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Recordándote en mis sueños. Tu cuerpo
| Ella siempre le recuerda en sus sueños. |
Recordándote en mis sueños
Tu cuerpo, sin prisas, se aproxima a mi cuerpo,
rompe el aire que nos separa y me cobija en un inmenso abrazo.
Tu boca es mi boca, tus brazos en mis brazos,
tus manos me envuelven toda, acariciándome al compás de mi ritmo cardiaco.
Déjame que te vaya necesitando, que mi cuerpo reclame tu piel,
tu calor, olor, sabor, para formar un sólo cuerpo, una sola alma…
Quiero sentir tu cuerpo en mi cuerpo y tu piel en mi piel.
Como un acordeón me despliego a tus encantos.
Abriré para ti, de par en par, las piernas que sujetan la vida que da a otras vidas.
La tierra que habité la arranco con uñas y dientes,
construiré nueva sabia donde brotará la leche que un día me amamantó;
de tanto placer como los dioses me han otorgado al sentir tu presencia.
Me tomarás, besarás, follarás…, a ese ritmo que sólo tú sabes darme..
Esa necesidad de ti que me abre toda como una flor con cada uno de sus pétalos.
Sin convicción, anulados mis sentidos, con toda la lujuria que el amor otorga a los perfectos amantes.
Con ese deseo que sólo tú sabes calmar.
Ven. Tómame. Fóllame..Te espero.
La arena de tu playa, tostada por el sol, ha llegado a mi arrecife.
La mar me ha traído caricias, querencias anheladas, deseadas,
mientras la luna ocupa su espacio reflejándose en el agua…
Pide y se te dará
Hoy quiero verte.
Realmente no quiero, necesito verte.
Error de nuevo, no es verte lo que quiero ni lo que necesito.
Lo que quiero es que me folles.
Que me folles como si no lo hubieras hecho nunca, que me llenes de ti, que me dejes sin aliento, que hagas conmigo lo que quieras.
Quiero que me pongas a cuatro patas y me folles desde atrás mientras me muerdes la espalda.
Sólo con imaginarlo me pongo a mil.
No hemos quedado en vernos hoy, pero no dudo que vendrás a por mí.
Te mando un mensaje describiendo lo que estoy deseando que hagas. Ahora sólo toca esperar a que den las diez y aparezcas. Seguro que llegas antes.
Me gusta esta sensación, estoy tan excitada y mojada que la ropa me molesta.
Y sólo son las cuatro y media!!! Va a ser una larga tarde en el trabajo…
Recibo tu respuesta, estás comiendo en un restaurante con una amiga y has tenido que ir al baño a masturbarte imaginando mis manos en tu cuerpo, claramente, mi mensaje a dado el re
sultado esperado.
Estoy tan caliente que no sé cómo voy a aguantar hasta la noche.
Tarde lenta y tediosa, las horas no terminan de pasar y mi imaginación a 10.000 revoluciones no me deja concentrarme en nada de lo que intento hacer.
Por fin me quedo sola.
Estás a punto de llegar, lo noto, mi corazón se está acelerando, como siempre que andas cerca.
Faltan diez minutos para que termine. Suena la puerta, eres tú.
Te acercas, me coges la cara y me besas, tu lengua recorriendo mi boca, anticipando besos más profundos. No hablamos. No hace falta.
Yo cierro las puertas, tú apagas las luces.
Vuelves a besarme, largo, despacio esta vez. Creo que me voy a correr tan solo con que sigas besándome. Pero paras.
Me coges de la mano y me llevas escaleras abajo. Sonríes. Está todo preparado, he puesto velas, agua, la calefacción…sólo faltamos tú y yo.
Me llevas hasta la mesa, me sientas sobre ella y comienzas a desnudarme mientras me besas, despacio, dulce. Te estás tomando tu tiempo, sabes que estoy deshecha de deseo y me vas a hacer sufrir.
Inundas de besos y caricias cada centímetro de piel que dejas al aire. Me dejo hacer, no tengo otra opción y hoy no quiero tenerla. Soy tuya para lo que desees.
Mis gemidos hace rato que llenan el espacio, música para tus oídos me dices.
Me comes las orejas, el cuello, los pezones, me susurras:
- qué quieres que haga
- ya te lo he dicho, que me folles
Sonríes
- bien, eso es lo que pensaba hacer
Desnuda yo, desnuda tú, me abrazas, piel con piel, piel sobre piel, te acaricio, me acaricias, me das un beso y me bajas de la mesa. Pones un cojín donde antes estaba mi culo, me giras. Tus tetas en mi espalda, tus manos en mis tetas. Juegas con mis pezones mientras tu lengua se pierde entre mis orejas y mi cuello. Creo que me voy a desmayar.
Recorres mi espalda, mi vientre, mis ingles, mis muslos, si no me muero ahora, no lo haré nunca.
Tu boca desciende por mi espalda, besando, lamiendo, mordisqueando allí por donde pasa,
me estremezco.
Me empujas suavemente para que me incline sobre el cojín. Lo hago obediente y deseosa, los estremecimientos se han convertido en temblores. Separas mis piernas, acariciando el interior de mis muslos, ya es oficial, tiemblo como una hoja.
Abrazo el cojín, arqueo la espalda, te ofrezco mi culo y mi sexo húmedo, ansioso de ti.
Sólo verme así, completamente entregada, totalmente abierta a ti, te hace gemir. Me encanta.
Vuelven a mi espalda tus manos, tu boca, besos, caricias suaves. Pero sabes que eso no es lo que quiero
- muérdeme
Te lo recuerdo por si acaso, te ríes y comienzas a hacerlo. Con delicadeza, sé que sólo estás calentando.
Parece que seas Kali, la de los ocho brazos, manos en mi culo, tetas, sexo. Dios!! Sólo me tocas y me tengo que controlar para no correrme.
- me vuelve loca que estés tan mojada – dices
Soy incapaz de hablar, tus dedos jugando con mis labios no me lo permiten.
No tengo conciencia de nada más, sólo sensaciones: dientes clavándose en mi espalda, arrancando gemidos de placer, tu mano en mi sexo, tu pubis en tu mano, espasmos, placer que va y viene en oleadas con formato de tsunami.
No sé cuántos orgasmos he tenido, pero a ti te da igual. Sigues jugando, descontrolada, salvaje, me follas con tus manos, con tus dedos, con tu boca, con todo tu cuerpo. Subes y bajas, entras y sales de mí, muerdes, chupas, me embistes como si quisieras aplastarme.
Es la primera vez que te desatas y me estás enloqueciendo de placer.
Escucho tus gemidos, creo entender que te estás masturbando mientras me follas, una mano en mí y la otra en ti, imaginarlo hace que me corra una y otra y otra vez, hasta que tú te corres y caes sobre
mi espalda.
- me fallan las piernas – te digo
Ríes y me ayudas a tumbarme sobre los restos de nuestra ropa esparcidos por el suelo. No tengo control alguno sobre mi cuerpo, soy como un títere desmadejado por el sexo más alucinante que he tenido en mucho tiempo, desmadejado por ti.
Me quedaría dormida aquí mismo.
Un Adonis en la biblioteca…
Hacía calor allí metido. La biblioteca de la universidad estaba abarrotada de gente. Estudiantes por doquier, estudiando, leyendo, jugando con el pc, hablando con el de al lado, por internet o bien ligando en los chats de sexo. ¿Quién sabe lo que la gente hace? Yo sé que salí a fumar. Una hora allí en silencio, con calor y con el mono subido en la espalda se hace bastante insoportable. Tras el cigarro volví a mi lugar de origen, mis libros…
Las mesas de la biblioteca en cuestión son grandes. Tienen un aire de intimidad, ya que sólo ves a la persona de delante, frente a ti. Me recuerdan a las visitas de las prisiones. Cuando fui a fumar, hasta entonces, nadie se había dignado a sentarse frente a mí compartiendo mis estudios, pero a la vuelta había un estudiante sentado. ¿La edad? Unos veinte, los mismos que yo. Me llamó la atención como miraba su libro. Su piel era perfecta, sin ninguna imperfección. Tenía el pelo corto y una barba bastante débil. Sus labios eran finos y rojos. Usaba gafas, ni de pasta ni con demasiado glamour (todo lo contrario a las mías…) pero bastante decentes. Sus ojos eran marrones. Las manos finas pasaban las hojas. Estaba tremendamente bueno y tenía cierto aire intelectual que me pone a más no poder…
Él susurraba… Me costó percatarme de que se trataba de francés. Debía de ser de filología. ¿Maricón? Muchas posibilidades, abundan en filología. Las lenguas son cosas de mujeres y de maricones. Era guapísimo, y así no había quien coño estudiara. Yo era incapaz de centrarme en mis estudios, allí, encasillado en la mesa, sólo pudiendo verle a él… Estaba obligado a observarle. Tan lejos y tan cerca. Se percataba de mi indiscreta mirada. Yo no hice por apartar la vista, así me hacía notar, señalar, como buen maricón. Él la mantenía varios segundos antes de volver a su libro. No parecía demasiado incómodo. Noté que su móvil, que estaba sobre la mesa vibró con una llamada perdida. Él maromo envió un mensaje. ¿Tendría a alguien, un novio quizá? Ojalá ese fuera yo…
En momentos como este pienso que habría que meter en la cárcel a todos los guapos y dejarnos sólo a los feos. El mundo funcionaría mucho mejor… y yo, probablemente, follaría más y mejor…
Gléz-Serna