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Tenía una boca para comerle toda la polla…
Le eché el ojo con sólo verle la boca. Unos labios y dientes perfectos. En definitiva tenía una boca para comerle la polla. Lo afirmo. Su porte era chulesco, y como bien sabrás eso de liarte con un gallito nos pone a todas y todos a mil. Lucía el pelo corto, rubio. Ojos azules.
Cuando me convencí de que tenía una boca para comerle toda la polla fue en el instante en el que la abrió para hablar. Lo hizo en inglés. Su voz era… Su voz era ronca, pero no rota, sólo un poco y con musicalidad. Estaba claro que además de tener una boca para comerle la polla lo ideal era que te hablase mientras le limpias la polla, sacando todo su jugo…
No tenía pluma. No parecía maricón, al menos no demasiado. La clave para adivinar su sexualidad fue preguntarle sobre sus estudios y vida en general (no me importaba demasiado pero era algo necesario para saber si perdía aceite). Después de enterarme de que estudiaba periodismo, era fan de Madonna, le interesaba la literatura y amaba la copla y a Conchita Piquer decidí que sí que era maricón. Eso quería decir que tenía más posibilidades de comerle la polla. Lo primero porque no hacía falta convencerlo para que se cambie de acera (cosa cansada muchas veces…). Lo segundo que si le daba un poco de coba seguro que caería atrapado en mis telarañas amorosas y felatrices.
¿Quieres saber cómo se llamaba? No recuerdo si era Raul, Eu (de Eustaquio) o Melquíades. Lo importante era su boca, taaaaaan bonita que no podrías casi ni enterarte de sus palabras, porque te quedarías hipnotizado.
Por cierto, el maricón tenía novio, pero no recuerdo por qué el afortunado estaba trabajando o estudiando fuera. Eso significa vía libre. Es criminal permitir que una boca taaaaan bonita se quede en soledad, abstinencia y castidad forzosa por esta razón. Lo humano era satisfacer al muchacho. Sin dudarlo.
Cuando me hablaba yo afirmaba con la cabeza mientras bebía y fumaba y bebía y fumaba. Pero la verdad es que de poco me enteraba. Decidí terminar pronto:
-¿Oye, sabes una cosa? –Le dije.
-El qué…
-Tienes una boca para comerte toda la polla… -Cuando dije polla, y por eso de dar fundamento a mi argumento, le trinqué la verga.
-Oh, gracias maricón…
-¿Por cierto, cuánto te mide? Por lo menos veinte en blando…
-Algo más…
-¡No me digas!
-Sí…
-¿Y cuánto? Oye, si no es mucho preguntar…
-Cuatro más…
-¿Veinticuatro?
-Sí…
-Valor… Reafirmo que tienes la boca para comerte toda la polla, los veinticuatro centímetros…
-Si quieres…
-No es que quiera, lo necesito… ¿Tú no sabes que todo hombre necesita una inyección de carne en barra de vez en cuando?
Sin esperar la respuesta lo cogí de la mano (qué mano, por cierto) y lo arrastré contra su voluntad tras unos arbustos. El sitio era oscuro, pero no evitó que pudiera ver a un par de parejas fornicando, una de maricones y otra de esas convencionales taaaan aburridas de un tío y una tía. La cuestión es que cuando la luna iluminó esa polla taaaaan bonita y grande quedé prendado, enamorado, dominado. Perdí mi libertad, me había convertido en suyo. Hice un ñam-ñam y clavé la rodillas en tierra (sin pensar en los cristales, condones usados y alguna que otra jeringuilla de heroinómanos desfasados). Un lametón en las pelotas fue mi comienzo. Me las metí en la boca. Eran grandes, proporcionadas con el nabo. Mi boca se llenó con sus cojones. Su boca sonreía y entre la penumbra pude deleitarme con esa visión desde su sexo… Exprimí su fruto de la pasión hasta recibir su zumo blanco, su jugo, su lefa, su semen… Mi premio fue recibir su fertilidad en mis labios, mi lengua, mis dientes. Tragué. Le invité a un cigarro. Salimos de los arbustos de la mano y regresamos junto al grupo donde habíamos coincidido. Justo antes de llegar paró. Me miró los labios:
-Espera… -Me dijo.
-¿Qué pasa?
-Tienes semen en los labios… -Recogió con un dedo una gotita olvidada en la comisura de mis labios y se lo chupó- Ya está, vámonos…
Gléz-Serna
Una aventura sexual
Llevábamos mucho tiempo esperando hacer ese viaje. Por fin había conseguido que coincidiera mi día de fiesta con el de mi novia.
Pero antes de nada creo que debería presentarme, yo soy Carlos, 45 años, moreno, bastante bien físicamente pero supongo que la que interesa es ella, Laura, 25 años, rubia con la melena a media espalda y una figura que todo el mundo, chicos y chicas se vuelven a mirar pues tiene un pecho generoso, estrecha cintura y unas caderas remarcadas por un culito pequeño y duro que me encanta apretar y sentir lo frío que esta siempre.
Yo estoy casado, bueno, sigo soltero, la que esta casada es mi mujer, pero Laura y yo somos pareja desde hace 4 años y e de reconocer que siempre me a gustado ver disfrutar a mi chica con otras personas, sean hombre o mujeres, aunque prefiero siempre que sean hombres los que gocen de ese cuerpo, este presente yo o no, pues hemos hecho tríos, intercambio e incluso a veces le e pedido que salga sola por ahí a ligarse un tío para que se la folle y después, al llegar a casa, sea yo quien le haga el amor y le hace disfrutar mientras me cuenta todo lo que a hecho o le han hecho. Considero que no soy un cornudo puesto que siempre estoy al corriente de sus aventuras e incluso las animo por lo tanto no las considero infidelidad.
La recogí esa tarde y vino tal y como yo le pedí que lo hiciera, perfectamente maquillada, blusa con buen escote sin sujetador y minifalda de vuelo, los tacones hacían que la faldita se moviese a un lado y otro cada vez que daba un paso, estaba preciosa y a mi me vuelve loco esa mujer.
Los había pillado infraganti…
Tratando de disimular miró hacia otro lado. Su mirada le atemorizaba. Sus ojos perseguían a los suyos. Sinceramente su mente calenturienta pensaba en ir junto a él a otro lugar. El lugar ideal era su habitación, su cama. Un lugar donde robarle la esencia de su sexo, el extracto de su polla, su semen… Jugaba nervioso con el cigarrillo que fumaba. Lo pasaba de una mano a otra sin saber qué hacer. Esos ojos, esa mirada del otro lo ponía inquieto…
La música sonaba. El local rebosaba de maricones con sus mariconadas varias. El aceite impregnaba toda superficie. Las plumas salían despedidas de los movimientos del personal. Todo parecía eternamente genial para él. El único contratiempo eran esos ojos, esa boca, esos dientes, esas manos, ese cuerpo, esa sonrisa, esos hombros, esa espalda, ese pecho, ese paquete, ese culo taaaan tremendo, esos muslos, esas rodillas, esos gemelos, esos tobillos, esos pies cubiertos con unos botines perfectos… Todo esto lo formaba a él. Desde luego nuestro amigo no hubiera dudado en ponerle un monumento a la madre que parió a ese maromo, por lo bien que lo había hecho…
No tardó en acercarse a nuestro amigo. Meneando ese cuerpo ideal entre los maricones presentes, acercándose a él, eligiéndole a él. Era un verdadero privilegio poder follar con tal espécimen. Se besaron. Más de uno se fijó en cómo se amaban los dos, era inevitable hacerlo…
Se marcharon juntos del local. Dos calles más abajo volvieron con los besos. No tardaron en acabar tumbados en la acera, junto a los coches estacionados. El ruido del tráfico les llegaba, con la interrupción de las luces de los coches. El riesgo de que cualquier madrugador los pillara follando ahí mismo aumentó el placer de ambos. Las manos fusionaron los dos cuerpos en uno solo… Semidesnudos la lengua de uno recorrió el culo del otro, inspeccionando su agujero de la pasión. Al poco ya le tenía la polla metida. Se trató de un polvo a lo loco, sin descanso ni pausa. Comenzó a amanecer en el momento mayor del clímax, cuando eyaculaba en el interior de su amante el tiempo se detuvo. Los dos miraron adelante, donde una mujer dejó caer unas bolsas al suelo antes de llevarse las manos a la boca… Los había pillado infraganti…
Gléz-Serna