Trabajo nuevo - 5

La mañana transcurrió con normalidad, me sentía un poco incomoda sobretodo al moverme y al sentarme y levantarme, pero nada grave. Tal vez era más la incomodidad por no saber que pasaría cuando fuera a reunirme con Santiago a la hora de comer que por el dolor en si, aún me parecía impresionante que hubiera sido capaz de dormir con semejante objeto metido en mi trasero.

Llegaron las 2 y me encaminé de nuevo a su despacho, de nuevo cuando llegué él estaba hablando por teléfono y la mesa ya estaba preparada para comer. Le esperé sentada en el sofá como el día anterior. Según terminó de hablar me indicó que me desnudara y sólo me quedara con la ropa interior y los zapatos, seguí sus instrucciones y me desnudé. Ese día llevaba un conjunto azul celeste, con un tanguita con encajes y transparencias y un sujetador que subía y enmarcaba mis pechos. Y estando así nos dispusimos a comer. Según acabamos se dirigió al sofá y palmeándose las piernas me indicó que me pusiera en esa postura que yo ya tan bien conocía. Así que de nuevo me tumbé sobre sus rodillas, con las piernas un poco separadas, dejando mi trasero en pompa y dispuesto para lo que quisiera hacer. Sin previo aviso comenzó a azotarme de nuevo, golpes rápidos y secos, que me hacían sobresaltarme a cada poco. Mis nalgas me comenzaron a arder, intenté taparme con las manos para impedir que siguiera golpeándome, pero solo conseguí que atrapara mis manos y las sujetara en mi espalda con una mano mientras que con la otra aumentaba la intensidad de los azotes.

Cuando ya no soportaba el dolor, de nuevo parecía que me leía el pensamiento, paró de azotarme para bajar mi tanga hasta medio muslo, dejando mi agujero trasero expuesto a él. Y empezó a introducir sus dedos, sin ningún tipo de lubricación, yo estaba bastante abierta resultado de dormir toda la noche con el culito penetrado, pero aún así me dolió. Los metía sin compasión, empezó introduciendo dos para luego dar paso a un tercero, me hacía gritar pero seguía sodomizandome con sus dedos sin compasión. Cuando sus tres dedos entraban ya sin ningún tipo de dificultad me hizo apoyarme en su escritorio, con las piernas bien separadas y el culo lo más levantado posible.

Esperaba que me fuera a penetrar, así que intenté relajar los músculos lo máximo posible para que no me doliera demasiado, pero una vez más me equivoqué, en vez de notar su capullo abriéndose paso hacía mi interior lo que noté fue su cinturón estrellándose contra mis ya maltratadas nalgas. No sé cuantos azotes me llevé de este modo, sólo sé que cuando ya sollozaba histéricamente paró y entonces si me penetró. Mi trasero pareció reconocerle, rápidamente se acomodó a su nuevo invasor, debo decir que pese a sus azotes y a la manera en la que me introdujo los dedos, a la hora de penetrarme lo hizo con bastante cuidado, empujando lentamente, para que fuera acostumbrándome a su paso.

Una vez estaba completamente penetrada empezó a bombear con embestidas cada vez más rápidas y fuertes, sus dedos se deslizaron hasta mi clítoris, el cual empezaron a acariciar y retorcer, cuanto más rápido me embestía más fuertes eran las caricias hasta que consiguió que los dos nos corriéramos a la vez, esta vez si derramándose en mi interior. Cuando se separó yo no me atreví a moverme, esperando sus instrucciones. Me mantuvo así unos minutos más, hasta que volvió con una toallita mojada y procedió a limpiarme.

Ya era la hora de volver a mi puesto de trabajo, así que me vestí y me despedí de él preguntándome si no volvería a verle hasta el día siguiente o me tendría preparada alguna “sorpresa” para esa misma tarde.

Leave a Reply