Posts Tagged ‘Ruth’

De Madrid al cielo III – La exquisitez de un beso

Me encantaba ver el temblor de sus muslos producido por el impacto de las piedras de aquel camino rocoso. Ella estaba nerviosa. Era la primera que le veía esta expresión en el rostro, y me resultaba extraño pero paralelamente conmovedor. Se giraba, de vez en cuando, hacia mí, ofreciéndome una mirada dulce y al mismo tiempo desconcertante. Imagino que Ruth tampoco sabía muy bien lo qué estábamos a punto de hacer, pero menos aún se detenía.

Cruzamos varios descampados en los que se podía estacionar sin ningún problema, pero ella continuaba conduciendo rumbo fijo sin hacer ademán de frenar.

 -  ¿Piensas detenerte en algún momento o quieres cruzar La Meseta? –dije sin mirarla.

Y como si hiciera rato que estuviera esperando el sonido de alguna de mis palabras, se detuvo in situ en medio de la carretera, de un frenazo tan brusco que me hizo desplazar hasta el cristal delantero dándome un buen golpe.

-  ¡Joder! –chilló- perdona, niña, ¿te has hecho daño? –se acercó a mí cogiéndome de la cabeza.

La verdad es que el choque fue bastante fuerte, pero al sentir sus manos cerca, me incliné y empecé a besarla. Ruth apartó sus manos de mí como una niña asustadiza, entonces yo, sin dejar su boca y con mucho cuidado, volví a conducírlas alrededor de mi nuca. Estaban heladas, así que decidí dejar las mías encima para darle todo el calor con suaves caricias.

Nos fundimos en un cálido beso que hizo que perdiéramos totalmente el control del tiempo. Su saliva tenía un gusto peculiar, no sé definir exactamente el sabor; era la mezcla de algún fruto muy dulce con pequeñas notas de cierta especia, muy picante, que no es la pimienta. Nuestras lenguas se enredaron sin complicación como si no fuera ésa la primera vez que se entrelazaban la una con la otra, acoplándose de un modo casi exquisito y dando vueltas en el interior de la boca buscando los rinconcitos más erógenos y acogedores… chocando de vez en cuando, para después tomar la dirección contraria y continuar deliberadamente la deliciosa exploración.

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De Madrid al cielo – Parte II

Me gusta cómo conduce Ruth, ver sus manos firmes encima del volante y observar el repiqueteo de las uñas en el cambio de marchas… tiene un estilo que siempre me ha resultado fascinante.

-  Bueno, y a parte de que te parezca hortera el coche, ¿qué me dices de cómo acaricia el asfalto, eh?

-  Es realmente silencioso, la verdad es que es muy cómodo.

-  ¿Sabes quién me lo ha dejado? –me miró con travesura.

-  Algún canalla que acabas de conocer –saqué el paquete de tabaco del bolso.

-  Lo tengo en el chalet esperando con los demás. ¿Me enciendes un pitillo, please? Es de California, un morenazo con unas cachas ¡que te mueres! –encendí un cigarrillo y acto seguido lo coloqué en sus labios.

-  ¿El típico surfero fibroso de Santa Mónica? –dije en tono de burla.

-  Sí, sí, ¡sí! –cuando lo veas se te va a caer todo al suelo, nena. Tiene ese acento tan americano que me pone como una moto. Y folla de vicio.

-  Pero qué bruta eres –encendí otro cigarro, ése para mí.

-  ¿Sabes qué me apetece, niña? -dijo.

-  ¿Qué?

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De Madrid al cielo…

Me acaba de llegar un correo electrónico de una amiga madrileña que veo siempre que asomo por la capital española.

Ruth es una maravillosa persona que conozco hace apenas dos años, pero desde el principio surgió una relación muy buena, no nos parecemos en prácticamente nada, pero quizá esto hace que nos complementemos tan bien.

El mail es una invitación a una fiesta de aniversario que se celebra dentro de tres fines de semana en su chalet. Miedo me da, qué digo miedo… ¡pánico! Sé cómo son las fiestas que organiza esta mujer, y en la última fue una auténtica maratón de vicio. No quiero pensarlo, que me entran temblores en las piernas.

 

Hola Abril,

¿Qué tal todo, mi morena favorita? Por aquí muy bien, trabajo a tope, poco tiempo para mí… pero todo O.K,  y a punto de organizar otra como la del año pasado en Tres Cantos, ¿te acuerdas? Jajajaja, ¡vaya tela! Eso sí, este año no vendrá tanta gente como el pasado, he elegido muy bien a los invitados, y prefiero que seamos pocos, que en la última éramos demasiados. No me enrollo más que salgo pitando de la oficina.                                                                                   

Te enviaré otro mail en breve para confirmarte día y hora, ¿O.K?

Un abrazo, tesoro.

P.D.: Me he comprado un vestido para la ocasión que es ¡la leche!

Ruth ;)

 

Claro que me acuerdo de aquel día de mediados de junio. Madrid estaba precioso con su característico cielo espléndidamente azul, ese azul Velázquez capaz de encadenar a cualquier erudito de la belleza, de una tonalidad que sólo he visto en el techo de esta ciudad.

Aprovechando el hermoso día, dediqué la mañana a descanso total en el Retiro, tumbada en el césped y acompañada de un buen libro. Por la tarde hice alguna compra de última hora, y fui al piso a arreglarme.

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