Posts Tagged ‘Luis’

La chica de la mesa del rincón - Parte II

- Hola. Ya no he podido resistirme más, ¿nos conocemos de algo?

- Diría que no, pero puedes sentarte con nosotros. Yo soy Marta, y él es Luis, mi marido – se levantó de la silla sonriendo.

-Yo soy Danielle. Encantada, chicos. Ahora no sé si lo que debo hacer es sentarme.

-Espero que no lo dudes ni un segundo –Marta le ofreció una silla.

Danielle se sentó al lado de Marta, encendió otro pitillo y, tras un incomodo silencio de varios segundos, Luis inició la conversación.

-Bueno, Danielle, ¿vienes muy a menudo por aquí?

-No, estoy de paso.

-Ah, creí haber oído al camarero saludarte como si te conociera –dijo Marta.

-Sí que te fijabas en mí, sí –respondió sonriendo.

Marta empezó a flirtear con Danielle acercándose cada vez más a ella. Coqueteaban en cada palabra, en cada gesto, y en todo momento. En media hora ya parecía que se conocían de toda la vida. Mientras, Luis las contemplaba con una mezcla de excitación y fascinación.

-Me estáis poniendo cachondo, lo sepáis.

Ellas rieron tras escuchar las palabras de Luis.

-A todos los tíos les pone ver a dos mujeres tontear, mi marido siempre fantasea con ello –dijo Danielle con cara traviesa.

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La chica de la mesa del rincón - Parte I

Aquella mañana, Luís y Marta hicieron el amor y durmieron hasta pasadas las diez. Se levantaron, y decidieron salir a desayunar.

Luís había quedado esa misma tarde con Paul, un primo lejano que nunca había conocido en persona. Se encontraron por Internet a través de una red social, y pensaron en quedar en la ciudad aprovechando que hacía escala a Francia.

Así que la pareja decidió ir directamente al centro, y quedarse por la zona hasta la tarde. Fueron al café Bach, el favorito de Marta. Era una cafetería mítica con una gran terraza en una plaza repleta de bohemios y artistas.

Luís, con el periódico bajo el brazo, y ella con su bolso de flecos tambaleando, se sentaron en la terraza del Bach y pidieron café.

-  Quiero verte seducir a una mujer.

-  Jajajaja… -Marta se reía.

-  Quiero ver cómo la conquistas.

-  Cariño, me has visto mil veces con mujeres.

-  Sí, pero te estoy hablando de seducirla, de flirtear con ella, de encandilarla, y excitarla hasta que no pueda resistirse a tus encantos – Luis echaba azucarillo en el café mientras miraba a su alrededor por debajo de las gafas de sol.

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Hambre de sexo ( 2ª Parte)

Mi móvil sonó. Descolgué.

-¿Gléz-Serna?

-Soy yo. ¿Quién es?

-Soy Luis. ¿Te acuerdas que follamos el otro día?

-No sé…-Me hice el interesante.

-Soy el que tenía novia. Me la mamaste y luego te follé el culo, en un callejón junto a la Alameda…

-¡Ah!. Comienzo a recordar…-Sabía perfectamente quien era. No me interesaba más que para un polvo. Pero si me lo ofrecía de nuevo aceptaría, por supuesto.- ¿Qué quieres?

-Verás… Mi novia y yo hemos pensado en hacer un trío.

-¿Y?

-Me acordé de ti. Me encantó follarte. Además estamos buscando a un chico.

-¿Y?

-Me dijiste que escribías relatos eróticos.

-¿A si? ¿Te dije eso?- No recordaba ese aspecto. No obstante quizá le conté algo. Necesito propaganda, y cuántos más gays sepan de mí, mejor. Me entraría un momento de “relaciones públicas´´, aparte de las púbicas, que esas se dan por realizadas.

-Sí. Le hablé de ti a mi novia. Buscó tu blog y ha leído algunas cosas. Dice qué debes de follar muy bien.

-Tú lo comprobaste. ¿Se lo contaste?

-No soy tan estúpido. Le he dicho que eres mi amigo…Y que me gustaría probarlo con un chico, y por eso te queremos para el trío.

-¡Cómo si nunca hubieras comido una polla!

-Bueno. ¿Aceptas o no?

-¿Cómo tiene el coño tu novia?

-Lo tiene grande, enorme. Lo tiene teñido de rosa. Muy velludo.

-Curioso. No me interesa tanto como tu polla, pero de acuerdo.

Nos citamos en la casa de los padres de ella. Me dieron la dirección y fui con mi coche. Cuando la vi me decepcionó. Era una tía grande, fuerte. El pelo muy moreno, y su piel también. No me transmitió ninguna atracción. Pero sentía curiosidad por ver su coño teñido de rosa. Luis me interesaba más. Él también era moreno. Su extrema delgadez me atraía, por esa razón follamos la otra noche. Mis gustos son dispares, pero cierto tipo de hombre delgado me pone muy cachondo. Luis era de ese tipo. Rompimos el hielo con alcohol, tabaco y un poco de conversación. Se notaba que era la casa de los padres de ella. Muy recargada y hortera.

Nos desnudamos. Me  encantó aquel coñito teñido de rosa. Un fantástico descubrimiento. Pero lamentablemente mis ojos se iban hacia la polla de Luis. Me sentía especialmente maricón aquella noche. Ellos sentados en el sofá. Yo, me puse de rodillas. Mi lengua comenzó a lamer el coño. Al tiempo, fue hacia la polla. Mi boca viajaba de un sexo a otro. Los contrastes eran diferentes. Ambos se besaban y acariciaban mientras yo trabajaba sus entrepiernas.  Sudábamos de placer. Aquello me estaba gustando. Los acariciaba mientras seguía a lo mío. Cuando faltaba poco para la eyaculación de Luis, detuve mi faena.

Me incorporé. Nos fuimos a la cama. Nos besamos los tres. Nuestras manos acariciaban los otros dos cuerpos. Puse a la chica del coño rosa en pompa. La penetré analmente. La empalé. El novio comenzó a comerle el coño mientras yo me la follaba. Cuando calculé que le había administrado la mitad de mi tiempo de erección, me agarré el culo de Luis. Me gustó mucho más follarme su culo. Mi polla apretada por sus nalgas. La metí hasta el fondo, la mantuve allí mientras me corría. Jadeando como una bestia eyaculé en su interior.

Luis tomó el mando. Se folló a su novia, pero me imitó, porque guardó su lefa para mi culo. Me empaló. Me hizo sentir en mi interior toda la longitud de su nabo. Me arqueé reprimiendo mi placer. La novia, mientras, se metía los dedos en el chocho, mirándonos. Luis se corrió en mi culo. La sacó rápidamente y se dirigió a su novia. Aún morcillona se la introdujo en la boca. Quizá tenía intención de que parte de su semen, esa gotita final, acabara en su lengua. Pero también debió saberle a mi culo, a mi mierda. Habíamos follado sin condón.

Gléz-Serna