Posts Tagged ‘ndola’
Trabajo nuevo - 10
De nuevo en la habitación me hizo desnudarme y retiró lentamente el consolador de mi interior. Mi trasero estaba bastante dilatado debido a todo el tiempo que lo había tenido dentro, por lo que decidió que sería buena idea “desdilatarlo” y para ello fue a las cocinas y volvió con un vaso lleno de hielos. Se sentó en la cama y me indicó que me pusiera de nuevo sobre sus rodillas, obedientemente eso hice, dejando nuevamente mi culito expuesto.
Cogió un hielo entre sus dedos y suavemente comenzó a pasarlo por la raja que separa mis nalgas, recorriéndola de arriba abajo y parándose unos segundos en mi agujero que al notar el frío comenzaba a contraerse. Notaba como escurría el agua fría entre mis piernas, según iba derritiéndose el hielo y este iba haciéndose cada vez más pequeño hasta desaparecer. Entonces cogía un nuevo hielo y comenzaba a repetir la operación, dejándolo cada vez más tiempo en la entrada de mi trasero. Con el tercer hielo cambió la manera de actuar y ya no solo se contentaba con pararse simplemente, si no que lo empujaba hasta introducirlo poco a poco en mi interior. La contracción de mi culito en ese momento fue mucho más acusada, haciendo que me recorriera un espasmo por todo el cuerpo. Siguió así con unos cuantos hielos más, los cuales acababan todos en mi interior. Dándome un par de palmadas en el culo, me indicó que me levantara y me pusiera a cuatro patas en mitad de la cama, quería comprobar si la “desdilatación” había funcionado. Nuevamente hice lo que me ordenaba y poniéndome a cuatro patas como me había indicado esperé a que me hiciera lo que quisiera. Se colocó a mi espalda y poco a poco fue introduciendo uno de sus dedos por mi recto, los hielos habían funcionado, estaba más cerrado y le costaba mucho aceptar el nuevo invasor. El resultado debió de gustar a Santiago pues sin previo aviso sacó su dedo de mi interior y me indicó que durmiera un rato, que más tarde subiría con la cena y con mi tratamiento. Sus ultimas palabras me hicieron estremecer, pero sabiendo que no podía impedir que me hiciera lo que quisiera, le hice caso y dormí un poco.
Me desperté sintiendo suaves caricias en mis nalgas y si, ahí estaba él, acariciándome esperando a que despertara. Me incorporé y me fui a levantar, pero él negando con la cabeza me indicó de nuevo que me pusiera sobre sus piernas. Eso hice y rápidamente noté sus dedos separando sus nalgas mientras el ya conocido termómetro se abría paso hacia mi interior. Cinco interminables minutos tuve que esperar hasta que lo sacara, pero pronto mi felicidad se acabó cuando comenzó con los azotes, que caían en rápida sucesión sobre mis ya maltrechas nalgas. Y para acabar un supositorio…
Después de recibir mi tratamiento nos dispusimos a cenar y a relajarnos un poco viendo la televisión, pero después de un rato viendo una película bastante mala, me dijo que apoyará el pecho sobre la mesa y separara las piernas, que quería verme en esa posición. Así lo hice, me levanté, me acerqué hasta el escritorio y separando las piernas me incliné dejando mi trasero en pompa y bien visibles ambos agujeros. Pasaron los minutos sin que él viniera a mi encuentro, yo cada vez estaba más incomoda de permanecer en esa posición, pero él seguía tranquilamente viendo la película no haciendo otra cosa que mirarme de reojo de vez en cuando. Cuando por fin terminó la película se levantó y se acercó lentamente hasta donde yo estaba. Se colocó detrás mía y sin ninguna preparación me penetró por delante, estaba poco lubricada y me dolió aunque rápidamente según el iba incrementando el ritmo de sus embestidas empecé a mojarme. Estuvo varios minutos bombeando, cada vez más fuerte, hasta que a punto de correrse la sacó de mi interior y apoyándose en mi culito se corrió allí. Se separó y de nuevo se tiró en la cama para ver la tele, no sin antes decirme que quería que permaneciera así, con su corrida chorreando por mi trasero.