Posts Tagged ‘gemidos’

Segundo - parte II

Cierro el cuaderno del que he estado leyendo

- enséñeme lo que ha escrito, gire la pantalla por favor

Me levanto despacio, acercándome a la mesa, das la vuelta al monitor y veo que tus dedos se han liado más de lo habitual, perfecto de nuevo

- esto es un desastre señorita, haga el favor de venir a comprobarlo

Te levantas, rodeas la mesa, te inclinas para mirar la pantalla. Tu falda deja entrever medias por medio muslo, negro sobre blanco, más de lo que esperaba

- como puede ver, hay una cantidad enorme de fallos. Supongo que ya sabe lo que eso significa…

Ya lo creo que lo sabes, haces hueco en la mesa para poder apoyarte sin impedimentos, los codos y las manos acariciando la madera, las piernas algo separadas, creo que estás temblando.

Me recreo en las vistas, no tengo prisa. Me acerco despacito, mientras me quito la chaqueta

- tendré que castigarla señorita, estos errores no puedo pasarlos por alto

Te levanto la falda con movimientos suaves, rozando tus muslos. Tenía razón, estás temblando, tan excitada que el más leve contacto te hace gemir.  Acercas el culo a mis caderas, te aprietas contra mí, tus gemidos aumentan, mis manos perdiéndose entre tus piernas

- he de decirle señorita, que no consentiré ningún sonido ni movimiento o pararé de inmediato

Paras.

Callas.

Creo que te tapas la boca con las manos.

Acaricio tu espalda por encima de la camisa, desciendo por las caderas, agachándome, me entretengo un instante recorriéndote el culo. Te quito el tanga, beso y mordisqueo los lugares por donde pasan mis dedos, muslos, rodillas…

Gimes quedamente al contacto de mis labios, con el paseo de mi lengua por tu piel.

Me estoy tomando demasiado tiempo para tu gusto, eso al menos es lo que dice tu cuerpo, arqueas la espalda ofreciéndome tu sexo, húmedo, caliente por la excitación. Disfruto de la visión un instante, mi boca directa hacia tí.

El primer roce te hace gemir más de lo permitido

- no, no, no, no, ningún sonido o pararé

Silencio.

Vuelvo donde estaba, dibujando tus labios con la lengua, saboreándote, bebiéndote, estás tan mojada…no sé cómo resistes pero me pone que lo hagas.

Inevitablemente te aprietas contra mí, recorro tu clítoris, lamo, chupo, mordisqueo con una delicadeza que me cuesta mantener, entro en tí, te succiono, tus gemidos aumentando de volumen, mal controlas tus movimientos pero aguantas, soy permisiva, me gusta tanto lo que estoy haciendo que flexibilizo las normas.

Mi mano acompaña a mi lengua, te acaricio, empapándome de tí, tus caderas te desobedecen, se mueven a mi ritmo, mis dedos dentro de tí, despacio…gimes suave, sigo bailando en tu interior, gritas, paro

- esto es excesivo, haga el favor de recomponerse – digo mientras me incorporo

Tardas unos segundos en levantarte de la mesa. Te giras. Una mano sobre tu sexo, mojándose. La lames mientras me miras y me la tiendes. Te sientas sobre la mesa, las piernas abiertas, te acaricias, mantienes tus ojos en los mios. Paso de contenerme más, que el juego cambie no es un problema mientras sigamos jugando.

Cojo tu mano, lamo, chupo, tus dedos en mi boca, revolviendo mi saliva, me acerco hasta la mesa, mi mano en tu nuca, la otra en tus profundidades, entretenida, te muerdo el cuello hasta que te quejas, cambio mordiscos por besos ansiosos, desbrocho tu camisa, el sujetador, los dos al suelo, mi boca en tus tetas, tus pezones, acaricio, beso, muerdo, ya ni sé lo que estoy haciendo, gimes, gimes, gimes, resarciéndote de no haber podido hacerlo antes, me envuelves con brazos y piernas, mis manos arañando tu espalda, tu vientre, mientras mi lengua se ha extraviado, perdida entre tus tetas.

Mis dedos caminan de nuevo hacia tu sexo, acariciando suavemente el pubis. Te mueves, te ofreces pero aún no, quiero creer que aún mando yo.

Suelto tu abrazo, despacio, intentas quitarme el chaleco, te aparto, deslizo la lengua por tu piel, te echas hacia atrás, los brazos sobre la mesa, la espalda arqueada, te sueltas el pelo. Yo en lo mio, recorriendo tus sabores, no sé cuál me gusta más, ombligo, caderas, pubis, ingles, muslos, trazo caminos con mi saliva, caminos que conducen a tu sexo.

Tu clítoris hinchado me recibe con un gemido, me coges la cabeza, ya no quieres que siga jugando. Me muevo entre tus piernas, tus manos me limitan asi que me quito la corbata, me levanto y te ato las muñecas con ella. Sonríes, me besas buscando tu sabor en mí.

Vuelvo a mis quehaceres, ahora la que está limitada eres tú, sujeto la corbata con una mano, no te resistes.

La lengua de nuevo sobre tu clítoris, no quiero más interrupciones, aumento el ritmo, tus caderas responden moviéndose lo justo para permitirme mantenerme donde estoy, entrando, saliendo, besando, lamiendo…

Muslos que se tensan, movimiento que cesa, gemidos que se entrecortan, te corres entre estremecimientos. Me coges la cara y me levantas para besarme, me gusta cómo me besas después de correrte, es como si quisieras tragarme entera. Sonríes, esa sonrisa tuya que te hace brillar, me muestras la manos todavía atadas

- ¿ya me sueltas?

- ¿quién te ha dicho que haya terminado?

Te beso profundo, acercando mi mano a tu sexo, no tengo pensado darte respiro, este es mi juego y tu castigo. Te abrazo mientras entro en tí de nuevo.

Gimes, gimo, no doy tregua.

Me muevo con soltura por tu interior, sé lo que quiero y cómo conseguirlo.

Me miras

- ¡¿qué me estás haciendo?!

- te estoy follando hasta hacer que te desmayes

Me besas con ansia, apretándo tu cuerpo contra el mío, vas otra vez a desabrocharme el chaleco pero no te doy tiempo. Acelero el ritmo, tus manos se detienen, tus gemidos aumentan, ya no puedes seguir con mi ropa, tus caderas están enloqueciendo. Pasas las manos por detrás de mi cabeza, clavas tus ojos en los míos, sabes cuánto me gusta disfrutar de tus orgasmos, contienes la respiración, tengo la impresión de que convulsionas, dejas caer el peso de tu cuerpo en mi abrazo mientras exhalas un profundo gemido, largo, mientras te corres, no te había oído gemir así

- ¿todo bien? – pregunto

Sonríes, respiras entrecortado, me besas

- todo fantástico, si

Te recuestas sobre la mesa. Me falta el aire, apoyo la cabeza sobre tu pecho, tu corazón latiendo a la misma velocidad que el mío, respiraciones agitadas que se van pausando.

Sigo en tí, cierro los ojos, reconociendo tus humedades.

- ¿no vas a parar nunca?

- exactamente cuando me apetezca

- ok

Despacio, disfrutando el recorrido.

El pecho se te acelera, comienzas a moverte, sigo recostada sobre tí

- más rápido

- no, no, no, no, shhh – quiero que éste sea mucho más calmado

Dejas de moverte, relajas el cuerpo, te acompasas a mí. Me gusta tenerte así, vencida, disfrutando de nosotras sin prisas. Me cuesta no acelerar mi tempo, pero aprendo a deleitarme en lo que hago.

Levantas los brazos, estirándote sobre la mesa, pones un pie sobre ella y entro más profundo, suspiras y gimes suave.

El corazón acelerándose, los ojos cerrados, yo embobada contemplándote, curvas la espalda, siento en mis dedos tus espasmos, me incorporo y no me dejas ir, acercas mi cara a la tuya

- me matas – susurras

Me besas suavemente mientras te corres.

Continuará…

Fantaseando mientras duermes

Fantaseando mientras duermes

Kaonashi

Sumida en un sueño liviano, tus susurros se hicieron cada vez más fuertes en mis oídos. Lidiando con el sopor traté de agudizar mi audición, pero no podía comprender tus murmullos. Luego, fluidamente dejaste escapar palabras que yo intentaba descifrar.

Mil fantasías le confesaste a tu almohada ignorando mi presencia; cierto morbo despertó repentinamente en mí y tornó mi adormecimiento en avidez libidinosa. Fascinada al escuchar tus retorcidos deseos, te observaba, imaginando estar en tus sueños protagonizando tus pretensiones.

Una fuente desbordada de pensamientos impuros recorrió mi mente cuando tu voz entró en mí. Mi imaginación desembocó en la desesperada necesidad de probarte, tocarme, sentirte.

Tantas imágenes de tu lengua invadiendo mi sexo, de tus manos recorriendo mi carne, de mi boca mordiendo la tuya. Escenas surrealistas de tus manos hundiendo artefactos del placer en mí me invadieron.

Invadiéndote…

Sin poder contenerme busqué tu cuerpo más allá de las sábanas, y encontré tu alma envuelta en delirios carnales. Tú seguiste el camino que mi silueta te enseñó y encontraste en mi cuerpo el remanso de tus fantasías más íntimas.

Nos estremecimos cuando entraste en mí una y otra vez. Disfruté cada centímetro que lamiste, cada vez que hambriento buscaste mis senos para nutrirte con mi esencia; bebiste la savia que mi sexo te ofreció, mordiste mis muslos y regaste mi pecho con tus jugos.

Deliré con tus dedos en mi boca descosiendo cada inhibición, me estremecí cuando tus manos apretaron fuertemente mis caderas mientras me penetrabas ferozmente y liberabas tus demonios.

Me arrancaste los gemidos hasta llevarme al éxtasis. El más pleno, sublime y delicioso. Mi savia del placer fue tuya, otra vez.

Luego de ver tu rostro de satisfacción y de sentir el inimitable dolor del placer, me doy cuenta de que fui presa de tus distorsionadas fantasías, pero me siento libre porque el placer me libera, tu placer me libera, el dolor de tu placer.

Tras la justa, te dormiste de nuevo y continuaste soñando con tus fantasías, que ahora son mías; yo, me desvanecí pensando en la lujuria que me ofrecen tus placeres, y en el momento en que de nuevo intercambiemos caricias por latigazos.

La polla rota

Me llevó a su casa, la de sus padres. Me presentó a ellos como un amigo, aunque realmente éramos novios. Lo entiendo. Nos encerramos en su dormitorio. Nos pareció divertido ir esa noche a su casa a dormir, en plan tranquilos. Llovía y hacía frío, lo mejor unas pelis en casa. Él insistió en llevarme a la suya. Acepté.

Vimos dos películas, de mis favoritas, “Mujeres al borde de un ataque de nervios´´ y “Lucy, Pepi y Bom y otras chicas del montón´´, las dos de Almodóvar. Era una noche Almodóvar. Un plan Almodóvar. Gozamos viéndolas. Las vimos desde su cama, tumbados bajo las mantas. Era un momento muy romántico, de los bonitos.

Nos dimos un beso, de buenas noches. Nos dimos unas acaricias, de buenas noches. Nos pusimos calientes y tuvimos que echar un polvo de buenas noches. Los besos pasaron a ser demoledores. Las caricias subieron de tono. Al poco yo estaba a cuatro patas en la cama, mi novio de rodillas, tras de mí, me metió la polla. Comenzamos a follar. Los gemidos eran callados, silenciosos. Los padres debían estar durmiendo ya, quizá follando también, no lo sé. La cuestión es que mi novio follaba muy bien. Recuerdo que tenía una polla muy bonita. ¡CRACK!.  Nos quedamos paralizados. La cama había crujido. Todo en silencio. Mi novio volvió con sus acometidas. Una. Dos. Tres. Cuatro. ¡CRACK!. Nos quedamos paralizados. La cama había crujido. Todo en silencio. Mi novio volvió con sus envites. Una. Dos. Tres. Cuatro. ¡CRAAAAAAAAAAAACK!. Una pata se rompió. Caímos rodando al suelo, de manera inevitable. Sentí un dolor agudo en mi culo, tenía su polla dentro. Mi novio comenzó a retorcerse por el suelo. Se agarraba la polla.

-¡AAAAAAH!

La polla comenzó a inflamarse. Estaba convirtiéndose en un POLLON. Las lágrimas se asomaron a sus ojos. ¿Se había roto la polla con la caída?. Con lo que me dolía mi culo no me extrañaría nada. De manera instintiva fui a tocarle la polla.

-¡AAAAAAH! ¡MI POLLAAAAAA!

Su polla seguía ganando tamaño. Se escucharon pasos acercándose. La puerta se abrió. Eran sus padres.

-¿Qué ha pasad…?- Sus caras eran de sorpresa. La situación lo merecía.

-La cama no soportó el polvo…-Expliqué.

-¡MI POLLAAAAAA!

La madre al ver la polla inflamada de su hijo, se acercó.

-¡Mi niño!-Fue a tocársela.

-¡NO ME LA TOQUES! ¡JODER!

La madre salió corriendo del dormitorio. ¿Estaba loca?. El padre se llevó una mano a la frente.

-Hijo único y maricón…

-Su hijo no es maricón, es mariconazo…-Añadí.

-Al menos era el que daba y era otro el que recibía…

-Sí, su hijo folla muy bien…¡Y tiene un culo! Me encanta follármelo.

La madre volvió. Quizá por eso el padre no me partió la cara. La madre había traído una bolsa de guisantes congelados. Se los puso en la polla a su hijo.

-¡AAAAAAH! ¡FRIOOOOOO!

La polla se le estaba poniendo morada. Unas gotitas de sangre manchaban la cabeza del nabo.

-¿Qué hacemos?-Le preguntó el padre a la madre.

-¡LLEVARME AL MEDICO! ¡JODER! ¡ME HE ROTO LA POLLA!

-¿Y con este que hacemos?- Volvió a preguntar el padre, señalándome a mí.

-Yo soy tu yerno…

-¡Qué yerno ni que ostias!

-Bueno, pues nuera, como guste…

-¡Maricón! ¡Fuera de mi casa!- Me agarró con fuerza. De repente la bolsa de guisantes congelados se estrelló en mi cabeza. Se rompió. Los guisantes se desperdigaron por el dormitorio. Mi novio me los había tirado.

-¡JODER! ¡LLEVARME AL MEDICO DE UNA PUTA VEZ!

-Cariño, le estoy explicando a tu padre lo maricón que eres…

-¡SIIIIIIIIIIIII, SOY UN MARICON, LO QUE QUERAIS, PERO LLEVARME YAAAAAAA!

-Eso sí que es valentía, mi amor, afrontarlo así delante de tus padres…

El padre me volvió a agarrar. Me dio tiempo a coger mi ropa. Me echó a la calle. Me vestí. Fui a mi coche. Entonces vi salir de la casa a los padres, llevaban a mi maromo en brazos. Se metieron en un coche y se fueron. El culo ya no me dolía. El calentón me volvió. Así que me hice una paja. Me corrí dentro de los calzoncillos. Arranqué. Me fui a mi casa.

Gléz-Serna