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Trabajo nuevo - 7

Cuando nos despertamos nos dirigimos a mi casa para que me pudiera cambiar de ropa y desde allí fuimos directamente a la oficina. A media mañana recibí un email, en este caso no era de Santiago si no del departamento de recursos humanos de la empresa. En él nos invitaban a todos los empleados a asistir a unas jornadas de convivencia en las instalaciones que tenía la empresa en la sierra durante el fin de semana. Estaba previsto que saliéramos al día siguiente, jueves, al acabar nuestra jornada laboral y volviéramos el domingo por la tarde. Le pregunté a una compañera que qué era eso y me comentó que es una especie de campamento como a los que íbamos de niños y que se buscaba que nos conociéramos entre los empleados y conviviéramos unos días lejos del ambiente laboral para que se creara mejor ambiente en la empresa y aumentara nuestra productividad. Esta claro que era una invitación que no se podía rechazar…

 A la hora del almuerzo subí al despacho de Santiago como ya era habitual, mientras comíamos comentamos el email y me dijo que él también iría, que tenía otros planes para nosotros ese fin de semana pero que no nos podíamos escaquear. Después de comer se sentó en el sofá y como siempre me indicó que me pusiera sobre sus rodillas. Rápidamente subió mi falda y comenzó a azotarme, no queriendo enfadarle me deje hacer sin intentar cubrirme las nalgas. Cuando estas empezaron a tener un tono rojizo paró de azotarme y bajó mi tanga para dejar mi agujero trasero bien expuesto. Comenzó a jugar con sus dedos, introduciendo la puntita de uno para luego sacarlo y volver a meterlo un poco más profundo. Repitió la operación varias veces, cada vez con más dedos hasta que acabé con tres alojados en mi interior. A esas alturas mi coñito chorreaba del placer que estaba sintiendo y él notándolo apartó sus dedos de mi y me recordó que eso era un castigo no una manera de darme placer. Y sin más volvió a azotarme, más fuerte que la primera vez, marcando bien sus dedos en mis nalgas. Tiempo más tarde dejó de azotarme y me indicó que me levantara y me pusiera a cuatro patas sobre el sofá, eso hice, quedando con las piernas separadas permitiéndole el acceso a ambos agujeros. Él se levantó un momento y sacó algo de uno de los cajones de su escritorio, cuando se acercó de nuevo a mi por detrás, empezó a jugar de nuevo con sus dedos, introduciéndomelos por uno y otro agujero indistintamente. Cuando volví a estar mojada paró de hacerlo y de repente noté algo frío que se abría paso por mi culo, eran una ristra de bolas que hacían que mi trasero se abriera para ir dejándolas entrar para luego volver a cerrarse a su paso. Eran unas 10 bolas de distintos tamaños, unas más grandes y otras más pequeñas, que se iban alternando como para que mi culito no supiera el tamaño que tendría que absorber a continuación.

 Con las bolas ya introducidas me dio unos cuantos azotes, para recordarme que estaba siendo castigada y después me mandó a trabajar con ellas metidas diciéndome que ya me las sacaría él esa noche si me lo merecía, quedando en que me recogería como siempre a la salida del trabajo. Pasé la tarde incomodísima, cada vez que me sentaba o me levantaba de la silla las bolas parecían moverse dentro de mi, haciendo que me recorrieran corrientes de placer por todo mi cuerpo. No paraba de contar los segundos hasta que llegara la hora de salir. Cuando llegó esta allí estaba él, esperándome en el coche como los últimos días. Ese día nos dirigimos directamente a mi casa para que pudiera preparar la ropa que me iba a llevar al “campamento”. Nada más entrar en casa me hizo desnudar, solo quedando con los zapatos y las bolas aún metidas en mi interior. Pasamos a mi dormitorio donde empecé a preparar la maleta, coloqué esta vacía sobre la cama y cada vez que me inclinaba para meter algo en su interior, él aprovechaba y sacaba una bola para la próxima vez que me agachara sacar otra o meter la misma. Tal era el placer que me daba que tardé en hacer la maleta mucho más de lo que habría tardado en condiciones normales. Según terminé y la cerré, puso la maleta en el suelo y me puso a mi en el lugar de la maleta, a cuatro patas sobre la cama, con mi trasero a la orilla de la misma. En esta postura sacó las bolas que quedaban en mi interior de un solo tirón haciendo que me retorciera de placer y tuviera un sonoro orgasmo, para a continuación penetrarme él sin miramientos hasta derramarse en mi interior.