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El sexo es una Plegaria Atendida…

No pude evitar recordar la obra “Plegarias atendidas´´ de Truman Capote, donde aparece un personaje que habla de lo excitante que resulta ver a un hombre con calcetines puestos como única prenda… y con la polla tiesa…

Lo conocí como a tantos otros. Era estudiante y me ofreció tomar una última copa en su piso, solos. Esto siempre significa que habrá algo más que una copa. Me invitó a pasar a su dormitorio tras besarnos. Se excusó para ir al servicio. Cuando me quedé solo encendí un cigarro y abrí la ventada de su dormitorio, apoyándome, mirando y cotilleando al vecindario. Fumar y cotillear es algo sanísimo… Pues bien, de repente escuché a mis espaldas que se acercaba… ¿Cómo se llamaba? Raúl, era Raúl… Raúl estaba de pie bajo el marco de la puerta. Estaba desnudo, salvo por unos calcetines grises que le llegaban hasta las rodillas.  Estilizaban sus delgadas pero fuertes piernas. Era como una segunda piel que me daba un morbo atroz. Raúl tenía el cuerpo perfectamente depilado, nabo incluido que erecto todo me miraba a los ojos. No pude soportar esa mirada de su nabo depilado y el cigarro se me cayó al suelo por la conmoción.

-¡Maricón, el cigarro! – Me riñó Raúl- Que vas a dejar marca en el parquet…

No pude disculparme ni decir nada. Recogí el cigarro y volví a chuparlo, mamarlo, imaginando que absorbía la esencia reproductiva de esa polla depilada. Ese nabo tieso, me miraba, me tentaba, me hipnotizaba. Las manos me temblaban, las rodillas me fallaban. Mi cuerpo entero pedía, y debía,  ser follado por ÉL. En este caso no cabían bisexualidades ni versatilidades. Esa noche sólo podía sentirme follado por esa polla erecta que me llamaba, que me avisaba de su poder magnánimo y  que haría conmigo lo que se le antojara. Mi propia polla estaba excitada, convulsionaba dentro de mis pantalones, luchando por salir. Mis cojones se volvían pétreos a cada segundo, dispuestos. Todo armado, todo listo. Arrojé el cigarro por la ventana y me lancé hacia Raúl. Me puse de rodillas, mamando con violencia mientras me desnudaba. Apreté sus nalgas con una mano mientras recorría con la otra sus muslos, sus rodillas y piernas enfundadas con los calcetines largos que tanto morbo daban a la situación (nunca me figuré que podría sentir algún día “eso´´ por alguien que lleva calcetines al follar…). Volviendo a Capote sentí que mis plegarias eran atendidas, cumplidas. Ya que no había más comunicación entre mi amante y yo que la del sexo, un sexo animal, bestia, bruto, forzado. Sin hablar los dos ya sabíamos que rol teníamos cada uno.

Cuando sentí esa polla entrar en mí, tomarme , poseerme, sentí el culmen del placer más absoluto que puede sentir un hombre. Yo a cuatro patas y él de rodillas, bum, bum, bum. El bombeo se mantuvo demasiado poco, pero excuso que estábamos muy, muy calientes.  Se corrió. Fui al baño. Busqué mi tabaco por el dormitorio:

-Oye, Raúl… ¿Has visto mi tabaco?

-No…

-Joder, lo he perdido… -El mono del tabaco me mata, no es como ningún otro mono, ni el del sexo se le compara- Necesito fumar…

-Fuma de este… -Se agarró la polla, que ya estaba blanda.

Me puse de rodillas de nuevo y él sentado en la cama. Mamé un poco, pero no podía concentrarme. ¡Necesitaba un cigarro!. No prestaba atención. Mientras su polla entraba y salía de mi boca yo no hacía otra cosa que pensar dónde habría dejado el tabaco. Mi amante vibraba. Me saqué la polla de la boca:

-¡Ya sé, me lo dejé en la ventana!

-¡No, no, ESPERA, NO,  QUE ME VOY! –Me agarró la nuca con las dos manos. Yo me resistí, no iba a tragar hasta que fumara, pero por las posiciones me podía físicamente. Acercó su polla a mi boca, a centímetros. El semen salió disparado hasta caer en mis labios, mis comisuras. Me ganó el cabrón, se había corrido. Me relamí una parte, me levanté, me acerqué a la ventana y fumé… Esa primera calada de humo… Esa primera humareda de humo saliendo de mis pulmones y llenando el dormitorio me hizo olvidar el semen, que aún tenía en mis labios, como cumpliendo una Plegaria Atendida…

Gléz-Serna

EL TERCER ACTO desvarío mental erótico

“…Aprovechando mi buen escondite la observé fijándome en esos largos tacones, que hacían mucho ruido al contacto con la madera del suelo.
Se detuvo al final del pasillo, frente a un espejo, se miró y  empezó a arreglarse el pelo.
A través del espejo pude verla con claridad. Era una mujer bien guapa, con un lunar en el mentón derecho y con unos labios carnosos.
La mujer no dejaba de mirarse en el espejo, haciendo poses extrañas, mientras repetía frases sin sentido que no acertaba a comprender porque no podía oírlas con claridad desde mi escondite.
De repente, para mi sorpresa, esa mujer empezó a desabrochar los botones frontales de su vestido blanco, lo abrió y mostró a través del espejo un precioso cuerpo que me dejó atónito.
Esa mujer no llevaba ropa interior alguna bajo el vestido y mis ojos se clavaron en su perfecta y armoniosa desnudez.
Ella, ajena a mí y a todo, seguía hablando sola, y haciendo gestos forzados, como si estuviera actuando, mostrándome unos senos menudos y redondeados, un vientre plano y blanco, y un pubis de abundante pelo caoba.
Para mi sorpresa – y excitación –  esa mujer comenzó a acariciar sus senos, y pude ver como su cara se transfiguraba por completo, dibujando la excitación que había en su cuerpo…”

todo el relato en pdf………………EL TERCER ACTO