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Sexo y Sado…

Andaba yo por el centro de Sevilla buscando un libro por todas las librerías. Se titula “El día que murió Marilyn´´, de Terenci Moix. Finalmente acabé en cierta librería de viejo cuyo enclave quiero, o necesito, olvidar…

Cuando entré en la librería cientos de libros usados me dieron la bienvenida. Un chaval de mi edad aproximadamente estaba sentado tras el mostrador. Leía un libro de Bukoswki, muy propio. Él me gustó, estaba bueno, muy bueno, pero en aquel instante mi prioridad era encontrar el libro de Terenci. El dependiente levantó la vista del libro y se detuvo a observarme:

-¿Qué deseas?

-Busco un libro… “El día que murió Marilyn´´, de Terenci Moix…

-Voy a ver… -El dependiente cerró su libro y comenzó a pasearse entre las pilas de libros, buscando, buscando, buscando- Parece que no lo tengo…

Se quedó quieto, observándome. Yo a él lo miraba con curiosidad insana. No sé cómo sucedió, pero cuando quise darme cuenta el dependiente comenzó a besarme, a devorar mis labios, con fuerza, con furia y pasión. Mis manos se quedaron quietas en sus mejillas. Nuestros cuerpos se movían nerviosos, algunos libros cayeron al suelo.

-Vamos al almacén… -Me dijo mientras me arrastraba de una mano, sin darme opción a negarme.

En la trastienda reanudamos nuestros besos. Me pidió que me desnudara, y así hice mientras me observaba. Comenzó a lamerme todo el cuerpo, mientras me besaba. Cuando terminó se desnudó y sin que me lo pidiera fui yo el que comenzó a besarle y lamerle todo el cuerpo. Me detuve en su entrepierna. Me metí sus huevos en la boca, los succioné como acostumbro mientras le miraba a los ojos. Él me acompañaba con una mano en la nuca, y con la otra me hizo algo nunca visto por mí: Me daba golpecitos con su polla en la frente, los ojos… Prácticamente me forzó a lamer, chupar su polla, con furia. Él marcaba el ritmo de la felación. Cuando se cansó nos tumbamos en el suelo. Ahora comenzó a pellizcarme los pezones, los cojones, la polla, mientras me besaba. Pellizcaba con fuerza. Sentí un dolor intenso con cada pellizco que me produjo una sensación de placer nunca conocido. De repente pareció que cambiaba de opinión y me puso a cuatro patas, sin comérmelo ni bebérmelo me metió la polla y me petó con fuerza, con decisión. Parecía que se corría, yo casi lo hacía sin tocarme, sólo por el placer que obtenía. Como improvisando la sacó de mi culo y me la metió en la boca, donde se corrió dando convulsiones por el placer. Tragué. Nos observamos y nos vestimos. Nos despedimos, pero me citó para volver al día siguiente. Ni yo mismo sé si volveré…

AVISO: Se trata probablemente del relato más real que he escrito nunca, sólo he omitido lo preciso para no ser reconocido el lugar ni el sujeto.

Gléz-Serna

Buenos Días.

Tenía todos los músculos relajados, la cama me abrazaba, intuí que ya era mediodía a pesar de estar a oscuras. Después de tantos años la mano de mi pareja sobre mi pecho aun seguía siendo recomfortante, la primera erección de la mañana no tardó en llegar y con ella mi capullo se llenó de líquido.

Con los ojos cerrados, puse mis manos sobre su culo….un minuto……dos………tres…….agarró mi polla con fuerza.
Comenzó a besarme el cuello, el pecho, a lamerme el pezón, su lengua iba acariciando mi cuerpo mientras su mano ejercía presión sobre mi rabo duro, me sopló sobre el vientre, me besó las inglés y comenzó a lamer en circulos mis huevos, su lengua empezó a subir buscando mi glande, hasta que senti cómo una cueva húmeda invitaba a mi miembro a entrar. Su lengua frotaba lentamente mi frenillo. Sus dientes rozaban mi glande. Mi polla entraba y salía sin parar de su boca, abrí los ojos mire hacia abajo y ahí estaba él deleitándose con mi rabo, me la chupaba con ansiedad. Miró hacia arriba y nuestros ojos se encontraron. Agarré mi polla y la golpeé contra su boca, le excitaba, le enloquecía, se la metió hasta lo más profundo de su garganta, subió para comerme la boca sin dejar de masturbarme y me repetía sin cesar:

-Córrete en mi boca, dámela.

Volvío a bajar, y siguió mamando, gemí, le advertí pero no se quiso apartar, abrió su boca y mi leche comenzó a salir a borbotones, un enorme placer me invadió desde mis huevos hasta mi cuello.
Podía ver como se recreaba con mi semen. Cuando terminé de correrme siguió mamando y mi lefa caía de su boca sobre mis huevos. No quería parar de chupar, terminó poniendo su polla contra mi pezón y corriéndose, llenando todo mi pecho de fluido.

Las aventuras de Nena Palote y su cipote ( 14ª Parte)

Nos fuimos a su cama. Nos desnudamos. Nena Palote y Gléz-Serna al desnudo (Mi cuerpo mucho mejor que el suyo…). Me tumbé en la cama. Él comenzó a trabajarme. Me lamió la frente, las mejillas, el cuello, el hombro, las tetas, los pezones, la barriga, el ombligo, las ingles, los huevos, la polla, los muslos, las rodillas, los tobillos y los dedos de los pies. Después de todo esto volvió un poco más arriba, a mi nabo (erecto ya…). Su lengua lo recorrió. Chupó la cabeza a la vez que me pajeaba. Se la metió enterita en su boca, hasta la garganta. Mientras hacía todas estas guarrerías su lengua seguía golpeando mi polla (Como Gléz-Serna nadie las mama). Me follé un buen rato su boca. Entonces decidió parar y me puse yo a mamar un poco, imitándole. Él sí se corrió en mi boca.

Lo puse a cuatro patas. Me lubriqué mi afamado cipote. Trabajé su culo con los dedos, dilatándole. Cuando lo tuvo suficientemente abierto acerqué mi polla, rozando pero sin entrar. Le noté caliente y deseando ser follado. Le metí la puntita y la dejé quieta un ratito. Poco a poco fue adentrándose en su agujero de la pasión, en su totalidad. Comencé a bombear, variando el ritmo. A la vez, le pajeé con lentitud. Su cara de gozo era un poema. Nuestros gemidos y el olor a sexo inundaban el dormitorio. Me corrí en su interior, metida hasta el fondo. Esperé con ella dentro a que se pusiera blanda. La saqué.

Él seguía empalmado. Me tumbó boca arriba y colocó mis pies sobre sus hombros para acceder a mi culo. Yo estaba taaaaaan cachonda que estaba dilatadísima. Comenzó a follarme. Magreaba mis tetas mientras me petaba. Su lengua volvió a lamerme la frente y las mejillas. Me mordió el hombro, su fetiche. Como se trataba de su segunda eyaculación tardó en llegar mucho tiempo. Aquello hizo que mi gozo llegara hasta el infinito. Nuestros cuerpos sudados estaban unidos en un mismo ser. La cama botaba con sus envites. Mi espalda se arqueaba. Se corrió. Nos tumbamos abrazados. Me miró y dijo:

-Lo siento, Nena, no pude evitar correrme…-Rió la broma –Gracias por el polvo…

-De nada, maricón…

-Eres una amiga.

-Los amigos estamos para hacernos favores…

-Favores de todo tipo.

Seguimos hablando de nuestras gilipolleces. Nos duchamos juntos. Vimos el cotilleo de la tarde por televisión. Marujeamos un buen rato, valorando a quienes nos follaríamos (y como) de los que salían por la tele. Luego, me fui a casa…

Nena Palote