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Las aventuras de Nena Palote y su cipote ( 24ª Parte)

Estaba en un pub de ambiente tomando una cerveza. Un chaval recitaba un poemario suyo. Me pareció guapo y me encantó su voz. Además se metía muy bien en el papel, tanto que se estalló un condón relleno de leche (para simular el semen) en la cara. Andaba yo muy entretenida en todo esto cuando una tía se acercó con un plato de pollo frito:

-¿Quieres probarlo, guapa?

-Mmm…No sé…

-¡Está recién hecho!

-No, cariño, no como pollo… ¡Pero podemos tomar una cerveza! –Pasé del pollo porque no lo como desde que Evo Morales dijo que los alimentos transgénicos son la causa de la homosexualidad y la calvicie. Yo ya soy maricón, así que no quiero quedarme calva…

La verdad es que la tipa del pollo era una morena de cuidado. Estaba buena la tía. Tenía estilo con la ropa. Comenzamos a hablar sobre el poeta del semen simulado en la cara y de lo bueno que estaba. Yo le dije que si pudiera le comía toda la polla. Ella añadió al menú un poco de penetración vaginal. Yo le rebatí que vaginal no, que era mejor anal. Entonces comenzamos a debatir sobre qué era mejor, si la penetración anal o vaginal. La conversación fue subiendo de tono. Yo no cedía ni ella tampoco, así que acabó por gritarme…

-¡Tú tienes coño ni ná!

-¡Ni lo tengo ni lo quiero! –Me llevé la mano al paquete- ¡Yo adoro mi cipote!

-¿Por eso te llamas Nena Palote? –Preguntó cambiando de tema sin venir a cuento.

-Pues claro, corazón…¡Mi polla es la mejor!

-¿Qué tiene tu polla para ser la mejor?

-Pues es grande y se empalma con facilidad, casi siempre ando empalmada, tesoro….

-¿Puedo verla?

A una le gusta presumir de lo suyo, así que nos fuimos al baño del pub. Ella se sentó en la taza, lo que me pareció una guarrada por lo sucia que estaba la taza… Me levanté la falda y se la enseñé. Estaba morcillona pero al instante creció y ganó interés.

-¡Hostias, casi me saltas un ojo!

-Exagerada…

-Es bonita… ¿Puedo tocar?

-Por supuesto, cariño… -Me agarró el comienzo de la polla con una mano.

-Vaya… Es grande… –Ahora me la agarró con las dos manos. Sonrió. Aún sobraba carne, mucha carne.  Se metió en la boca lo que faltaba por tapar. Soltó mi cipote y se puso de pie -¿Sabes una cosa? Me encanta follar con travelos…

-¿Ah, sí?

-Eso he dicho. Me pone a mil que alguien me folle y poder sobar sus tetas… ¡Es como follar con una tía con polla!

Ya te conté en una ocasión que tuve una novia y que no le hago ascos a una mujer, así que me lancé y le comí toda la boca. Me masturbó mientras yo le metía los dedos por el coño (precioso por cierto). Nos desnudamos como pudimos y la aupé sobre el lavabo. A lametazos le devoré el coño. Me gusta comerme un coño de vez en cuando, para variar después de taaaantas pollas que me como. Luego se la metí. He de admitir que soy un poco torpe con los coños. Nos apretábamos las tetas mutuamente, con pasión. Era morboso eso de que ambos tuviéramos tetas. Nos llegaba desde la pista del pub los versos del poeta maricón, que aliñaba nuestro affair.  Empujé un buen rato y eyaculé. Más llanamente, me corrí sobre sus muslos. Mi lefa caía sobre su piel, pringándola. Lo recogió con los dedos y me lo acercó a la boca. Tragué un poco y el resto  ella, chupándose el dedo para no desaprovechar nada…

Regresamos al pub y escuché los poemas del poeta maricón. Cuando terminó le compré un libro, me lo dedicó, le di dos besos y un pico. Antes de marcharme le dije al oído:

-Sigue así, maricón…

Nena Palote