en la pista como en la sala, así que estuvieron la mar de agusto.
Entonces llegaron las 3.00. María odiaba esa hora con todo su alma, pero para su sorpresa, el camarero gritó a Antonio: << Antonio, cierras tu, ¿no? Te dejo puesto un cd de música. Buenas noches. Hasta mañana. >> Y se fue con una sonrisa en los labios y un guiño de ojos hacia Antonio. Lo siguiente que oyó fue cerrarse la puerta y girarse la llave del local.
Entonces empezó a sonar un Tango. El tango mas maravilloso que jamás había oído. No conocía esa canción, pero sabía que desde aquel día la iba a recordar. Antonio agarró por la cintura a María y empezó a bailar. María se encontraba en una nube. Antonio la movía a su antojo. María flotaba sobre la tarima, las manos se empezaban a agarrar más fuerte, y ella posaba su cabeza en el duro pecho de Antonio. La música sonaba y no eran dos personas bailando un tango. Eran una sola. Él la giró y la dejó de espaldas a él. La agarró por la cintura y la alargó los brazos, mientras sus dedos paseaban desde los dedos hasta el cuello de María. La recorrió un escalofrio de placer por todo el cuerpo.
Antonio empezó a hablarle al oído. << He estado toda la noche mirándote. Mis ojos sólo han tenido un único objetivo: Tú. Es más, sino fuera para mirate ahora mismo no tendria cinco sentidos. >> María cerró los ojos. La voz de Antonio era tan dulce que se mezclaba con la propia música.
Antonio empezó a besarla en el cuello, mientras su mano dibujaba el contorno de la figura de María. María acarició el rostro de Antonio, y empezó a acariciarle también el pelo. La fragancia de Antonio indundaba sus sentidos. María giró la cabeza para buscar la boca de Antonio. Y éste encontró su boca. Sus lenguas empezaron a entrelazarse. Antonio acariciaba el cuello, el hombro y bajaba por su cintura nuevamente. María se giró y le agarró fuerte el cuello.
Se quedaron los dos paralizados en medio de la sala, debajo del único foco encendido. Los besos empezaron a incrementarse, y Antonio volvió a empezar a bailar, con ella besándole. Cada paso que daba era como una ligera penetración para María. El baile era tan sensual, que María empezó a sentirse húmeda. Antonio se movía como si no andase, como si flotara por encima de la tarima, era un Dios.
Empezaron a recorrer los cuatro lados de la sala hasta que cayeron encima del diván que estaba al fondo al lado de los espejos. “Diván” así era como se llamaban.
Aparte de buen bailarín, Antonio parecia su musa. María quedó tendida encima de Antonio, todo su cuerpo estaba duro. María empezó a besarle por el cuello, quitándole con las manos nerviosas los botones de la camisa de seda. Antonio acariciaba la espalda desnuda de María, y de vez encuando arañaba suavemente. Cada arañazo en su cuerpo la hacía estremecer. Entonces María le quitó la camisa por fin “¿Cuántos botones puede tener una camisa?” pensaba María.María empezó a besar el pecho de Antonio y a mordisquearle suavemente los pezones que estaban tan duros como los suyos. Las manos de María dibujaban los abdominales de Antonio, y acariciaban sus costados.
Antonio habia dejado la espalda, para empezar a acariciar los muslos, y las medias de María, subiendo lentamente, apretando fuertemente, para sentirla más suya, y acariciando hasta llegar a su culo, apretando fuerte cada cachete. María gimió de placer, y empezó a quitarle los botones de los pantalones. Al terminar de quitárselos se sentó encima suya.
Entonces empezó otro tipo de baile, en este caso llevaba la voz cantante María. Primero, un suave vaivén por encima Antonio. Antonio estaba tan excitado como ella. Le quitó los tirantes del vestido a María. El vestido le cayo hasta la cintura dejando a la vista los bellos pechos de María: eran generosos y duros. Antonio empezó a besarlos con pasión, mientras sujetaba a María por el culo con una mano, y apretarle uno de sus pechos con la otra.
María tenía los pezones tan duros como Antonio. Éste, fuera de sí, se puso a mordisqueárselos, primero suave y luego aumentando el ritmo entre chupetón y mordisquito. María empezó a gemir levemente, no se podía imaginar que le estuviera sucediendo eso a ella. Estaba muy ardiente, y su sexo empezaba a exigir más.
María, como pudo, le quitó los canzoncillos a Antonio y se encontró con un maravilloso pene todo erecto. Sin dudar, María empezó a bajar, besándole por el pecho quitando la cabeza de Antonio de sus pechos, y descendió poco a poco pero sin pausa ante aquel maravilloso ejemplar. Comenzó a lamer aquel erecto pene de abajo arriba sin parar, mientras con una mano la iba acariciando y con la otra le iba tocando los duros huevos. Antonio empezó a respirar costasamente, le encantaba lo que María estaba haciendo, y dio un pequeño gemido, casi de dolor, cuando María le bajó toda la piel para pasar lengua por todo el prepucio, y a meterse su sexo en la boca,. Primero suavemente y con cada subida y bajada, iba aprentando más sus labios. A María le encantaba hacerlo, le encantaba sentir aquel enorme pene caliente en su boca, la encantaba el sabor que producía, y eso la excitaba más. Miraba a los ojos a Antonio, que costosamente podía mantenerlos abiertos, mientras ella empezaba a usar a la vez la boca y la mano. Siempre que podía pasaba levemente sus dientes, y a lamer toda la cabeza. Se mordía el labio mientras seguía dando cada vez más rápido a la mano. Hasta que Antonio la cogio por la cabeza y la volvio a subir para que le besara en la boca.
Ella se posó de rodillas encima de el, y cogió su pene y se empezó a frotar contra su sexo pero sin penetración. La cabeza del pene rozaba todo su sexo y golpeaba su clítorix, lo que excitaba mas aún a María. En uno de esos roces y con todo lo mojada que estaba María, el pene entró dentro de ella, y así lo manifestó ella con un sonoro gemido. Se puso a trotar encima de Antonio, que había vuelto a agararle el culo con las dos manos para ir en aumento la cabalgada de María. La lengua de Antonio jugaba con la lengua de María en un baile solo para ellas. María hubiera gemido si no hubiera estado atada a la lengua de Antonio, que era un maestro en el combate a espada.
Lo que había empezado con un trote, ahora era un galope salvaje. Antonio apretaba fuere sus glúteos moviéndolos, y dándoles suaves palmaditas. Antonio paró. Sacó su mojado pene de la vagina de su ardiente compañera, y la sentó a ella. La separó bien las piernas, y acaricando sus muslos introdujo su cabeza en el ardiente sexo de su compañera. La lengua empezó a dibujar toda la raja, de arriba abajo, sin detenerse ni un momento. Tras esto y la gran estimulación, empezo hacer círculos alrededor del agujero, sólo deteniéndose un momento para chuparla los labios y estirar un poco de ellos.
Con una de sus manos introdujo dos dedos dentro de ella, y empezó a darle velocidad. No solamente en movimientos de vaivén, sino también en círculos, con lo que todos los nervios de Maria estaban activados. También jugueteó con el clítorix de María, que estaba en todo su esplendor, y a besarlos con una pasión y una atención que María nunca olvidaría.
La trataba con todo el mimo posible, no quería hacerla ningun tipo de daño. María jugaba con el pelo de Antonio, y sin darse cuenta apretó su cabeza contra su sexo. Ante esta situación, Antonio apretó toda su boca contra el clítorix, apretando con sumo cuidado sus labios ante esa hermosa protuberancia. Tanto apretó, que las piernas de María empezaron a temblar como si tuvieran vida propia, como si ya no formaran parte de ella, y un escalofrio la recorrió todo el cuerpo, hasta llegarla hasta el mismismo alma. María no pudo contener el grito de placer, que debieron oirlo en tres manzanas a la redonda.
Antonio sacó su cabeza y volvió a besar a María en la boca. María saboreó todo el sabor de su sexo, y se relamió. “Mmmmm” pudo murmurar. Antonio empezó a penetrarla. Fue muy suave, y no era para menos, ya que los dos estaban muy mojados. Mientras la penetraba, María creó un cerco de brazos y piernas sobre Antonio para que no se pudiera escapar ni un segundo, y empezó a apretar muy fuerte su sexo para sentir cada centímetro del pene de Antonio.
Antonio se acerco a la oreja de María y empezó a susurrar. “<< Eres lo más bonito que he podido ver. Sólo tu presencia me estimula. Eres una reina. Eres un hada, y no me estrañaria nada, que por hacer esto, por estar con dicho ángel me haya ganado el infierno. Pero ningún infierno puede estar más caliente de lo que yo estoy ahora mismo. >>
En ese mismo instante Antonio no pudo gritar más, se iba a correr en ese mismo instante. María le suplicó que diera mas fuerte, más fuerte, que ella también estaba apunto. Antonio aceleró sus embestidas mientras miraba a los ojos de su amada, sonriendo, compartiendo sus alientos, que ahora mismo estaban al mismo grado, y en un último beso, Antonio se corrió dentro de María. María gritó en un último y grandísimo orgasmo que le duró un minuto, mientras notaba como corría dentro de ella, el fluido del amor de Antonio.
Sin separarse siguieron besándose sin perder ni un ápice de la pasión que habían tenido hace unos minutos. María seguía notando duro el pene de Antonio dentro de ella, y poco a poco Antonio empezó a sacar su pene. María volvió a cogerlo entre sus manos, y se lo empezó a limpiar con mucha atención en no hacer daño a su muy sensible glande. Antonio no pudo contener unos últimos espasmos y se corrió un poco más dentro de la boca de María. Ella se relamió de placer y disfrutó de su sabor.
Los dos cayeron agotados encima del diván. Estaban exhaustos. María cayó en la cuenta, de que ahora sonaba un Vals. Un vals vienés. Precioso. Se acurrucó sobre el pecho de Antonio mientras éste la acariciaba el pelo y el cuello y cubría su cuerpo desnudo con su camisa. María se prometió, que nunca olvidaría aquel Tango, y que desde ahora, intentaría practicar mas el Vals. Dicho esto se quedó dormida escuchando el poderoso y fuerte latido del corazón de Antonio.
Fin