Posts Tagged ‘habÃa’
Las pruebas de Amina – 1 – Primera Prueba (II)
Continuación de http://comienzosdetierravacia.wordpress.com/2011/10/03/las-pruebas-de-amina-1-primera-prueba/
Cuando el hombre que le habÃa robado la virginidad se separó a Amina, esta suspiró con alivio, pensando que su captor ya estarÃa satisfecho y la dejarÃa ir, pero por desgracia estaba equivocada.
Aún con el semen deslizándose de su interior, el hombre comenzó a acariciar de nuevo los pechos de la chica, regodeándose en sus cada vez más endurecidos pezones. Cuando estos ya estaban en toda su plenitud, empezó a pellizcarlos, cogiéndolos entre dos dedos y retorciéndolos, haciendo que Amina sollozara de dolor. No contento con eso, colocó en sus ya maltrechos pechos sendas pinzas unidas con una cadena que ató a su vez a un gancho por encima de sus manos. En esa postura poco podÃa moverse sin provocar que la cadena se tensara aún más, provocando nuevas oleadas de dolor. En esa nueva situación el hombre dejo los pechos de Amina para concentrarse en su hasta hace poco virginal vagina. Con un gesto separó las piernas que Amina habÃa cerrado tan pronto como le habÃa sido posible y comenzó a penetrarla de nuevo. Poco tardó en inundar sus entrañas con su simiente, dejando a la chica semiinconsciente debido al dolor producido por las pinzas que aún la aprisionaban y que no habÃa podido evitar que se clavaran aún más en su piel durante el vaivén de la penetración. Aprovechando el actual estado de indefensión de la chica, él desató sus brazos y soltó las pinzas que aprisionaban sus pezones. La tapó con una fina colcha y depositó sobre esta, una nota que contenÃa sus siguientes instrucciones.
Cuando Amina despertó, se destapó, se quitó el antifaz que nublaba su vista y procedió a examinar el estado en el que habÃa quedado su cuerpo después de pagar su primer tributo. Sus pechos estaban enrojecidos y sus pezones arañados e hinchados debido a las pinzas, el más leve roce sobre ellos hacÃa que se estremeciera de dolor. El panorama que vislumbró al examinar su entrepierna era igual de desolador: estaba hinchada y enrojecida, y bajo ella se habÃa formado un charco formado por sus fluidos, su sangre y el semen del hombre que la habÃa penetrado. Con cuidado, se sentó en el colchón en el que la habÃan depositado, posando sus pies desnudos sobre el frÃo suelo de la estancia. En ese momento aprovechó para observar la sala en la que se encontraba. No habÃa puertas ni ventanas a la vista; en un extremo de la habitación habÃa un ornamentado reclinatorio frente a una cruz clavada en la pared; en el otro una bañera llena de agua que emanaba vapor, prueba de que estaba caliente y frente a la cama un gran baúl de madera que portaba un gran candado.
Se levantó con paso vacilante y comenzó a recorrer la sala, poniendo especial cuidado al observar las paredes que la rodeaban, esperando encontrar una puerta oculta que la permitiera escapar de su prisión. No tuvo éxito en su tarea, por lo que desanimada decidió que lo mejor serÃa aprovechar el agua de la bañera que aún permanecÃa caliente para quitarse los restos que habÃa dejado su captor en ella. Se sumergió en el lÃquido elemento y por unos instantes se relajó, olvidando los dolorosos recuerdos de la penetración a la que habÃa sido sometida. Sin pensar si quiera en ello, sus manos comenzaron a recorrer su cuerpo, deslizándose por él tal y como habÃa hecho las manos de sus captores. Masajeó sus pechos suavemente, con cuidado de no rozar sus heridos pezones y después continuó sus caricias por su vientre bajando hasta su vagina; recordando los breves momentos de placer que sintió cuando su captor hizo lo mismo, buscó su clÃtoris y presionándolo gradualmente se dejó llevar por el placer que recorrÃa su cuerpo. Por primera vez sintió un orgasmo, asustada y maravillada a la vez sonrió a la vacÃa habitación, felicitándose por haber encontrado esa fuente de placer en su propio cuerpo.
El agua comenzaba a enfriarse por lo que procedió a salir de la bañera, pero se encontró con que no tenÃa toallas con las que secarse, asà que rápidamente fue hasta el colchón decidida a secarse con la colcha con la que la habÃan tapado anteriormente. Al levantarla y envolverse en ella cual túnica romana, una hoja de papel se deslizó hasta el suelo, quedando a sus pies. Amina se agachó presurosa a cogerla, intrigada por su contenido.
Ya has pagado tu tributo,
es hora de que demuestres tu valÃa.
Tu primera prueba consiste en
que salgas de esta habitación.
Para ello, te daremos una sola pista:
Abre el baúl, gracias a él
encontrarás la salida.
MI ULTIMO INTERCAMBIO DE PAREJAS
HabÃa pasado tiempo desde la última vez que decidà tener un intercambio de parejas, tú te habÃas ido
Sexo en el coche
El sábado pasado quedé con un amigo para tomar algo, él es un chico bastante atractivo: alto, moreno, musculado, de los que a mi me gustan
En realidad, yo habÃa quedado con él simplemente como amigos, para salir un rato, contarnos nuestras cosas… pero él iba con una idea muy distinta.
Pasó a recogerme por casa, la idea era tomar algo por aquà cerca y regresar pronto a dormir. Cuando salÃ, estaba esperandome fuera, con la excusa de que estaba intentando arreglar un problema que tenÃa con los cinturones de la parte trasera, nos saludamos dándonos dos besos, como acostumbrabamos, pero esta vez “sin querer” rozó con una de sus manos mi trasero. En ese momento no le dà importancia, pensando que no habÃa sido a propósito. Nos montamos en el coche y fuimos a aparcar a un sitio cercano, donde se podÃa dejar en baterÃa y no solÃa haber problema para encontrar sitio. Comenzamos a caminar hacÃa el lugar donde habÃamos decidido tomar algo, pero no llevábamos ni cinco minutos de paseo cuando se colocó detrás de mi y rodeandome con sus brazos impidió que siguiera andando. En esa postura empezó a besar mi cuello; ese dÃa, cosa rara en mi, llevaba el pelo recogido en una trenza, lo que facilitaba que pudiera posar sus labios haciendo que me recorrieran escalofrÃos cada vez que lo hacÃa. Me giró hasta que quedé frente a él y comenzó a besarme en la boca, primero suavemente, para luego violarla con su lengua mientras sus manos no cesaban de recorrer mi cuerpo, agarrandome fuerte del culo y levantandome del suelo para que quedaramos a la misma altura. Poco a poco seguimos caminando, haciendo pausas cada vez más largas cuando volvÃamos a besarnos.
A medio camino pasamos por una calle que no estaba apenas iluminada, un pequeño callejón mejor dicho, donde él perdió el control. Mientras me besaba, me empotró contra una pared, sus manos no dejaban de acariciarme, intentando meterse por todos los huecos que encontraba en mi ropa: por la cintura de los pantalones, por debajo de la camiseta, por dentro del sujetador buscando mis ya erectos pezones… Me agarró las manos, acercándolas a sus pantalones, para que palpara la dureza que estaba adquiriendo su miembro, ya a punto de explotar. Empecé a acariciarle por encima de ellos, siguiendo el contorno de su polla, adivinando un miembro de muy buenas proporciones; mientras una de mis manos seguÃa acariciando su falo, la otra se introdujo por debajo de su camiseta para buscar sus pezones, que comencé a pellizcar mientras mordÃa su cuello. Cada vez la situación se caldeaba más, asà que después de unos minutos de magreo me agarró de la mano y me llevó de regreso al coche. Cuando llegamos, comenzamos a besarnos apoyados en él, de la misma forma que lo hacÃamos mientras estábamos en el callejón: sin parar de tocarnos, mordiéndonos, pellizcándonos… Abrió una de las puertas traseras del coche y sin esperar mucho, acabamos uno encima del otro recostados en el asiento.
Él no podÃa aguantar más y en seguida se desabrochó los pantalones, dejando al aire el miembro que yo habÃa estado palpando minutos antes. Con un rápido movimiento me cogió de la trenza y guió mi cabeza hasta su polla, pidiéndome que se la comiera. Yo obedientemente asà lo hice, lubricándola bien con mi saliva para luego introducirla hasta el fondo de mi garganta. Comencé a subir y bajar mi cabeza, sacándola una y otra vez de mi boca, deteniendome unos minutos cada vez que la sacaba para jugar con mi lengua en su capullo, excitándole aún más. De vez en cuando paraba y nos besábamos en la boca, para que él también probara su sabor y de nuevo volvÃa a comérsela, haciendo cada vez más presión con mis labios y retorciendo sus huevos con mis dedos. El final estaba cerca, se notaba por su respiración cada vez más entrecortada, momento que aproveché para meter uno de mis dedos por su inviolado ano. Fuà haciendo cada vez más presión con mi dedo, que entraba poco a poco por su trasero, primero hasta la primera falange, luego un poco más, hasta que quedó introducido del todo; comencé un mete-saca mientras incrementaba el ritmo de la mamada, hasta que al fin, con un grito de “Me corro” se derramó entre mis dedos.
Después de limpiarnos y arreglarnos un poco la ropa, si hicimos lo que tenÃamos planeado. Fuimos a tomar la tan merecida copa, acordando quedar en otro momento para acabar lo que habÃamos comenzado.