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El cuadro y la lluvia
| El cuadro del Apocalipsis fue testigo de un amor apasionado mientras en la calle rugía la tormenta. |
Era un día de tormenta. Igual que hoy, el miedo no me dejaba descansar. Esos truenos que no paraban de retumbar en mis oídos, como eternos golpes sobre el metal. Y no se va. Subí a la terraza, no se fuese a hundir el techo de la habitación que daba a la buhardilla de mi vecino. O tal vez subí porque la intranquilidad me decía que tenía que buscar cobijo…, o tal vez…, pero no podía ser. Sólo lo había visto una vez, en las Galerías del Corte Inglés. Aquél día entré a los probadores con un pantalón negro de pinzas, muy elegante; al salir del probador para que la dependienta me diera su visto bueno a cómo me quedaba el pantalón de largo, me crucé con su mirada que, con un gesto algo burlón, o al menos así me lo pareció, me comentó: – ¡te quedan perfectos!.
-¡Ah!, ¿eres tú el nuevo dependiente?. Risas.
Sus dientes blancos, perfectos, su cara de osito de peluche, ojos para no dejar de mirar, boca para besar.. ¿de dónde había salido este chico tan atractivo?. Mejor ni preguntarlo. Elvira llegó pronto. Pareció comprender las risas y el motivo. Irritada por el atrevimiento, le pedí por favor, me midiera el falso, porque me daban mucho miedo las tormentas y se avecinaba una buena con esta lluvia.
- Tranquila, me dijo, con un brillo especial en esos ojos burlones, tan almendrados que dios le había dado, o su padre y su madre, que para el caso es lo mismo. Ágilmente me puso alfileres alrededor del falso, medida perfecta y pasé al probador, quería irme antes de que la tormenta fuese cada vez más fuerte. Reconozco que era un miedo no superado desde aquella vez, en el pueblo, que estuvo lloviendo durante toda la noche “a cántaros”; mi vecino Manuel, que así se llamaba, al subir a tapar las goteras que caían techo abajo, se resbaló y cayó sobre nuestra azotea. Murió en el acto. La visión de su cuerpo allí sangrante y sin poder hacer nada por remediarlo, se quedó grabado en mi mente. Era demasiado pequeña para comprender aquella injusticia del destino. Dejaba dos niños pequeños y una viuda muy joven.
Últimamente estoy de un sensiblero cursilón tremendo, cualquier cosa me irrita o me excita… tendré que ir más a menudo al gimnasio, pensé. Salí acelerada, tomé las escaleras del fondo y, en vez de bajar hacia la calle, que era lo lógico, subí a tomar un té con hierbabuena a la cafetería. Había estado otras veces. Muchas. Me gustaba el olor a té, a café, el ruido sin distinción de frases, ecos de voces de la gente que siempre había en aquella hora punta. “Un te con hierbabuena, un aroma en el recuerdo y nada en de gusto en el paladar. Andares que investigaron otros mundos de este pequeño universo, pasos aprendidos que nunca se olvidarán. Pero no todo lo investigado, conocido derivó en placeres encontrados, aunque sí quedó para siempre una imagen, una voz sonora, unos ojos que brillaban vivos, expresivos, gritando: ¡ basta ya!. Letras de canciones – con temas críticos- la fábrica, el trabajo, la rueda dejó de ser madera hace tiempo para no cesar de girar. Palabras y más palabras, frases entrecortadas, nerviosas, impregnaron nuestro recuerdo, sólo eso que no es mucho y nada más”.
La nuca empezó a quemarme. Sentía una mirada fija en ella. Lo notaba. No quise levantar la cabeza hasta que se acercó el camarero con el servicio pedido. Dándole las gracias, giré hacia donde mi nuca me delataba, pero no vi nada especial. Al volver la cabeza hacia mi humeante té allí estaba él. Se había sentado enfrente y, me empezó a contar que en días de tormenta como el de hoy, él prefería la compañía de una chica guapa. – No protestes. -Escucha. – Tengo mil historias que contarte. Hablaba, hablaba. Gesticulaba con las manos; me abarcaba toda con su dulce mirada.
Acabé participando de la conversación. Apenas recuerdo cuando, ni cual fue la palabra que encadenó mis frases con las suyas, qué alegó o afirmó, pero allí estábamos los dos, discutiendo sobre las nuevas tecnologías y la fuente de alimentación de mi ordenador, que a buen seguro, me costaría más de 60 euros, por haberme dejado la ventana abierta de par en par. Aquella tormenta no parecía tener intención de interrumpirse. Tenía la manía de tener el ordenador pegado a la pared y justo a mi derecha, había un ventanal enorme que me gustaba. Cuando llovía las gotas se agolpaban en el cristal con ese ruido tan característico que tanto me gustaba. Todo perfecto si no había rayos, truenos, todo menos eso.
Subí a la terraza, toqué a su ventana y me abrió al instante. Otra vez esa sonrisa tan suya. Sus gestos. No hacía falta que dijera ni una palabra, sentía que podía leerle el pensamiento. Me embriagaba.
-¿Estabas espiándome?.
- Qué amabilidad la tuya chica, encima de que intento que olvides tus terrores por las tormentas. Sé cuanto te asustan. Me disponía a pedirte el favor de que me acompañaras. Podíamos jugar una partidita de mus, de ajedrez, lo que sea, seguro que se pasa enseguida, anda, pasa.
-¿Pasa?. Querrás decir que baje a la calle y me acerque a tu portal. Tu buhardilla no tiene entrada a la terraza, ¿recuerdas?. Pensándolo bien. ¿no decías que tenías un dinero ahorrado?. Podías pedir permiso y hacer la ventana más baja.. nos serviría de puerta. – ¿qué te parece?.
Ya estás inventando. – Anda, no te demores. Cerró la ventana.
No quise tomar el ascensor por si se iba la luz. En el rellano había un farol azul, me quedé parada. Recordé las luces azules del quinqué en forma de botijo de Galerías. Cómo Tomás me había abrazado, besado, ansiado en aquél rellano del cuarto piso. Giré la cabeza. Estamos locos. Sólo que en Galerías, inesperadamente nos encontramos con una alfombra que algún empleado había dejado olvidada, lo cual nos alegró ya que nos sirvió de cobijo al deseo, la gula de nuestros cuerpos, el olvido del presente hacia un larguísimo infinito…Sus manos me acariciaban seguras, firmes, justo por donde yo más deseaba sin indicárselo.
Nuestra armonía era perfecta y nuestros deseos satisfechos en sincronía como amantes que llevan conviviendo juntos toda una vida y les ha dado tiempo de contarse mil una manías, querencias, gustos, para hacer el acto de amor más placentero. Ese pensamiento aceleró mecánicamente mi paso. En unos segundos estaba tocando a su puerta. Un poco cansada, cuatro pisos que me empeñé en subir . Manías vergonzosas de contar, pero que podían llegar a paralizarme si con la lluvia venían tormentas, truenos o relámpagos. Me recibió con una camisa de rayas manchada de restos de pintura.
-¿Qué hacías?. ¿Pintabas?
- Si. Pasemos a la buhardilla. Entra. Estaba acabando “El Apocalipsis”, me presento al premio L’Oreal y me queda poco tiempo, se acaba el plazo el día 15 de mayo.
-¿Puedo verlo?
- Claro. Qué preguntas tienes. Me gusta una buena crítica y tu opinión se que será sincera y muy instructiva para mí.
Me senté a contemplar como terminaba unos trazos, sombras sobre la figura de un gran caballo alado que iba montado por un bello arcángel. – Qué preciosidad. Es muy original. Nunca había visto nada igual, en serio. La estructura del cuadro es perfecta, siendo como es un mural tan grande, la armonía es lo más destacable del cuadro, así como el colorido. Cuanta belleza en las imágenes del mundo, las aguas, las gentes, los animales sobre la tierra, y estos caballeros del Apocalipsis… parece que me están hablando.. Qué caballos, ni que trotaran. Es maravilloso. Si no te dan el premio es que hay tongo.
Tenía puesta una música suave y adornos de luz, mucha luz, por todas las esquinas de distinta intensidad. -¿por qué tanta luz?.
- Así doy al cuadro la sensación, en tonos y sombras, de que ocurre el gran capítulo que movió al mundo. Me ayuda a crear el entorno… Me costó varios meses prepararlo. He tenido en cuenta todos los detalles, incluso rodé una película primero del movimiento de los caballos. Si, creo que por eso te gustan tanto. Me ha costado pero el fruto lo estoy recogiendo ahora que está casi acabado.
- Uno de los arcángeles no llevaba más vestimenta que sus alas y curiosamente estaba muy excitado. Me llamó la atención ese detalle y se lo comenté. Me contó que la muerte, cuando se siente cercana excita. No sabía como explicármelo, pero así es.. por esto ha representado a este arcángel al borde del éxtasis.
Sus explicaciones, sus manos moviendo los pinceles, sus piernas debajo de aquella camisa de pintor me estaban poniendo muy excitada… sentía mi cuerpo latir deseoso de sexo, de la pasión que inundaba aquél cuadro. Fui hacia él, puse mis manos sobre sus piernas, subí lentamente hacia las ingles, lamí su piel hasta las rodillas, luego hacia su cintura… le pedí que se quitara la camisa con decisión, casi mandando.. lo deseaba ya.. no quería que se rompiera el embrujo que me estaba embriagando.
Sentí como si el mismísimo arcángel bajara del caballo, poderoso me tomó en sus brazos, pecho con mucho vello rizado, aroma a óleos, trementina.. pasión y gozo entre sus muslos. Al poco tiempo ya estábamos gritando de placer mutuo por el suelo, sin más ropa que la piel de nuestro cuerpo, sin más sentires que nuestro sentimiento… “su cuerpo, sin prisas, se aproximó a mi cuerpo, rompe el aire que nos separa y me cobija en un inmenso abrazo. Su boca es mi boca, tus brazos en mis brazos, sus manos me envuelven toda, acariciándome al compás de mi ritmo cardiaco. Déjame que te vaya necesitando, que mi cuerpo reclame tu piel, tu calor, olor, sabor, para formar un sólo cuerpo, una sola alma… Quiero sentir tu cuerpo en mi cuerpo y tu piel en mi piel. Como un acordeón me despliego a tus encantos. Abriré para ti, de par en par, las piernas que sujetan la vida que da a otras vidas. La tierra que habité la arranco con uñas y dientes, construiré nueva sabia donde brotará la leche que un día me amamantó, de tanto placer como los dioses me han otorgado al sentir tu presencia. Me tomarás, besarás, follarás…, a ese ritmo que sólo tú sabes hacerme sentir, esa necesidad de ti que me abre toda como una flor con cada uno de sus pétalos. Sin convicción, anulados mis sentidos, con toda la lujuria que el amor otorga a los perfectos amantes. Con ese deseo que sólo tú sabes calmar. Tómame. Te quiero.”
Con sus manos fuertes, poderosas, me tomó con fuerza, me hablaba. Decía palabras fuertes, escandalosas a los oídos de los niños.. empezó a acariciarme con ansiedad, beso a beso, pequeños mordiscos por todas partes… ¿Quieres que te folle?. Pídemelo. Dime. ¿Quieres?. Me tomó la boca, cerró mis labios con un beso que me quemaba. Abrazado a mí con fuerza me dijo al oído que le amara. ¡Ámame!. Rodamos por el suelo, besos fundidos en más besos. Saliva de mi boca en su boca. Me tomó por la cintura y me subió encima de su miembro, duro, fuerte, me penetró con toda su fuerza.. Sólo se oía hablar al placer, acompasados.. jadeábamos los dos. Gritos de amor que se llevó el viento del sur. No estábamos solos. A lo lejos, en la pared del fondo, el Apocalipsis bendecía nuestro deseo.. Nada importaba. Le seguí besando mucho rato. Me estuvo montando con tanta fuerza que todo me dolía…, hasta las caderas… Mis manos sujetaban su cabeza, pelo corto, moreno. Le besé una vez más la boca y, en el oído, le dije muy flojito: ¡¡Te deseo¡¡
El sol dejó sus reflejos de atardecer jugando con nuestros cuerpos. ¿Quieres más?. ¡ Pídemelo.!. Así estuvimos, muy juntos hasta el amanecer, follando y follando sin descanso. No recuerdo cuando, pero exhausta me quedé dormida. Gozamos entre el inmenso mar de luz de aquella habitación de pintor. Amor sin prisas, al tiempo que la avaricia de su cuerpo me pedía más y más. A lo lejos oí como si el arcángel alado me hablara desde aquél lugar dominado por los jinetes del Apocalipsis, que me había parecido, nos sonreían con mucho descaro.
“Han pasado muchas lunas, mareas bajas, peces en los ríos, sueños que despertaron y todo sigue igual. La hoja amarilla fruto del álamo en otoño, la nuez del invierno, el chasquido del agua en la roca, el canto del jilguero, parece que nada ha cambiado, todo sigue igual”.
Y ahora, dime: ¿Qué hacemos?
El timbre de la puerta sonó y al abrirla, allí estaba ella. Mirándole directamente con aquellos ojos. Dulces. Excitantes. Negros .Muy negros. Tan negros como el chocolate que a él más le gustaba.
-Querido…tenemos un problema…
-Y ahora, dime: ¿qué hacemos?-Le preguntó con voz entrecortada.
La respuesta estaba clara.
————–
Que Cristina y Quique se hubiesen conocido hace diez años, no tiene la menor importancia, es puramente anecdótico. De hecho el día que se conocieron el rechazo fue mutuo. A Cristina, Quique le interesaba la misma mierda que a Quique Cristina. Sí, por supuesto, tenían algún que otro amigo en común y gracias a ellos, siempre tenían la información suficiente como para no coincidir jamás.
Todo cambió hace un mes, cuando, inesperadamente, coincidieron en aquella fiesta derrochando alcohol, alegría y arco iris de colores. Fue inevitable, ambos se dieron cuenta de que nada mas verse se miraron a la boca con animo de comérsela sin mediar palabras…Pero dadas las circunstancias, y rodeados de amigos comunes, solo pudieron darse esos dos besos de cortesía en la mejilla que sirvieron para acercar sus cuerpos un instante que hubieran deseado fuese infinito.
Tras un incomodo silencio Quique se atrevió a preguntar:
-Bueno Cris, coño, ¿cómo tu por aquí? ¿Qué es de tu vida?
-Pues eso digo yo, qué cómo tu por aquí. Mi vida bien, ¿y la tuya?
-Pues ahí voy tía, tirando, tirandillo … me he quedado en paro… me he echado novia…¡lo típico!
-¡Mira qué bien! Lo de la novia, lo del paro tío es una putada…Bueno, ¿y donde has dejado a tu chica?
-Bueno, es que ella no vive aquí, vive en un pueblito chiquito de Italia, pero si encuentro curro me la traigo y nos casamos.
-Ah! Pues fenomenal! Un amor mediterráneo, jajjajaa.
-Eres una cabrona.
-¿Yoooo? Venga ya, hombre que me alegro mazo! A ver si encuentras curro, y me invitas a esa boda.
Voy a por otra copa!
Durante horas se hicieron los escurridizos para no encontrase nada más que en las soslayadas miradas que apartaban en cuanto estas se cruzaban.
Fue a la salida del baño y en un descuido cuando sintiéndose solos ocurrió todo. El primer beso apasionado, mordiéndose la lengua, mordiéndose los labios, arañándose la espalda por encima de la ropa, para a los diez minutos de pasión terminar recordando que el tenía novia.
A Cristina le entró la risa y le mandó a tomar por culo, cuando salió del baño desapareció entre la multitud y no se volvieron a encontrar.
Todo quedó en el olvido hasta hoy, hasta este preciso momento, justo un mes después.
Cristina, siente la vibración de su black Berry y al abrir su correo lee:
ASUNTO: Querida, tenemos un problema.
Cierto tipo de caricias no se olvidan fácilmente. Pensarás que soy un cerdo, y sí tienes razón, lo soy, y además, soy un cerdo enamorado.
He pasado noches imaginando que te llamaba y te invitaba a casa, y en menos de media hora sonaba el timbre y al abrir la puerta, ahí estabas tú, mirándome con esos ojitos de pícara, con tu semblante sincero, amable, acogedor. Pero la imagen de esa preciosa cara siempre se evapora en un suspiro, y se corrompe, dando paso de forma fulminante a tu cuerpo, enganchado al mío. Mientras tu gimes de placer y tus piernas tiemblan por la excitación, te arremolino el pelo moviéndome frenéticamente dentro de ti y sudo como el animal que en estos momentos piensas que soy, sí, como un cerdo. Por eso no te llamo ni te invito a casa. Para qué lo iba hacer. Para nada…por que todo se corrompe, y yo me arrepentiría, porque estoy enamorado de otra mujer que no me causa ni la mitad de excitación que tú, que no me hace sentirme ni la mitad de animal que tú me haces sentir. Sé que me entiendes y que ella no me entenderá jamás. Tú sabes que a los hombres hay que mentirles para que se crean el animal que llevan dentro, y por eso, Cristina, no te llamo ni te invito. Espero sepas perdonarme y sé que, en esto, igual que en todo, también me sabrás mentir.
Segundo - parte III
Permanecemos abrazadas no sé si diez minutos o diez años, la sed nos hace separarnos
- agua – dices
- sí, yo también necesito un poco
Me levanto, te traigo conmigo, te desato las manos, acerco el agua, parece que no hayamos bebido en días.
Nos miramos por encima de los vasos, tus ojos chispean, miedo me das.
Te levantas de la mesa, te acercas, me besas recostando tu cuerpo sobre el mío, me quitas el vaso de la mano, enganchas una trabilla del pantalón, acercas tu cara a la mía y susurras
- ¿ahora es mi turno, no?
Sonríes, pícara, no me das tiempo a contestar, sales del despacho arrastrándome tras de ti, entras en el dormitorio, me dejas delante de la cama
- espera un segundo, quieta aquí
Paseas por la habitación vestida sólo con las medias y los tacones, taaan sexy, te observo, divertida, mientras bajas la persiana, corres las cortinas… Espero. Terminas, te giras hacia mí
- perfecto, así está bien, ahora necesito que cierres los ojos
Lo hago, las manos en los bolsillos, tranquila. Te oigo trastear pero no distingo exactamente en qué andas, abres cajones y puertas, creo que quieres despistarme para que no pueda anticipar lo que me espera, sea lo que sea.
Tu taconeo se acerca. Manos en mi cara, labios en los míos, lengua acariciante, siento cómo me vendas los ojos
- ¿confías en mí? – susurras – ahá -respondo
Aprietas la venda, no veo nada pero no me molesta. Sigues besándome suave y profundamente, me gusta tanto cuando hacemos las cosas despacio…comienzas a desabrocharme el chaleco, botón a botón, con parsimonia, sigues con la camisa, tardas un segundo en darte cuenta de los corchetes, te ríes y trrrrras, de un tirón la abres.
Cuerpo al aire, boca al cuello, manos a las tetas, te apartas un instante
- ¿qué pasa? – pregunto
- nada, nada, bonito sujetador – dices mientras me acaricias sobre él
Es verdad, sonrío porque me llevó toda una tarde elegirlo, burdeos, de encaje no muy tupido, dejando entrever la piel, abrochado por delante…éxito asegurado.
A todo esto, ya m
e lo has abierto, pellizcas mis pezones con suavidad, paseas tu lengua por ellos, chupas, lames, te vas emocionando, succionas, tiras, me encanta lo que me haces, muerdes, presionas, me llevas al límite, un poco más y me dolería.
Gimo cada vez más, las manos en tu espalda, en tu pelo, las tuyas me han quitado la ropa y van a por el resto, fuera cinturón, abajo pantalones, un Uffff se escapa de tus labios, has visto el resto : culotte bajo, enmarcando las caderas, casi transparente, justo lo justo, las medias a mitad de muslo, enseñando piel.
Te tomas tu tiempo, no me importa en absoluto, para eso está hecho, lo de la venda tiene su punto y su faena, no puedo verte la cara, mal menor. Siento tus manos rozando mi cintura, me estremezco, tu lengua bordeando la línea del culotte, despacio, como si quisieras quitármelo con la boca, lo bajas lentamente, donde hubo tela ahora hay saliva, me estás poniendo a mil, desatas los cordones de los zapatos, la boca en mi entrepierna, no sé qué hacer con las manos, me lames, me bebes, me exploras con la lengua mientras me terminas de desnudar, me quitas las medias arañándome la piel, círculos sobre mi clítoris, manos en mi culo, necesito apoyarme en algo o me voy a caer, no hay problema, te incorporas cambiando boca por manos, un grito se me escapa, sorpresa y placer mezclados
Cambias el ritmo, te mueves rápido, una mano en mi sexo, otra en mis tetas, me estás volviendo loca con estas velocidades, muevo las caderas intentando seguirte, me aprietas, me muerdes los pezones, me corro, doblándome sobre ti, derrotada.
Te beso, suspiro, me acaricias.
Notas la debilidad de mis piernas y
me llevas a la cama, me estiro, recuperando el control de mis músculos. Sigo con la venda, mientras no me digas lo contrario, no me la quito, es tu turno. No sé qué haces, tampoco me preocupa, esto no acaba aquí, seguro.
- agua plis – voy, un minuto
Coges mis manos, las levantas sobre mi cabeza, raso en cada muñeca, aprietas el lazo, sonrío. Tiras, comprobando que no pueda soltarme
- agua – shhh, espera
Me ignoras, estás atareada. Me echas algo por encima para que no me quede fría, lo que significa que vas a tardar, la curiosidad me mata.
Clac, clac, has abierto mi maletín, estoy alucinando, ¿¿vas a usar juguetes?? será la primera vez, sonrío, me gusta que innoves.
Sabiendo ya dónde andas, imagino lo que haces por los sonidos: arnés, dildo, el misterio será saber cuál, cierras el maletín, te acercas a la cama, noto frío en la boca, ¡has traído hielo!
- esto no es agua – protesto
- ¿pero sirve, no?
Retiras despacito lo que me cubría, jugueteas con el hielo y mi boca, dejas que lo chupe, lo apartas para que lo lama, lo metes junto con tus dedos, cambias unos por otro, te chupo, te lamo la mano que todavía sabe a tu sexo, frío en las tetas, paseas el hielo por mis pezones que reaccionan al segundo, gimo.
Hielo en un pezón, lengua en el otro, dios, me gustaría que tuvieras tres manos, en mi boca, en mis tetas, en mi sexo, me lees como a un libro abierto, retiras tus dedos de mis labios y los deslizas por mi piel, directos a mi sexo.
Gimo, tiro de las ataduras, me estás enloqueciendo con esto que me haces, el frío, tus labios, tus dedos, estoy sintiendo tantas cosas a la vez que no puedo distinguir, la venda multiplica las sensaciones, me oigo, te oigo, te siento por todas partes…
Paseas frío por mi cuerpo, la carne de gallina, lames allí por donde pasas el hielo, me derrito, miles de agujas de placer me bombardean, costillas, vientre, caderas, muslos, merodeas por mi pubis sin decidirte, paras.
Mis caderas se mueven solas hacia ti, pidiendo más, respondes. Lengua en mi sexo, lengua con hielo, hielo con lengua, te has propuesto torturarme lentamente, hacer que me deshaga como el hielo que estás utilizando.
Chupas, acaricias, presionas el hielo sobre mi sexo mientras me lames el clítoris, despacio, me estás matando, muevo las caderas y me respondes, te acompasas, me sigues, dejas el hielo, mordisqueas, juegas conmigo hasta que me corro con tu boca.
Me besas, me gusta que me beses después de comerme, encontrar mi sabor en tu lengua.
Tengo los labios resecos, no problem, me acercas un vaso de agua, bebo un buen trago, lo poco que queda lo derramas sobre mi cuerpo, me lames de arriba abajo, me giras, sigues por mi espalda, lamiendo, mordiendo, besando, acariciándome entera, disfrutando mi piel, me dejo hacer encantada, sólo sintiéndote.
Poco a poco aumentas la fuerza de tus mordiscos, me haces gemir, muerdes más fuerte, grito pero no paras, sólo te contienes, manos en acción, apretándome el culo, presionando mi sexo, entrando en mi con fuerza, te mueves como si quisieras romperme, no dejas de morder toda mi espalda, me llevas al orgasmo en tres minutos, jadeos, respiración entrecortada que no distingo si es tuya o mía, tumbada sobre mí, tus tetas en mi piel.
Creo que te incorporas, no veo lo que haces, me abres las piernas, me levantas el culo hasta que me pones de rodillas sobre la cama, noto tu lengua comiéndome otra vez, me aprieto contra tí, me muerdes, me quejo, me besas, te apartas, tu mano en mis caderas, acariciándome el culo, te acercas, me penetras, despacio
- si te hago daño dímelo – susurras en mi oído
Mis gemidos te tranquilizan, te mueves con prudencia, es nuevo para las dos, me estoy muy quieta, tengo que acostumbrarme, tardo dos minutos en cogerle el truco, me pego a tí, curvando la espalda, gimes y entras más profundo, siempre despacio, comienzo a moverme, me sigues, aumentas el ritmo, me encanta, sales y entras, me matas, la cabeza en la almohada, mis caderas se aceleran contigo, te animas, me coges por las caderas, me follas con fuerza, penetrando profundo, gimes, jadeo, me agarro al cabecero, sigues embistiendo,
apoyas tu cuerpo sobre mi, me muerdes y me follas al mismo tiempo, tiemblo, mis piernas son ramas que se van a romper si sigues así, y no paras, muerdo la almohada, me corro con un largo gemido, disminuyes el ritmo despacio, me acaricias el clítoris, me falta el aire pero te da igual, sigues entrando y saliendo suavemente, presionandome más y más, círculos concéntricos desde mi vagina y mi clítoris hacia mi estómago y mi garganta, se escapan al ritmo de mi agitada respiración, no sé ni cuantas veces me corro, hasta que te das por satisfecha y paras, dejándote caer en mi espalda.
Sales de mí despacito, oigo que te quitas el arnés, me desatas, un beso en cada muñeca, me quitas la venda, me coges la cara y me besas suave. Te echas a mi lado
- tú si que me vas a matar
Nos reímos.
