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Pues pareces muy maricón, hijo…
Me encontraba bastante borracho, tanto, que llevo casi tres dÃas sin escribir, llevo todo este tiempo bebiendo casi sin parar. Pero mi hÃgado ya me ha dicho que basta. Ahora toca escribir para vengarme de un mentiroso más…
                                                          * * *
Yo no esperaba que me entrara nadie en ese momento. Me limitaba a beber un gyn tonic, apoyado en la barra de un bar de ambiente. Fue él quien se acercó a mÃ. ParecÃa atractivo. Era alto. Ojos claros, entre azules y grises. Pelo negro. ¿Treinta años quizá?. Puede ser más o menos asÃ. Charlamos un buen rato. ParecÃa muy suelto y lanzado en el sexo. No me hice de rogar. Todo comenzó cuando me preguntó:
-¿Eres pasivo o activo?
-Versátil. Le doy a todos los palos, maricón…
-Yo activo…-Cuando dijo esto me miró con ojos de deseo- Me gustan como tú, jovencitos. Pareces macho de aspecto, pero a veces tienes cierta pluma, la justa. Me encantarÃa follarte…
-¡Oh! Gracias…
-¿Te molo?
-No me disgustas.- No hay que alagar más de la cuenta, que luego se lo creen. Me gusta quedarme corto en estos temas.
-¿Qué te gustarÃa hacer en un polvo?
-Ya te he dicho que le doy a todos los palos…No sé, lo que a ti te apetezca…
-Me gustarÃa que nos pusiéramos la ropa interior del otro al follar…
-Vale.
-Quiero que me la chupes al principio, te metas mis huevos en tu boca. Luego te voy a follar, mientras te haré una paja. Me molarÃa que te tragaras tu semen cuando te corrieras, a la vez que te la estoy metiendo…
-Ok.-Fue a darme un pico. Me separé. Puse una mano en su pecho. Cuando es tan claro el asunto, prefiero no besar. Soy asà de caprichoso- Quieto. Sin besos.
-¿Y eso?
-Soy como las putas, intento besar sólo por amor…-Le mentÃ.
-Bueno…¿Nos vamos a tu coche o el mÃo?
-El mÃo es diminuto. Si el tuyo es grande, mejor…
-De acuerdo, entonces vámonos al mÃo.
Fuimos en silencio hacia su coche. Condujo hasta una zona apartada. Un polÃgono industrial. Me pareció excesivo ir tan lejos. Quizá pensara en asesinarme, fue lo que pensé. Aparcó. Nos desnudamos. Nos intercambiamos la ropa interior. Reconozco que mis boxer eran mucho más monos. Su ropa interior se cernÃa a un slip blanco. Demasiado soso, concluÃ.
Se sacó la polla por la parte de arriba de mis boxer en préstamo. Estaba empalmado. Dieciocho centÃmetros de carne, calculé. Recorrà la longitud con mi lengua. Cumplà sus deseos metiendo sus testÃculos en mi boca. Apreté un poco, sólo un poco. Su placer crecÃa sin parar. Se la chupé un rato más. Cuando decidió que era suficiente me hizo detener mi labor. Me senté en el asiento del copiloto. Regulé el asiento hacia atrás, dejándolo al plano. Me bajé sus slips a los tobillos. En pompa, le ofrecà mi culo, mi agujero de la pasión. Se colocó. Se lubricó la polla. La metió con fuerza. Me causó un poco de dolor al principio. Sentà la inyección de carne en barra en su totalidad, dieciocho centÃmetros de polla en mi interior. Arqueé mi espalda por el placer. Me comenzó a pajear mientras me follaba. Todo iba según lo acordado. No tardé en correrme, lo hice muy pronto. Mi semen cayó en mi pecho, lo recogà con los dedos y lo tragué. En ese instante sonrió de una forma muy de psicópata, justamente cuando eyaculó. Gritó de placer, muy exagerado. Me clavó las uñas, intensamente. Se dejó caer en su asiento. Nos recompusimos. Comenzó a vestirse, con mis boxer puestos.
-Oye…Espera- Le detuve.
-¿Qué?
-Mis boxer…
-Me gustarÃa que cada uno se llevara lo del otro…
-Perdona, pero no…Tus slips son de mercadillo, mis boxer son de marca…Asà que ya sabes, maricón.
Refunfuñó un poco, pero me devolvió mi prenda. Ahora nos vestimos, cada uno con su ropa interior. Todo en orden, como debe ser. Me llevó de vuelta al centro de Sevilla. Antes de abandonar el coche, me confesó:
-¿Sabes una cosa?
-Dime.
-Eres el primer tÃo al que se la meto…
-No me lo imaginaba.
-Tengo novia…
-Pues  pareces muy maricón, hijo…-Con esto último me despedà de él.
Gléz-Serna