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Lo que a los hombres les gusta: diario de una puta de lujo (3ª parte)

Supongo que muchas mujeres estarán en desacuerdo con lo que voy a decir pero hablo basándome únicamente en mi experiencia, que no es poca en sexo. Obviamente, mi percepción de la realidad es bien distinta a la de parejas que han convivido mucho tiempo.
Creo que es un mito injusto afirmar que los hombres, después de un polvo, optan por dormirse o marcharse y abandonar cualquier atisbo de conversación o mimos post-coitales. Ninguno de mis clientes o de mis antiguos novios se han comportado así. No dudo que los haya pero todas las generalizaciones son falsas, incluso la que yo acabo de hacer. Tal vez lo que falla es la planificación. La eyaculación no debería ser el fin, o el final. Para ambos debe quedar un largo momento de relax placentero, síntoma de que el sexo es un placer adaptable a las circunstancias.
No les quepa la menor duda de que a todos nos gusta sentirnos acariciados y mimados después de un orgasmo. No es una obligación, claro…es un deber. Las mujeres, al parecer, sentimos la necesidad de recibir esa atención posterior y a muchos hombres les gusta complacernos porque les hace sentirse “culpables” de nuestro placer. Pero también hay hombres que me agradecen mucho la atención que les presto después de eyacular. Soy partidaria de llegar a un acuerdo de turnos, por días. Hoy por ti, mañana por mí. Eso de “un rato cada uno” me corta el rollo temporal.
Como profesional del sexo, procuro que siempre me toque complacerle a él, salvo que advierta que lo que más placer le produce es lo contrario. Para las parejas convencionales, recomendaría el acuerdo de turnos como un juego sexual más. Pero como soy puta, me debo a mis clientes y, por tanto, les cuento mis secretos para complacer definitivamente a un hombre. Eso no significa que mi trabajo sea ingrato, puesto que yo también disfruto del momento. Verán.
Hay una etapa inicial en la que los hombres están recuperando su ritmo cardíaco normal y sus niveles de endorfinas y adrenalina. Es el momento de pausa total. Yo opto por dejarles reposar mientras les acaricio el pelo y la cara con ternura, mirándoles directamente a los ojos con complicidad. Pasada la tormenta, me gusta (a ellos también) jugar con ellos de una forma infantil. Después les propongo un baño especial. No tienen que hacer nada, solo dejarse llevar. Mientras preparo la bañera, les invito a que se pongan una bata y se fumen un cigarrilo o se tomen algo.
Como digo siempre, es importante observar las reacciones del otro para insistir en un tipo de caricias u otro. El agua caliente, el oloroso jabón, el hidromasaje si lo hay, todo ayuda a crear un buen ambiente pero lo fundamental es la actitud propia, el deseo de complacer, la imaginación en los masajes, no dejar nada por lavar o acariciar. Lo menos inesperado se convierte en una caricia de éxito garantizado. Como regla general, hagan lo que les gustaría que les hiciesen, sin prejuicios.
Tras el baño toca secar. Cubrir a la pareja con un albornoz es lo mejor. Es el momento apropiado para sentarle en una silla o en el borde de la cama para secarle el pelo con suavidad, masajeando el cuero cabelludo, algo muy placentero como bien saben en las peluquerías. Prueben a peirnarle, darle cremas, mascarillas…Lo sé, lleva mucho rato, pero compensa.
Muchos de estos momentos largos de relajación desembocan irremediablemente en otro rato de pasión desenfrenada. Esos suelen ser los mejores.
Hágase esto extensivo a cualquiera de la pareja y de toda tendencia sexual y ¡a disfrutar del sexo, que son dos días!
Fuente: bodydulce.wordpress.com
Las aventuras de Nena Palote y su cipote ( 10ª Parte)
Un amigo que es camarero me dijo que tenía un cliente ideal para mí. Me contó que era delgado, muy delgado. Estaba seguro de que me tenía que gustar. Así que acudí al bar donde trabaja mi amigo y me aposté en una esquina de la barra del bar, a esperar.
Después de un café solo, tres cervezas y nueve cubatas apareció el tipo. La verdad, me encantó. Mi amigo conoce mis gustos y acertó de pleno. Mi pretendido se colocó en la otra punta de la barra. Le busqué con la mirada. La sostuvimos un buen rato, la mirada digo. ¿Le gustaría yo también?. Si no es el caso es que tiene muy mal gusto el muchacho. Yo, Nena Palote, estoy tan buena que le gusto a todo el mundo.
Fui a mear. Cuando salí del baño de los tíos la clientela me miró. Me ajusté las tetas, para joderles, y volví a mi sitio. Continué jugando con el maricón a las miraditas. Al ver que no se acercaba comencé a pensar en cómo romper el hielo.
Le tiré un beso desde lejos, muy recalcado y poco discreto. Él me guiñó un ojo y sonrió. Yo apoyé el codo sobre la barra, puse mi mano en la barbilla e imité el anuncio de Martini. Pasé el pulgar por mis labios. Pero el alcohol hizo que se me resbalara el codo y pegué con la frente en la barra, POM. Me incorporé abochornada. Ahora él se ría de mi torpeza. Yo también me reí, pero acordándome de su madre. Pagó su cuenta y dijo en voz alta, mirándome:
-¡Hasta mañana!
¿Eso significaba que me citaba a acudir al día siguiente? Mi perturbada mente me decía que sí. Tenía serias esperanzas de follar con él. Me gustó de veras y me parece ideal para olvidar al doble de Imanol Arias…
Nena Palote
Las aventuras de Nena Palote y su cipote ( 9ª Parte)
Dormí dos días seguidos después del polvo con Miguel (el doble de Imanol Arias), no porque me doliera el cuerpo del tremendo polvo que echamos, sino para no enamorarme. Me vi obligada a suspender las actuaciones de ambas noche, incluso. No me apetece que Miguel se convierta en mi vigesimoprimer novio. Pero Nena Palote tiene corazón, no te pienses que no, maricón.
El destino es tan caprichoso que si salía a la calle o a actuar me lo encontraría. Estoy segura de ello. ¡Incluso me perdí mi misa semanal!. Esto no te lo digo porque yo sea muy devota de Cristo. Mi devoción es por el cura de mi barrio. ¡Está buenísimo!. Me encanta acercarme a comulgar para que me dé una hostia, de las consagradas. De vez en cuando también confieso, por oír su voz en intimidad. Quizá un día le meta mano, a ver qué pasa. Puede que ese día la hostia que me dé no sea de las consagradas. No obstante mi amigo Gléz-Serna se tiró a un cura una vez, dentro de un confesionario. ¿Podría tener yo la misma suerte?. En fin, mucha competencia no tengo, ya que sólo van viejas a misa, y a no ser que le molen octogenarias tengo bastante ventaja. Al fin al cabo el pobre también tiene polla, y pluma, así que espero que sea maricón.
El pescadero de mi barrio también me parece maricón. Frecuento su negocio para comprar acedias y pijotas, el pescado más vulgar, como yo. Siempre nos decimos lo mismo:
-¿Nena, qué te pongo?
-Me pones cachonda, miarma…
Reímos los dos. Todo muy dinámico y con olor a pescado.
El carnicero también tiene su morbo. Me encanta como hace pom-pom con su cuchillo al cortar la carne. Una mata de pelo le asoma por la camisa. Fue legionario, pero no de los legionarios de Cristo, sino de los de la cabra. Tiene novio. Quieren casarse por la iglesia, pero todavía no han podido. Imagino que los curas no les dan permiso. Me gusta pedirle carne en barra o polla fileteada, pero siempre me dice que no le queda… Una lástima, maricón, porque tiene uno de esos polvos castizos. Seguramente una abuela mojaría las bragas al verle cortar la carne, pom-pom.
La panadera es una sosa de cuidado y una cotilla en toda regla. Su marido le pone los cuernos continuamente, conmigo incluso. No la soporto por cotilla. Se quiere enterar de todo, la maruja. Por eso me follé a su marido. Cualquier día le suelto como se la metí a su señor esposo, y como gozó, que todo hay que decirlo…
Al no salir de casa estos dos días no me ha pasado nada interesante. Por eso os hablo de mi barrio. No obstante ya voy a terminar mi periodo de aislamiento. Seguro que pronto me ocurre algo esperpéntico, maricón. Soy experta en ello…
Nena Palote