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¿Violación consentida?
Nos miramos a los ojos. Estábamos en la cola para pagar de una tienda del centro de Sevilla. No nos conocíamos de nada. Pero por su ropa, sus maneras y su forma de mirarme supe que era igual de maricón que yo. Era algo mayor que yo. ¿Tendría veintisiete?. Quizá, no lo puedo asegurar. La cosa es que nos mirábamos con interés sexual. Pero yo tenía mucha prisa y ninguna gana de follar, algo rarísimo en mí. Pagué y salí de la tienda.
Comencé a caminar entre la multitud. Volví la cabeza y vi que el maromo también salió de la tienda, y venía en mi dirección. Me crucé al otro lado de la calle. El semental me imitó. Giré en una calle, el tío también giró. Sin duda, me perseguía. Me daba tanta pereza tener que echar un polvo que aceleré el paso. Tomé por la derecha, luego por la izquierda, por la derecha de nuevo. No conseguía despistarlo. Mi perseguidor aceleró. Me sentía cansado de huir. Me alcanzó. No habíamos hablado, no sabía cómo era su voz. Me agarró con fuerza de la mano. Me llevó a un portal. Me desabrochó los pantalones. Se sacó la polla. Lubricó mi culo y su polla. Era una polla grandota. Me la metió sin contemplaciones. Ni siquiera un beso, una palabra. No me preguntó si me importaba. Realmente me estaba violando, de manera descarada. No duró mucho. Fueron pocos envites. Se corrió. Se subió los pantalones y se marchó. Ni siquiera se despidió. ¿Me había violado?. ¿Lo había consentido yo?. La verdad, no lo sé…
Gléz-Serna
Teléfono caliente
Regresé a casa cuando ya clareaba, la noche anterior había sido muy movida. Estaba agotada. Cuando me senté en el sofá, aproveché para quitarme los zapatos que me apretaban los pies. ¡Uf, que descanso! Para estar más cómoda me tumbé, el contacto de mi cabeza en el almohadón produjo un efecto instantáneo. Me dormí.
De repente, un ruido me sobresaltó, despertándome de una manera brusca. Costó un tiempo hacerme a la idea de lo que estaba pasando. ¡Ah, sí! Era el timbre del teléfono.
- Síiii… – contesté con voz ronca.
- Evita… ¿Eres tú?
- Sí, o lo que queda de ella… – dije con un tono irónico.
- Soy Silvia… ¡Despierta! Menuda noche habrás pasado… – y se rió largamente.
- Si te lo cuento no lo vas a creer… – comenté con cierto misterio.
- Pues ya tardas en contármelo.
- Empieza tú que aun no puedo pensar – le sugerí.
- De acuerdo, ahí va… – y empezó la historia. – Cuando Alex se presentó en la discoteca, junto con Víctor, nos pusimos a hablar pero enseguida me percaté que tú estabas ocupada también. Entonces comencé el coqueteo con Alex. Había una gran atracción y enseguida nos enrollamos. Los besos profundos que se ofrecían mutuamente nuestras bocas, atrapaban las lenguas juguetonas enredándose la una con la otra. La respiración acelerada indicaba que nos estábamos poniendo calientes. Un desespero urgente nos impulsó a desaparecer, para librarnos de un ansia primaria que teníamos que aliviar. Eva, sabes que no puedo controlar mi deseo sexual y que mojo las bragas en el momento que un hombre me toca, no lo puedo remediar.
- Sí, eres un poco ninfómana – le dije con toda confianza.
- Cierto, ya me conoces… – y oí sus carcajadas a través del auricular -. Me arrastró hasta el baño de mujeres, hizo que mirara si había alguien. Ni un alma. Entramos, y para tranquilidad nuestra encontramos un cartelito providencial que decía “Fuera de servicio”, lo colgamos fuera en la puerta. Como el tiempo apremiaba, antes que alguien se diera cuenta que aquello era un engaño, me alzó con sus fuertes brazos y acomodó mi culo en el frío mármol, entre dos de los lavabos. Ni siquiera se molestó en quitarme el tanga, sólo lo apartó. Se sacó su polla bien dotada, rígida como un mástil y me la metió dentro. Mi vagina totalmente lubricada permitió que su miembro se deslizara con toda suavidad, a pesar que su embestida fue bastante brusca. Esa potencia me encendió más de lo que estaba, incluso me provocó un pequeño grito que rápidamente fue ahogado por una de sus manos que me tapó la boca para que no hiciera el menor ruido. Tuve que contenerme.
- ¿Sabe follar bien? - le corté con curiosidad.
- ¡Uf! ¿Si sabe follar bien, dices? Dios mío, hacía tiempo que no sentía en mi coño tanta intensidad – y volvió a reír – . Empujaba como un toro y me hacía pegar pequeños botes, al compás del ritmo que él mismo había marcado hasta casi volverme loca de placer. Tuve que apoyarme en el espejo para aguantar sus arremetidas, mientras sus manos consiguieron bajarme la parte de arriba del vestido, dejando al descubierto mis hermosos pechos.
- Me estás poniendo cachonda con tanto detalle, me tendré que masturbar después de escucharte.
- Podemos hacerlo juntas si quieres… yo también me he puesto cachonda… Métete la mano por dentro de las bragas y acaríciate… Yo lo estoy haciendo… – dijo descaradamente -. Vamos hazlo conmigo… venga…
- Sí, ya estoy en ello… pero sigue…. – dije en un tono de impaciencia.
- Bien pues, mis turgentes pechos saltaban y los pezones erguidos, pedían ser comidos de lo apetitosos que estaban. Alex adivinó mi deseo y comenzó a chuparlos, succionándolos como un bebé…
- Siento la vulva como palpita y está rebosante de excitación… uuummmm… que rica y rugosa está…
- Siiiii… yo también la siento… estoy abriendo las piernas para darle mejor al clítoris…
- Aaaahhh… ya lo noto todo erecto… tengo mucho calor… está todo mojado… – exclamé.
- Oooohhh… que delicia… me gusta hacerlo contigo… Ahora mismo te metería mis dedos en tu vagina, para que me sientieras…- provocándome.
- Los meto ya … aaahhh… siiiii…. Me correré pronto… – dije con la voz suave.
- Yaaaaa… introduzco los míos como si fueran los tuyos… mmmmmm… mi interior está empapado… Dejarías que mi lengua buceara dentro… – me preguntó.
- Ooohh… siiii… siiii… y me pondría encima de ti… y te lamería tu coño carnoso… hasta que te corrieras…
- Ya empieza a… venirme… me pones a mil… – dijo desasosegada.
- Creo que… yo también… siii… siiii…. Yaaaa… yaaaa…
- Aaaahh… aaahhhh… siii… siiii… siii…. Ooohhh… – dijo gritando.
Se produjo un silencio hasta recuperar el aliento. Nos habíamos corrido. Silvia tragó la poca saliva que le quedaba y continuó su aventura.
- Sí… estaba succionando mis pechos, uno y otro indistintamente, recreándose en los rosados pezones, firmes, sumergidos en saliva. La situación se volvía cada vez más intensa, con jadeos y exclamaciones que nos desbordaban los sentidos. Oímos voces. Nos miramos con nerviosismo, ya no había marcha atrás. Pero el cartel de la puerta evitó que nos pillaran follando como poseídos. Al momento, me llegó el orgasmo con tanta fuerza que no pude reprimir un chillido de satisfacción. De pronto, Alex sacó su maciza polla, disparando un chorro de semen sobre mis pechos húmedos, que colmó con un gemido de bienestar.
- ¡Buuuffff… menudo polvo! – dije espontáneamente.
- Fue explosivo. Nos arreglamos como pudimos y salimos del baño, siempre pendientes que no nos vieran. Al volver a la sala, vimos que tu y Víctor estabais tan ajenos a lo que ocurría a vuestro alrededor, que optamos por irnos a echar un segundo polvo en su casa.
- Así que también acabaste en su casa… como yo en la de Víctor.
- ¡Ah! Esto me lo tienes que contar inmediatamente. Quiero estar al corriente de todo. Quién sabe si algún día intercambiamos las parejas – dijo burlándose.
- ¡Oye, guapa! ¡Que no soy tan viciosa como tú! – repliqué.
- Con el tiempo ya lo veremos… – contestó con sarcasmo -. Que Alex y Víctor están hechos del mismo patrón… Ten cuidado con él, que tú no tienes las tablas que tengo yo.
- Sí, mami… tendré cuidado… Bueno, siéntate y te cuento – y le expliqué mi encuentro sexual con Víctor.